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“Llegué a estar al borde del colapso”: cómo Antonio Orozco se enfrentó a la vida tras perder a tres de sus seres más queridos

 

“Llegué a estar al borde del colapso”: cómo Antonio Orozco se enfrentó a la vida tras perder a tres de sus seres más queridos

El músico, que se refugió en el trabajo para superar todo lo que le había ocurrido, acaba de publicar ‘Aviónica’, su primer disco en cinco años. En esta entrevista reconoce, entre otras cosas, que su hijo Jan ha sido su gran apoyo


El cantante Antonio Orozco no había publicado ningún disco desde que la vida le pusiera al límite. Reconoce que han sido años de buscarse, encontrarse y empezar de nuevo.SAUL RUIZ / EL PAÍS

En los últimos cinco años Antonio Orozco (Hospitalet de Llobregat, 1972) ha perdido a tres de las personas más importantes de su vida: su productor, la madre de su hijo y su mejor amigo. Xavi Pérez, que fue su productor durante 25 años, murió al sufrir un accidente cardiovascular mientras tocaba el piano en el estudio. Su expareja y madre de su único hijo, Susana Prat, falleció tras una larga enfermedad y solo un mes después lo hacía su mejor amigo. El músico se refugió entonces en el trabajo para no pensar en todo lo que le había ocurrido. “Han sido años durísimos y cuanto más trabajaba menos me acordaba de todo. Llegué a estar al borde del colapso, de la locura, pero fue más por el nivel de trabajo que por el recuerdo”, confiesa a Icon. El intérprete de emblemas del pop español como Pedacitos de ti o Devuélveme la vida tuvo en su hijo Jan, que ahora tiene 13 años, su mayor apoyo, su mejor ayuda y su resorte. “Estoy todo el día con él, ahora no puedo permitirme estar mucho tiempo fuera. Mi niño está en un proceso de cambio alucinante, se está haciendo mayor, y me necesita más que nunca, así que no me despego. En este momento está pasando lo más importante en su vida”.

Orozco tiene claro que el presente es lo único que nos queda. “Hay mucha gente empeñada en hacer que no está pasando esto que nos está pasando. Pero cada uno de los días de estos últimos nueve meses son parte de nuestras vidas”, asegura a ICON el cantante.
Orozco tiene claro que el presente es lo único que nos queda. “Hay mucha gente empeñada en hacer que no está pasando esto que nos está pasando. Pero cada uno de los días de estos últimos nueve meses son parte de nuestras vidas”, asegura a ICON el cantante.SAUL RUIZ

Orozco no había publicado ningún disco desde que la vida le pusiera al límite. Reconoce que han sido años de buscarse, encontrarse y empezar de nuevo. Y así, después de tres años buscando el sonido “y el por dónde”, surgió Aviónica, el octavo álbum de su carrera. “Se llama así porque es una filosofía muy bonita, la música y volar siempre han ido muy de la mano. La aviónica es la ciencia que permite que un avión se sostenga en vuelo, y para mí la aviónica es el público que me ha sostenido durante todo este tiempo. Es la forma que tengo de decir gracias, además es una palabra que suena muy bonita”. Las once canciones que contiene su último trabajo cuentan, como lo haría una biografía, las historias más importantes de la vida del cantante. Una de ellas, La marea, está compuesta por su hijo. “Mi niño es músico, ha nacido músico. Pero no quiere ser músico como su padre”, cuenta riendo. “El otro día me dijo que tenía claro que no quería ser mi hijo. Sabe casi todo lo que quiere hacer y sabe que no quiere ser mi hijo”. El catalán habla de Jan con emoción, orgullo y la ternura de un padre que sabe que su hijo crece por momentos. “A mí me gustaría que no hiciera nada y que se quedase a vivir conmigo el resto de su vida, que no tenga novia, atarlo a la pata de la cama, poderle dar besos y abrazos todo el día, pero eso ya no pasa”, bromea mientras reconoce el gran talento musical de su hijo. “Él tiene criterio propio desde hace mucho tiempo, intenta escucharme, pero no le interesa lo que le digo. Si le puedo ayudar en algo lo haré, pero lo normal será que no quiera mi ayuda para nada”.

A los 28 años decidió dejar su trabajo de informático en Bang & Olufsen, donde se ganaba la vida muy bien, para apostar por la música y después de muchos noes firmó su primer contrato con Horus, una compañía local que no estaba preparada para asimilar el pelotazo que fue Devuélveme la vida. Y es que era difícil pensar que el quinto sencillo de su segundo álbum, Semilla de silencio, fuera a convertirse en el himno que es hoy. “Ahí no lo supe hacer bien y no lo aprovechamos como debíamos. La canción se convirtió en un súper hit en medio mundo, la cantaban en todas partes y estuvo nominada a muchos premios, entre ellos los Grammy, pero nadie sabía quién era yo. Si esa canción aparece en mi vida hoy en la compañía en la que estoy [Universal], con el equipo de trabajo que tengo, estaríamos hablando de otra cosa”. El cantante lo cuenta sin pesar: entonces tenía 31 años y haber conocido las luces y las sombras del éxito a una edad madura le ha ayudado a mantener claras sus prioridades. “Mi vida está llena de sinsentidos”, sentencia Orozco, “Con Pedacitos de ti ocurrió algo parecido, la grabé en 2005 y ocho años después, en 2013, fue nominada a los Grammy”.

El cantante vive en un pueblo, no va a grandes eventos publicitarios y lleva la fama muy normalizada. Solo hay una cosa que le atormenta: “Que me pidan vídeos para felicitar a todo el mundo”.
El cantante vive en un pueblo, no va a grandes eventos publicitarios y lleva la fama muy normalizada. Solo hay una cosa que le atormenta: “Que me pidan vídeos para felicitar a todo el mundo”.SAUL RUIZ

Después de las grandes perdidas que ha sufrido, e inmersos en una pandemia que ha cambiado las vidas de los habitantes de todo el planeta, Orozco tiene claro que el presente es lo único que nos queda. “Hay mucha gente empeñada en hacer que no está pasando esto que nos está pasando. Pero cada uno de los días de estos últimos nueve meses son parte de nuestras vidas. Hay que ser muy práctico, pensar en mañana no tiene sentido porque no sabemos lo que va a pasar. El tiempo no para y hay que aprender a vivir con una saludable incertidumbre”, señala el artista, que además ha encontrado algo muy positivo dentro de la crisis que ha desencadenado la covid-19. “Con la mascarilla veo una cosa que me parece increíble: que es imposible que alguien te mienta. No hay forma de perder la atención, todo está en los ojos”. Pero no quiere que nadie piense que frivoliza al tratar de buscar el lado bueno a la situación que vivimos. “Tengo familia pasando la enfermedad en condiciones complicadas y entiendo lo que es, pero me niego a hacer de este presente un pasado. Este día cuenta y mañana también. Tenemos que acostumbrarnos y mejor asumirlo cuanto antes”.

Antonio Orozco está a punto de cumplir 48 años, cinco más de los que tenía su padre cuando perdió la vida al caerse de un andamio mientras trabajaba. El músico tenía entonces 21 y tuvo que hacerse cargo de su madre y sus dos hermanos pequeños. Han pasado 27 años desde entonces y su padre, que fue quien le compró su primera guitarra, nunca le vio convertirse el artista reconocido a nivel mundial que es hoy. Por lo demás, seguiría encontrando al mismo Antonio que crió: el cantante vive en un pueblo, no va a grandes eventos publicitarios y lleva la fama muy normalizada. Solo hay una cosa que le atormenta: “Que me pidan vídeos para felicitar a todo el mundo”. “Por favor, no me pidáis más vídeos, estoy hasta el moño de grabar vídeos”, suplica mientras se parte de risa sentado en el sofá chester de un piso madrileño.



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