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Cuatro crímenes en busca de autor

 

Cuatro crímenes en busca de autor

En menos de seis meses, cuatro mujeres han muerto estranguladas en la Comunidad Valenciana. La investigación descarta que haya un asesino en serie

Cuatro mujeres han sido asesinadas en menos de seis meses cerca de acequias de la Comunidad Valenciana, y todas mediante estrangulamiento. ¿Sospechoso? Sí, tal vez, pero en modo alguno hay ni siquiera indicios de que los cuatro crímenes tengan conexión y, menos aún, que sean obra de una misma persona. “No hay ningún asesino en serie”, según coinciden fuentes de la policía y la Guardia Civil.

La funcionaria judicial Alicia Valera Esquembre, de 45 años, fue asesinada el pasado 6 de noviembre cuando paseaba con su perro muy cerca de su casa de calle de Guardamar, en la pedanía de La Hoya (Elche, Alicante). Iba caminando por la zona de limoneros conocida como El Progreso cuando un individuo la atacó por la espalda. El agresor forcejó con la víctima y, teniéndola fuertemente agarrada por el cuello, le metió la cabeza en una acequia hasta que dejó de respirar por una mortal combinación de ahogamiento y asfixia.

Una pareja que paseaba por la zona con sus niños y otras personas vieron huir a un individuo por cuya constitución física aparentaba unos 30 años, cubierto por la capucha de un chándal y con la boca tapada con una mascarilla. Hay testigos que añaden que sufría una cierta cojera. Con tan escasos datos y teniendo en cuenta que la policía no cuenta con restos biológicos del criminal, las investigaciones de la comisaría de Elche no han permitido identificarlo. La hipótesis principal es que la funcionaria judicial fue víctima de un intento de robo, según un alto mando del Cuerpo Nacional de Policía.

Alicia fue una de las 299 personas que murieron de forma violenta en España a lo largo de 2020. Probablemente su caso nunca habría trascendido más allá de la Comunidad Valenciana de no ser porque en los casi seis meses siguientes han perecido tres mujeres más en la misma región y de forma similar: en acequias y por estrangulamiento. Puede parecer sospechoso a alguien que no sepa que en la Comunidad Valenciana hay un auténtico dédalo de cientos de kilómetros de acequias, señala uno de los investigadores, que resta valor a este hecho. ¿Y no es extraño que todas hayan sido estranguladas? “En los crímenes no planificados, la gente mata con lo que tiene a mano. Y muchas veces lo que tiene a mano son sus propias manos”, agrega.

Fotografía de Alicia Valera Esquembre en una de concentración vecinal en repulsa por su asesinato.
Fotografía de Alicia Valera Esquembre en una de concentración vecinal en repulsa por su asesinato.

El 30 de enero pasado, un cazador de patos descubrió el cadáver de Florina Gogos, una rumana de 19 años, en el ramal de la Séquia de la Font de la Marjà, en L’Horta. Ejercía la prostitución en los polígonos industriales de Silla (Valencia). Florina, que nació en Buzau (sur de Rumania), había desaparecido 23 días antes, cuando el 8 de enero subió a un coche blanco. Unas cámaras de seguridad captaron al vehículo cuando abandonaba la zona 20 minutos después. La Guardia Civil sigue sin detener a ningún sospechoso. La segunda estrangulada.

Unos regantes descubrieron el pasado 6 de abril el cuerpo sin vida de Olga Pardo Fernández, de 43 años, en una acequia de la pedanía de Massarrojos (Valencia). Una de sus hermanas había denunciado poco antes su desaparición al no tener noticias de ella desde que salió del piso que compartía con dos hombres en la avenida del Poeta García Lorca, de la pedanía de La Torre. La autopsia confirmó el estrangulamiento.

La Guardia Civil ha buscado si existen cámaras de vigilancia públicas o privadas en la avenida Real de Madrid para comprobar si Olga subió sola o acompañada al autobús que el sábado 3 de abril le llevó a la Malvarrosa, donde fue vista una hora después.

Las hermanas de la víctima se han limitado a difundir un comunicado en el que señalan: “Ninguna de todas las blasfemias que, por desgracia, estamos teniendo que escuchar ayudarán al caso ni a todas las personas que tanto la hemos querido”. La familia no precisa a qué “blasfemias” aluden. Olga había trabajado de camarera de habitaciones en un hotel del centro de Valencia y últimamente atravesaba algunos problemas personales, según varios vecinos.

El 22 de abril, un hombre encontró el cadáver de Johana Andrea Aguilar, de 41 años, de origen colombiano, en un paraje agrícola próximo al Clot de la Mare de Deu, no lejos de una acequia de Burriana (Castellón). Una vez más, la causa de su muerte era asfixia por estrangulamiento, como las tres víctimas anteriores. Y ese detalle, puesto de relieve por algunos medios informativos, dio pábulo a la teoría del asesino en serie. Hasta el punto de que en las redes sociales se llegó a señalar y difundir la foto de un hombre que acababa de salir de prisión. Era imposible, por tanto, que fuera el autor de los crímenes.

Ahora, se ha sabido un detalle que rompe más la teoría del asesino único: el agresor de Johana Andrea —que iba vestida con chándal y chubasquero— no la mató con sus manos. Lo hizo con unos leggins de la mujer que no llevaba puestos. Los investigadores desconocen dónde consiguió esa prenda el agresor, que se la anudó al cuello, según publicó el sábado el diario Levante. Fuentes de la investigación han confirmado este hecho a EL PAÍS. Conservaba todas sus pertenencias. Era madre de una joven y trabajó empaquetando naranjas.

Los agentes han interrogado a familiares y allegados, ante la sospecha de que el agresor pueda ser alguien de su entorno.

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