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Euskadi lucha contra la pérdida de respeto al coronavirus

Euskadi lucha contra la pérdida de respeto al coronavirus

La escalada de contagios entre los jóvenes eleva la preocupación en una autonomía que tuvo prisa por recuperar competencias


Una trabajadora del Hospital de Eibar realiza el test PCR al conductor de un vehículo en el parking del centro.

Una trabajadora del Hospital de Eibar realiza el test PCR al conductor de un vehículo en el parking del centro.JAVI COLMENERO / EUROPA PRESS
Euskadi fue una de las comunidades autónomas que más presionó para que se levantara a mediados de junio el estado de alarma. El Gobierno vasco quería recuperar las competencias que estaban en manos del mando único del Ministerio de Sanidad y pasar a tener el control absoluto sobre la crisis sanitaria. Desde entonces, la incidencia epidemiológica en esta región ha ido a peor. Aunque los hospitales se encuentran en una situación “muy aliviada”, a los responsables de la sanidad vasca les inquieta el aumento paulatino de nuevos positivos –90 casos este martes y un centenar al día desde el pasado jueves— y la expansión del virus entre la población joven y asintomática. La medicina para frenar este fenómeno está consistiendo hasta ahora en aumentar los test PCR, un seguimiento de los contactos estrechos de los afectados y restricciones en las actividades de ocio donde surgen los brotes. No se contemplan actuaciones más contundentes para el conjunto del País Vasco, uno de los grandes focos de preocupación para el Ministerio de Sanidad (que este martes no respondió a la demanda de información de este periódico), junto con Cataluña y Aragón.
La covid-19 ha sido diagnosticada a casi 22.000 personas desde que estalló la pandemia a finales de febrero en el País Vasco y causado la muerte a 1.623. En el servicio sanitario vasco no se han encendido aún las alarmas, pero preocupa que la curva vaya en ascenso. De tener controlada la expansión hasta hace un mes aproximadamente, se ha pasado a una escalada de contagios localizados en varios puntos concretos. Una vez superada la crisis vivida a comienzos de junio en los hospitales de Basurto (Bilbao) y Txagorritxu (Vitoria), el coronavirus ha pasado ahora a atacar de lleno a Gipuzkoa. Primero fue el foco de Ordizia, después una ramificación en Tolosa, más tarde un brote en Getaria y Zarautz, y ahora se concentra en la zona de Ermua y Eibar, también en Bilbao.
“La situación es preocupante”, afirma Miren Basaras, profesora titular de Microbiología en la Facultad de Medicina de la Universidad del País Vasco (UPV). No tanto por las prisas de las autoridades en avanzar hacia la nueva normalidad, apunta la especialista, como por “la pérdida del respeto al virus”. “Estamos en una normalidad que no es real, porque debemos tomar muchas precauciones para evitar los contagios. Y esto no ha calado en parte de la ciudadanía, sobre todo entre los jóvenes. No se han concienciado de que el virus no coge vacaciones”, añade. Y apostilla: “Hay motivos para preocuparse porque la transmisión no es local, sino comunitaria, aquí y a nivel nacional”.

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El País Vasco registró 16 nuevos contagios el día que se eliminó el estado de alarma. Un mes después ronda la centena. La tasa de positivos está muy lejos de los 723 contabilizados a finales de marzo —el pico más alto de la pandemia—, y la cifra actual de hospitalizados por covid, 160 según los últimos datos, dista mucho de los 2.011 que había el pasado 29 de marzo. Las UCI también están más calmadas —este martes ingresaron dos personas—, frente al estrés soportado a comienzos de abril con 236 camas intensivas ocupadas. Ahora bien, si el indicador R0 que muestra los contagios que causa cada afectado por la covid-19 se llegó a situar por debajo de 1, la expansión de las últimas semanas ya lo ha situado en 2,13.
Rafa Rotaeche, médico de atención primaria en San Sebastián, opina que Euskadi “no está ante una situación de transmisión comunitaria” pese al repunte actual porque “los casos están bastante identificados y concentrados en un tipo de población que no exige su ingreso hospitalario porque tienen cuadros más leves” que los registrados durante el confinamiento, cuando el virus atacó con más virulencia a personas más vulnerables.
Salud Pública está volcando en esta comunidad todos sus esfuerzos en aumentar el número de pruebas PCR (una media de 4.000 diarias), con una de las tasas más altas a nivel nacional, y en activar con urgencia los sistemas de alerta donde se detecta un número alto de casos. La vigilancia epidemiológica y la labor de los rastreadores, unos 180 en total en el País Vasco (uno por cada 12.100 habitantes frente a uno por cada 30.882 en Cataluña o uno por cada 35.903 en Madrid), ha permitido sofocar los focos surgidos hasta ahora con medidas “incisivas” localizadas allí donde han proliferado los casos. Además de obligar a usar la mascarilla, en las localidades con mayor incidencia se han reducido los aforos en establecimientos de hostelería, que además deben cerrar a las 23.30 y tienen prohibido el consumo en la barra. Osakidetza, el servicio sanitario vasco, descarta “por ahora” ir más allá y extender estas medidas al conjunto del territorio. “Euskadi no está en una situación para tomar decisiones tan drásticas”, señaló el lunes la consejera de Salud, Nekane Murga. “La clave es que haya un control exhaustivo”, señala la microbióloga, “y para eso hacen falta más rastreadores. Un rastreador por cada 12.000 habitantes es insuficiente, comparado con uno por cada 4.000 de Alemania”.

Carga en primaria

La menor incidencia en las hospitalizaciones oculta, según el doctor Rotaetxe, la “enorme carga de trabajo” que se ha derivado a los centros de salud. “No he trabajado tanto en mi vida. Estamos con las fuerzas justas”, asegura. Y la situación se agrava al coincidir este periodo con la obligación de los profesionales sanitarios de consumir sus vacaciones entre junio y octubre, en previsión de que en otoño empeoren las cosas: “Muchos centros de salud están con un 30% y un 40% menos de personal. Además de los pacientes habituales, ahora también estamos haciendo PCR a casos con sospechas de covid en zonas específicas” que se han creado en todos los ambulatorios para valorar esta enfermedad. El ocio, las fiestas en lugares cerrados, la inhibición de los jóvenes está ayudando a que el virus circule más de lo aconsejable, según las autoridades sanitarias.
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