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Toneladas de productos frescos perdidos por la covid-19

 

Toneladas de productos frescos perdidos por la covid-19

Millones de agricultores han perdido sus cosechas por la pandemia en un contexto de desperdicio mundial de alimentos ya del 14%. El coste solo en África subsahariana es de 4.000 millones de euros



Ousmane Diallo, de 38 años, decidió irse a vivir al campo tras concluir sus estudios en Conakri (Guinea) porque “sentía que tenía que ayudar a despoblar las ciudades”. Compró ocho hectáreas de tierras cultivables en Mandiana, uno de los lugares más remotos y pobres del país, a unos 730 kilómetros al este de la capital, y se puso manos a la obra.

En esta zona, el 80% de la población vive de la minería, pero Diallo decidió cambiar el carbón por el arroz y el maíz porque “vio potencial agrícola en la región”, cuenta por teléfono desde su granja. Al comienzo, hace seis años, no le fue muy bien porque las semillas que plantó produjeron diferentes variedades de cultivos. Sin embargo, con el apoyo del Programa de Fomento de la Productividad Agrícola de África Occidental del Banco Mundial (WAAPP, por sus siglas en inglés), empezó a producir más de dos toneladas de arroz por hectárea anuales y pudo empezar a exportar.

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Ahora cultiva todo tipo de frutas y verduras: desde papayas y naranjas hasta toneladas de bananos que vendía en el exterior. Lo hizo hasta que llegó la covid-19 y con ella los cierres en las fronteras de los países para protegerse de la pandemia.

Durante los meses de cuarentena, este granjero tuvo grandes pérdidas en su producción de alimentos frescos. Aún no se ha podido recuperar: “Es que ni podía traer a alguien a la granja para que me ayudara a controlar las plagas, porque nadie podía salir de su casa”, afirma Diallo.

El principal problema con el que se han encontrado los productores es que no tienen los recursos necesarios para poder almacenar correctamente los alimentos y guardarlos hasta que los puedan transportar para venderlos en los grandes mercados. “Las pérdidas de alimentos que se producen desde la poscosecha hasta la venta de frutas o verduras pueden ser hasta del 30% durante la covid-19 en África porque no se cuenta con los sistemas de refrigeración adecuados”, afirma Máximo Torero, el director de economía de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO).

Trabajar con instalaciones inadecuadas, que no haya suficiente corriente eléctrica para mantener a una buena temperatura los alimentos en almacenes y depósitos o que ni siquiera se cuenten con envases apropiados para su conservación suponen una cantidad ingente de energía, recursos, emisiones, desgaste de tierra y mares, gasto de agua dulce, trabajo y esfuerzo para que, al final, los productos no cumplan su objetivo: nutrir a las personas y poder vivir de ello.

Ousmane Diallo, en su granja en Mandiana durante la cosecha de lechugas
Ousmane Diallo, en su granja en Mandiana durante la cosecha de lechugasOUSMANE DIALLO

Como Ousmane Diallo, millones de personas han perdido gran parte de sus producciones debido a la covid-19. Este tipo de pérdidas suponían ya un 14% a escala mundial, según el último informe del Estado Mundial de la Agricultura y la Alimentación, y solo en África subsahariana ascienden a 4.000 millones de dólares anuales en lo que va de año. Entre los continentes afectados por este problema, después de Asia central y meridional, acumulan más pérdidas las regiones de América septentrional y Europa, con más de un 15%, y África subsahariana, con cerca de un 14%. El área que menos pérdida genera es Australia y Nueva Zelanda, con cerca de un 6% en los años anteriores.

El organismo de la ONU encargado de la agricultura y la nutrición ha alertado sobre este problema con motivo de la celebración, el pasado martes, del primer Día Internacional de Concienciación sobre la Pérdida y el Desperdicio de Alimentos. El pasado viernes, el premio Nobel de la Paz 2020 también puso sus ojos sobre este tema. Por ello, otorgó el prestigioso galardón al Programa de Alimentos de la ONU (WFP) por el ingente trabajo de llevar alimentos y asistencia a más de 100 millones de niños, mujeres y hombres que padecen hambre en todo el mundo, una tarea que ha supuesto en algunos casos incluso poner riesgo a los propios trabajadores.

“La agricultura no es fácil; se necesita paciencia y valor”, explica Diallo. Este valor lo retrata muy bien Albert Zeufack, economista jefe del Banco Mundial para las regiones de África, en el lanzamiento del análisis macroeconómico bianual de la región. “Los esfuerzos para detener la propagación del coronavirus han detenido o revertido las ganancias económicas, provocando la primera recesión de la región en 25 años, y no se vislumbra un final”, afirma Zeufack.

Decenas de las granjas más grandes de África subsahariana se han visto obligadas a destruir millones de euros de alimentos frescos que ya no podían vender por el cierre de restaurantes, hoteles y escuelas, entre otros. Esta situación se repite en decenas de países, y aunque el comercio minorista aumenta sus ventas por el incremento de personas que cocinan en sus casas, no es suficiente para absorber toda la oferta de productos. Según los datos de la FAO, esta situación se produce en un momento en el que los consumidores solo están comprando alimentos que contienen carbohidratos y productos no perecederos en vez de provisiones de corta caducidad.

Decenas de granjas se han visto obligadas a destruir millones de euros de alimentos frescos por el cierre de restaurantes, hoteles y escuelas

Las medidas de distanciamiento físico adoptadas en algunos países, que provocaron un descenso en el número de clientes en los mercados, fue otro de los elementos que sirvieron para incrementar las pérdidas de alimentos y una disminución de los ingresos de los comerciantes. “Cuando se pierden o se desperdician alimentos, también se malgastan todos los recursos para producirlos: agua, la tierra y la energía y la mano de obra”, explica Rosa Rolle, la experta de pérdida y desperdicio de comida de FAO.

A Malika Fedala, referente técnico de Seguridad Alimentaria y Medios de vida de Acción Contra el Hambre, le preocupan las consecuencias que esto pueda tener a largo plazo en la población más vulnerable. “La pérdida de poder adquisitivo y el aumento de precios incide en la economía familiar. Muchas familias pondrán en marcha estrategias negativas de afrontamiento de la crisis, como una reducción en el consumo de alimentos, lo que puede suponer un aumento de la desnutrición en la población nutricionalmente más vulnerable, como los niños y niñas menores de cinco años y las mujeres embarazadas o en etapa de lactancia”, explica Fedala.

La pandemia de la covid-19 ha provocado una llamada de atención sobre la necesidad de transformar radicalmente nuestros sistemas alimentarios a fin de hacerlos más eficientes y sostenibles para las personas y el planeta. “Abordar la pérdida y el desperdicio de alimentos en África, y en particular la reducción de las pérdidas posteriores a la cosecha es esencial para lograr ese objetivo”, afirma el subdirector general de Abebe Haile-Gabriel. Sin embargo, en el mundo la gente se sigue muriendo de hambre. En el planeta, un tercio de los alimentos que se producen son desperdiciados.

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