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El misterio del País Vasco y Navarra: donde el coronavirus más se ensaña y los expertos no se explican por qué

 

El misterio del País Vasco y Navarra: donde el coronavirus más se ensaña y los expertos no se explican por qué

Los investigadores no encuentran razones que expliquen la altísima incidencia en estas dos comunidades, pero apuntan al factor climático y el mayor número de pruebas diagnósticas que se realizan


La crisis del coronavirus está azotando con especial virulencia al País Vasco y Navarra. La sexta ola que va extendiéndose sin descanso por toda España ha encontrado en estas dos comunidades autónomas un terreno abonado para la proliferación de contagios. El virus se ha desbocado y la incidencia de la enfermedad se dispara en ambos casos muy por encima de la media nacional, sin que los expertos consigan dar con los factores que están interviniendo en el agravamiento de una situación epidemiológica que los Gobiernos vasco y navarro han calificado de “muy preocupante”. El epidemiólogo Javier del Águila, médico residente de Medicina Preventiva y Salud Pública en el hospital de Móstoles, admite que “nadie ha dado con las razones” que explican este fenómeno tan localizado, aunque podrían influir la mala climatología, que obliga a estar más en interiores, el alto número de test que se realizan y la costumbre de reunirse en cuadrillas o sociedades gastronómicas. Navarra sobrepasa el millar de casos positivos por cada 100.000 habitantes (1.036) en los últimos 14 días y Euskadi ronda ya los 800, cuando en el conjunto de España ese índice se sitúa en 323.

El semáforo rojo sigue encendido desde noviembre pasado y los hospitales van sobrecargándose para atender a pacientes críticos. El riesgo de transmisión es extremo. Ante este panorama, las autoridades han decidido no adoptar por el momento medidas restrictivas, más allá de la recomendación de usar al máximo la mascarilla y evitar en lo posible los encuentros sociales. Mientras tanto, la curva no parece llegar aún a su pico y los nuevos positivos se incrementan diariamente por encima del millar en Euskadi y en torno a los 400 en Navarra. El verano pasado se vivió una situación parecida. El virus también golpeó entonces de manera más acusada a estas dos regiones, que volvieron a ser la avanzadilla del aumento de la transmisión en el país. Los especialistas atribuyeron aquel avance de la covid al aumento de la movilidad por el turismo y al efecto frontera con Francia, entre otros motivos.

La realidad es que, de nuevo, el virus se está propagando con una mayor intensidad en esta parte norte de España (Aragón también ha llegado a casi los 600 casos de incidencia). ¿Es por el clima? ¿Se debe a una forma de interacción social peculiar en estos lugares? ¿Vascos y navarros han bajado los brazos en la protección frente al virus? ¿Está fallando el sistema de control y detección de la enfermedad? ¿Será que las nuevas oleadas acceden por la frontera y después se propagan hacia el sur peninsular? Cualquiera de estas variables referidas por los expertos, o la conjunción de todas y otras que se escapan de la investigación, podrían estar interviniendo en una escalada de contagios que no tiene parangón en otros territorios. Ugo Mayor, investigador de Ikerbasque —la Fundación Vasca para la Ciencia— y analista de la evolución del coronavirus, opina que “el frío y la humedad parece que ayudan a que el virus aguante más en el aire que en un clima mediterráneo y también hace que las personas se junten más, pero eso por sí solo no debería causar una desproporción tan acusada con respecto a otros sitios”. Añade que “es posible que estén influyendo varios factores al mismo tiempo”.

Todas las teorías encuentran un contrapunto que las desmonta. Gorka Orive, profesor de Farmacia de la Universidad del País Vasco (UPV), duda, en cambio, de que el clima juegue un papel determinante. “Es posible que el frío y la lluvia de esta época del año” señala este investigador, “inviten a que las relaciones sociales se den en espacios cerrados”, pero matiza que la situación epidemiológica no se replica en otros lugares, como Burgos o Cantabria, por ejemplo, donde las inclemencias del tiempo son igual de acusadas o más.

Aurelio Barricarte, jefe de sección de enfermedades transmisibles y vacunaciones del Instituto de Salud Pública y Laboral de Navarra, defiende la siguiente tesis: “Puede influir el factor climático, porque en zonas frías y húmedas los virus respiratorios encuentran mejores condiciones para crecer. En estos momentos, el virus de la covid compite con el de la gripe, y la mayoría de los casos de problemas respiratorios son por coronavirus”. En Euskadi y Navarra no ha parado de llover desde el 22 de noviembre. Y recuerda que, antes de la pandemia, las regiones del norte siempre han dado índices superiores del virus de la gripe.

El mayor número de pruebas diagnósticas que se vienen realizando en Euskadi y Navarra es otro dato relevante, según Barricarte. “Hacer muchos test da como resultado que se detectan más casos. Y así se consigue una mayor aproximación al diagnóstico real de la situación”, comenta. En una fase en la que la cobertura de la vacunación es semejante a otras comunidades, este epidemiólogo navarro descarta de plano que vascos y navarros tenga una “especial susceptibilidad genética al coronavirus”.

La evidencia acumulada durante la pandemia demuestra, apunta Del Águila, que las sucesivas oleadas han seguido un patrón semejante: “Empiezan en el noreste, con una especial incidencia en Cataluña, Aragón, Navarra y País Vasco, después se propagan hacia las dos Castillas y Madrid, y terminan por afectar más tarde a Andalucía y en último lugar a Galicia”. Un estudio del Centro Nacional de Epidemiología (CNE) sobre los factores de difusión del coronavirus en España ha constatado esta realidad, pero este grupo de trabajo no ha conseguido explicar por qué las aceleraciones son más críticas al inicio en el norte.

Mayor indica que estudios serológicos han determinado que “los territorios de interior sufren una incidencia mayor que los de costa” y que “la mayor parte de la masa de contagios se producen a nivel local, en forma de círculos concéntricos que se van propagando como el fuego conforme aumenta la movilidad de los ciudadanos de un mismo territorio”.

Las cuadrillas, señaladas

Otro factor que podría estar incidiendo es el de los hábitos sociales, esa costumbre de reunirse las cuadrillas en las barras de los bares o de organizar cenas y comidas de amigos en las sociedades gastronómicas. “Me cuesta creer”, sostiene Orive, “que esos comportamientos sean muy diferentes a otros lugares de España y estén influyendo de una manera significativa en esta espiral de contagios”. En Euskadi y Navarra no hay restricciones para la movilidad y se han eliminado las limitaciones de horarios y aforos en los bares y restaurantes. Los hosteleros se quejan de que sus clientelas han sufrido un apreciable descenso durante los meses de pandemia, y en las sociedades y txokos también se ha observado una caída de usuarios. Barricarte precisa: “Es la primera vez que nos enfrentamos a una ola sin ninguna medida no farmacológica en vigor. En todas las anteriores había restricciones de algún tipo; ahora no, aunque cierto es que los problemas asistenciales eran más severos”.

Un usuario pide un pincho en la barra de un bar de Pamplona.
Un usuario pide un pincho en la barra de un bar de Pamplona.JESÚS DIGES (EFE)

Osakidetza (el Servicio Vasco de Salud) no ha hecho público ningún diagnóstico sobre lo que está pasando en su ámbito de actuación. Tampoco hay certezas en Navarra, pero informes internos ponen el foco en “razones meteorológicas y culturales”: “El mayor uso de interiores, la interacción y movilidad social es posiblemente más elevada que en otros lugares, con un patrón de encuentros familiares, festivos y sociales muy intenso y extenso”, añaden los técnicos en un documento del Ejecutivo. Los responsables sanitarios lo fían todo al avance de la vacunación, tanto en la administración de la tercera dosis como en la inoculación de la población infantil menor de 12 años, y al cuidado de las conductas individuales para protegerse del virus, así como a la realización de pruebas masivas de detección. Ambas comunidades están a la cabeza en la inoculación de dosis (el País Vasco ha puesto la pauta completa al 90% de la población y Navarra al 92%). También aseguran ser las que más test PCR realizan (una media diaria de 10.000 y 5.000 pruebas, respectivamente) en comparación con otras regiones.

Las tasas de positividad están disparadas: en Navarra llega al 16,6% de los test que se realizan y en el País Vasco se sitúa en el 14,3%. Los infectados ingresados siguen aumentando jornada a jornada. En Osakidetza había este jueves 293 atendidos en planta y otros 73 en las UCI; en los hospitales navarros este pasado sábado había 130 enfermos con la covid, de los que 24 estaban en unidades de intensivos. La tasa de ocupación hospitalaria en España (este jueves había 5.479 enfermos en planta, según el Ministerio de Sanidad) es del 11,55%, muy por debajo del 17,8% y el 16% que registran Navarra y Euskadi, respectivamente. Otro tanto ocurre con las UCI: los enfermos graves con la covid requieren el 20,34% de las camas UCI en Navarra y el 17,51% en Euskadi, cuando la media nacional es del 11,41%. En un escenario como este, en otros periodos de la crisis sanitaria ya se habían arbitrado por los Gobiernos regionales medidas para frenar la escalada. En junio pasado, por ejemplo, la emergencia llevó a obligar a usar la mascarilla en cualquier circunstancia, los bares tenían que cerrar a las 00.00 y no se permitían más de cuatro personas por mesa en la hostelería.

“El sistema sanitario [de Navarra] tiene sobreesfuerzo; la situación es delicada”, reconoció esta semana la consejera Santos Induráin. En la misma línea, su homóloga vasca, Gotzone Sagardui, dijo que Euskadi está “en uno de los peores momentos de expansión del virus”. Las autoridades advierten de que la situación podría seguir empeorando a corto plazo porque las Navidades están a la vuelta de la esquina y en estas fechas las interacciones personales suelen ser más intensas y frecuentes.




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