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Los alumnos podrán hacer el Bachillerato en tres cursos y llegar con un suspenso a Selectividad

 

Los alumnos podrán hacer el Bachillerato en tres cursos y llegar con un suspenso a Selectividad

El borrador del nuevo decreto de la etapa aumenta la autonomía de los institutos e impide que las adaptaciones de las materias para los estudiantes con discapacidad los penalicen

Los estudiantes de Bachillerato podrán presentarse a la Selectividad con una asignatura suspendida si cumplen una serie de condiciones y así lo decide el equipo de profesores. Y de forma excepcional, la etapa podrá organizarse en tres cursos, en vez de en los dos tradicionales. Son dos de las principales novedades que contiene el borrador de decreto que regulará el Bachillerato a partir del curso que viene y al que ha tenido acceso EL PAÍS. La norma adapta estos estudios postobligatorios al nuevo marco creado por la Lomloe, la ley educativa aprobada en diciembre.

En la ESO (Educación Secundaria Obligatoria) la repetición de curso ya no estará determinada directamente por el número de suspensos, pero en Bachillerato sí. Del primer curso al segundo, se podrá pasar con un máximo de dos materias pendientes, como en la actualidad. Pero en segundo, “excepcionalmente”, se podrá titular y, por tanto, ir a la Selectividad con una materia pendiente siempre que el equipo docente considere que el alumno ha alcanzado los objetivos de la etapa; no haya faltado a clase de forma “continuada y no justificada”; que se haya presentado a los exámenes de la materia, incluida la prueba extraordinaria, y su calificación media en todo el Bachillerato, incluyendo la materia suspendida, alcance, al menos, un cinco.

Con carácter igualmente excepcional, el Bachillerato podrá organizarse en tres años académicos. La posibilidad, que deberán concretar las comunidades autónomas, se dará en los siguientes supuestos: que los alumnos cursen simultáneamente enseñanzas profesionales de música o “acrediten la consideración de deportista de alto nivel o de alto rendimiento”; que requieran “una atención educativa diferente a la ordinaria por presentar alguna necesidad específica de apoyo educativo”, o aquellos “que aleguen otras circunstancias que, a juicio de la correspondiente Administración educativa [esto es, de las autoridades educativas autonómicas], justifiquen la aplicación de esta medida”.

Las comunidades, que tienen buena parte de las competencias en la materia, deberán “disponer los medios necesarios” para que el alumnado que requiera “una atención diferente a la ordinaria” (por ejemplo, los que presentan una diversidad funcional) “pueda alcanzar los objetivos de la etapa” siguiendo los principios de “normalización e inclusión”. Las adaptaciones metodológicas y de evaluación que se realicen en el caso de estos chavales “en ningún caso se tendrán en cuenta para minorar las calificaciones obtenidas”.

El borrador del nuevo decreto, que está previsto que sea aprobado en las próximas semanas, después de que se pronuncien sobre él las comunidades autónomas y organismos como el Consejo Escolar del Estado, aumenta la autonomía de los centros educativos. Los institutos “desarrollarán y adaptarán” el currículo del Bachillerato (esto es, lo que se estudiará en cada materia y cómo se evalúa) “adaptándolo a las características del alumnado y a su realidad educativa”. Los centros podrán introducir “experimentaciones, innovaciones pedagógicas”, formas de organización distintas, ampliaciones del calendario escolar y del horario lectivo siempre que lo autorice la comunidad y se respeten otras normativas, como la laboral.

Las familias de los estudiantes, mientras estos sean menores de edad, “deberán participar y apoyar la evolución de su proceso educativo, colaborando en las medidas de apoyo o refuerzo que adopten los centros para facilitar su progreso”. El Bachillerato podrá impartirse parcialmente en lenguas extranjeras, pero la admisión en los centros sostenidos con fondos públicos deberá respetar los criterios establecidos por la Lomloe, entre los que no podrán incluirse “requisitos lingüísticos”.

Nuevo enfoque y nuevas materias

La etapa estará organizada en cinco modalidades, en vez de las tres actuales, de Bachillerato: Ciencias y Tecnología; Ciencias Sociales y Humanidades; artístico de Música y Artes escénicas; artístico de Artes plásticas, Imagen y Diseño, y el llamado General, que ofrece una formación de espectro más amplio, pensada para quien no ha decidido al inicio de la etapa qué va a seguir estudiando al concluirla o que tiene previsto optar por un camino para el que resulta conveniente una formación más generalista. Las 42 asignaturas previstas, entre materias comunes, obligatorias de cada modalidad y optativas, siguen el nuevo enfoque educativo competencial que preside toda la reforma educativa en marcha en España. Un cambio que pretende preparar a los alumnos no tanto para saber repetir contenidos en un examen como para ser capaces de aplicar lo aprendido, en línea con la doctrina impulsada en las últimas décadas por la UE y la OCDE. El nuevo currículo también está inspirado de forma transversal por los Objetivos de Desarrollo Sostenible de Naciones Unidas e incorpora “la perspectiva de género”.

En el currículo figuran siete asignaturas nuevas. Cuatro de ellas corresponden al nuevo Bachillerato general y forman su columna vertebral, ofreciendo a los alumnos visiones abiertas e interdisciplinares de los respectivos ámbitos de conocimiento a los que pertenecen. De estas cuatro, dos son obligatorias, Matemáticas generales (en primer curso), Ciencias Generales (en segundo), y otras dos optativas de la modalidad: Movimientos culturales y artísticos y Economía, Emprendimiento y Actividad empresarial.

Las otras tres materias completamente nuevas son producto en buena medida de la decisión de deslindar los dos grandes campos que hasta ahora formaban parte del Bachillerato artístico cuando, en realidad, son muy distintos. Se trata de Literatura dramática, Dibujo técnico aplicado a las artes plásticas y el diseño y Proyectos artísticos. Las asignaturas que ya existían también experimentan cambios, en algunos casos de calado. En Historia de la Filosofía, una materia común para todo el alumnado en segundo de Bachillerato, junto a los nombres de Platón, Hobbes, Marx y Nietzsche, en el currículo aparecen figuras como Hipatia de Alejandría y Hanna Arendt, o las impulsoras de la primera ola feminista Mary Wollstonecraft y Olympe de Gouges.

Entre las metas de la etapa figuran que el alumnado desarrolle “las capacidades que le permitan ejercer la ciudadanía democrática” y adquirir “una conciencia cívica inspirada por los valores de la Constitución española, así como por los derechos humanos”; “consolidar una madurez personal, afectivo-sexual y social”; “fomentar la igualdad efectiva de derechos y oportunidades de mujeres y hombres”; “afianzar los hábitos de lectura, estudio y disciplina como condiciones necesarias para aprovechar el aprendizaje y como medio de desarrollo personal”; dominar el castellano y, en su caso, la otra lengua cooficial de su territorio, y tener “una actitud responsable y comprometida en la lucha contra el cambio climático y en la defensa del desarrollo sostenible”.




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