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Detenido en Madrid ‘El Pollo’ Carvajal, exjefe de la inteligencia venezolana

 

Detenido en Madrid ‘El Pollo’ Carvajal, exjefe de la inteligencia venezolana

Hugo Armando Carvajal es buscado por la justicia estadounidense por haber colaborado presuntamente con las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) para introducir cocaína en el país norteamericano


Cuando Hugo Armando Carvajal fácilmente se salvó de una detención en Aruba —y posible extradición a Estados Unidos— con unas credenciales diplomáticas de cónsul de Venezuela en trámites creó una leyenda como el Houdini del chavismo. Con un poco de maña diplomática, contactos y un pasaporte abridor de puertas se podían sortear escollos en aeropuertos y sanciones internacionales. Era lo que algunos vislumbraban el año pasado que pasaría cuando el empresario Alex Saab, señalado como presunto testaferro de Nicolás Maduro, fue apresado en el aeropuerto de Cabo Verde. El mito del escapista, sin embargo, se ha derrumbado dos veces esta semana con la autorización definitiva de la extradición de Saab a Estados Unidos y, este jueves, con la detención, por segunda vez, de Carvajal, el hombre de confianza de Hugo Chávez, en manos de la policía española.

El exmilitar de 61 años estaba en paradero desconocido desde noviembre de 2019, cuando escapó de su domicilio un día antes de que se autorizara su entrega EE UU que lo reclama para ser juzgado por narcotráfico, blanqueo y colaboración con la exguerrilla de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC). Carvajal encontraba en un domicilio en la calle Torrelaguna de la capital española protegido por varias personas. En esa vivienda se quedó refugiado sin salir en ningún momento al exterior, según informaron fuentes policiales a la agencia Efe.

En su hoja de vida Carvajal ha acumulado varios escapes. En 2008, el exmilitar fue uno de los primeros de ser incluido en la lista negra de Estados Unidos. Entonces el Departamento del Tesoro lo acusaba de “proteger los envíos de droga de su captura por las autoridades venezolanas antinarcóticos” y de “proveer armas e identificaciones del gobierno venezolano a las FARC”, permitiéndoles mantener el control del departamento del Arauca. Se contaban con una mano los sancionados, hoy figuran más de un centenar de funcionarios venezolanos. Pero el señalamiento de Washington no tuvo consecuencias en el país y Carvajal consolidó su poder.

Luego de guardarle todos los secretos a Chávez siendo su jefe de inteligencia entre 2004 y 2011 y su compañero de armas en el golpe de 1992, de asumir de nuevo el cargo para sostener a Maduro durante la difícil sucesión tras la muerte del comandante de la revolución, de ser tratado como prócer a su regreso del incidente en Aruba con franela roja y sonrisa fija, de resultar electo por el Partido Socialista Unido de Venezuela como diputado en 2015 y no asistir a ninguna sesión, Carvajal saltó del barco del chavismo en 2019 apenas Juan Guaidó desafió al Gobierno y se proclamó presidente interino.

El pase de chavista a seguidor a Guaidó lo llevó a intentar el exilio como un perseguido más de Maduro. Como reservado hombre de inteligencia, tras tantos años de silencio, aprovechó el deslinde para dedicarse a tuitear. Alardeaba en redes sociales de la información que poseía. “No publico lista y ubicación de agentes cubanos en Venezuela por evitar un estado de conmoción”, le escribió una vez al canciller cubano Bruno Rodríguez. “De este mafioso, corrupto, narcotraficante y terrorista SÍ HAY PRUEBAS. Relación con Hezbolá. Capo del narcotráfico. Dinero robado a PDVSA y CLAP con Samark (López) y otros. Creíste que inculpando a otros de tus crímenes te ibas a salvar. Esto tardó años, pero llegó”, escribió con profusión de mayúsculas cuando Estados Unidos presentó cargos contra el también sancionado Tareck El Aissami, actual ministro de Petróleo y Energía. Luego, en otro tuit del 9 de abril de 2019, aseguraba que Maduro saldría del poder por decisión de la Fuerza Armada.

Tres días después de ese mensaje fue detenido en España tras recibir una orden de arresto de EE UU. Pero el destino le ofreció un nuevo boleto de huida. En septiembre de ese año los tribunales españoles denegaron la entrega y lo dejaron en libertad, al considerar que EE UU lo pedía “por una motivación política”, dada su condición de antiguo jefe de la contrainteligencia venezolana. En ese tiempo, Carvajal intentó negociar con España su libertad plena a cambio de la información clasificada que posee. “Con la vista puesta en el restablecimiento de la democracia en Venezuela y con la plena intención de contribuir a los altos intereses nacionales de la que considero mi segunda patria, España, deposito mi confianza en los jueces españoles, independientes y profesionales, con los que colaboraré sin reservas”, insistió cuando se presentó ante Audiencia Nacional hace dos años. Y en sus redes sociales siguió poniéndole calificativos a Maduro desde dictador mitómano hasta santero. La victoria duró poco pues en noviembre tuvo que volver a desaparecer cuando se revocó la decisión anterior y la Audiencia Nacional aprobó, ahora sí, la solicitud de extradición por cargos de narcotráfico, ratificada por el Consejo de Ministros de España en marzo de 2020.

Desde entonces Carvajal había estado en la clandestinidad. Estuvo totalmente en silencio todo 2020 y este año había colgado apenas dos mensajes en su Twitter. El último trino lo hizo hace una semana. Siguiendo su estilo de comunicados, reiteraba su inocencia ante los cargos con los que Washington lo señala. Se apoyaba en las revelaciones sobre los falsos positivos ocurridos durante el Gobierno colombiano de Álvaro Uribe Vélez como argumento, asegurando que Colombia extraditaba a delincuentes que después recibían beneficios procesales de la fiscalía estadounidense a cambio de señalar a miembros del Gobierno venezolano, volviendo a ser chavista de nuevo. “Durante más de una década se fabricó una gran mentira con la que EE UU me persigue”, dice casi al final del texto. Y parece que nuevamente le ha encontrado.

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