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Niños: víctimas colaterales de la Covid-19

Niños: víctimas colaterales de la Covid-19

La falta de atención médica y la suspensión de las vacunaciones podría costar la vida a cientos de miles de niños en todo el mundo.

Campaña de vacunación en República Centroafricana. JAMES OATWAY MSF
El mundo se enfrenta en estos momentos a la pandemia de Covid-19, una crisis que no tiene precedentes en los casi 50 años de historia de Médicos Sin Fronteras (MSF). Y si bien resulta menos probable que los niños sean víctimas directas del virus, las consecuencias colaterales que tiene esta pandemia para ellos quizás representen la mayor amenaza para la salud infantil a la que nos hemos enfrentado.
A día de hoy, más de 333.000 personas han muerto por COVID-19, una cifra que nos ha conmocionado a todos. Sin embargo, si la cobertura de los servicios de salud infantil se reduce durante un periodo similar, podrían perderse entre 253.500 y 1.157.000 de vidas más de niños que se verán afectados por otras enfermedades que no se detendrán, según publicaba The Lancet el 12 de mayo.
A diferencia de los países más golpeados hasta el momento por la Covid-19, donde el mayor foco de preocupación está en las personas de edad avanzada, en contextos con pocos recursos y sistemas de salud débiles, la salud de los niños es a menudo mucho más frágil que la de los mayores. En la mayoría de los lugares donde trabajamos, muchas familias ya conocen el dolor de perder un hijo, un sufrimiento al que ahora se le añade una enorme incertidumbre: la pérdida de servicios básicos vitales ya comienza a ser una realidad. En estos meses, muchos de ellos se han visto gravemente comprometidos o incluso ya se han dejado de lado.
Aunque es imperativo que todos respondamos rápida y directamente a la amenaza que supone la Covid-19 para la salud global, los efectos de la respuesta pandémica en lo que se refiere a salud infantil, particularmente en contextos humanitarios, podrían ser devastadores. Los anteriores brotes de Ébola nos demostraron que aquéllos que mueren por causas indirectas pueden superar en número a los que mueren por la enfermedad misma. El cambio de prioridades y la enorme cantidad de recursos que se están destinando a atender la emergencia de la Covid-19 tienen obviamente consecuencias. Y por ello, tenemos que ser conscientes de que las decisiones que tomemos en este momento, como financiadores e implementadores de la atención médica, tendrán un impacto crucial en la salud infantil, tanto durante de la pandemia como después de esta.
Es probable que el efecto directo de la Covid-19 sobre los niños en entornos afectados por crisis humanitarias sea mayor que el observado hasta ahora en los países más ricos. Si bien los casos más graves de Covid-19 se han dado hasta ahora de manera abrumadora en adultos, todavía no sabemos cómo afectará a los niños en los lugares donde trabaja MSF. Lugares en los que, a menudo, la población infantil tiene afecciones y enfermedades subyacentes, como desnutrición, tuberculosis o VIH. Tampoco podemos predecir cómo interactuará con las enfermedades infecciosas comunes en estas zonas, como la malaria y el sarampión.
Sin embargo, la amenaza más peligrosa para la salud infantil no será la enfermedad en sí, sino sus consecuencias indirectas prolongadas. Veremos morir a muchos más niños como resultado de la reducción de actividades o del cierre de los servicios de atención pediátrica. Asistiremos a un aumento de las muertes de recién nacidos debido a la falta de un parto seguro y de atención postnatal. Incluso en aquellos lugares donde se mantengan los servicios de salud infantil, el miedo o la desconfianza que genera la Covid-19 hará que muchos padres y madres eviten llevar a sus hijos enfermos a los centros de salud, lo que provocará que niños con enfermedades potencialmente mortales lleguen demasiado tarde para recibir tratamiento. Esto es algo que ya está ocurriendo en países de rentas altas, pero que sin duda tendrá consecuencias mucho mayores en lugares con menos recursos y con sistemas de salud más débiles.
Un hombre con su hijo muerto por sarampión en República Centroafricana.
Un hombre con su hijo muerto por sarampión en República Centroafricana./MSF
La Covid-19 llega en un momento especialmente delicado para los niños. Antes de que estallara la pandemia, ya se preveía que 2020 iba a ser un año de grandes crisis nutricionales en muchos lugares del mundo. Ahora, todos esos pronósticos corren serio riesgo de quedarse cortos y ya es un hecho que la desnutrición infantil aumentará dramáticamente como consecuencia indirecta del coronavirus. El Programa Mundial de Alimentos ya habla de que podrían alcanzarse niveles "bíblicos" de hambruna y ya se está constatando cómo muchos menores han perdido el apoyo nutricional vital que recibían porque sus escuelas están cerradas o porque la ayuda alimentaria se ha reducido.
Además, en los últimos años, ya estábamos viendo que la incidencia de algunas enfermedades como el sarampión y la difteria, que pueden prevenirse fácilmente con vacunas, había comenzado a aumentar de nuevo en países como la República Democrática del Congo o en los campos de refugiados rohingya en Bangladesh. Estos tipos de brotes se multiplicarán a medida que las actividades de vacunación se sigan suspendiendo debido a la Covid-19, como publicaba Nature en abril. Se estima que, por cada muerte adulta de Covid-19 que se evite merced a la suspensión de las actividades de vacunación, se podrían perder más de 100 vidas de niños. Desde el año 2000, las vacunas contra el sarampión han evitado más de 20 millones de muertes infantiles. Si deja de vacunarse y aumenta la desnutrición, que exacerba las muertes por sarampión, la reversión de este progreso podría ser devastadora.
Cada año, la malaria mata muchas veces más niños de lo que la Covid-19 ha llegado nunca a amenazar. Los países que experimentarán un pico en ambas epidemias al mismo tiempo, como ocurrirá en muchos lugares de África occidental, no pueden permitirse que la Covid-19 tenga prioridad sobre las actividades para reducir la incidencia de la malaria. La Organización Mundial de la Salud predice que en 2020 se perderán cientos de miles de vidas más por malaria, la mayoría de ellas de niños, si las estrategias de control y prevención se cancelan.
La capacidad de MSF y de otras organizaciones humanitarias para prevenir la muerte de niños en entornos afectados por crisis humanitarias en plena pandemia de Covid-19 dependerá por completo de los medios para mantener y ampliar las actividades de salud infantil esenciales. Si alguna vez hubo un momento en que esto fue necesario, es ahora. Mientras el foco de atención permanezca exclusivamente centrado en la Covid-19, los niños vulnerables correrán el riesgo de morir olvidados. No debemos permitir que esta pandemia robe su futuro a la próxima generación.
*Neal Russell y Nadia Lafferty forman parte del Grupo de trabajo pediátrico interseccional de Médicos Sin Fronteras (MSF).
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