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La revuelta del 1% en la calle de Núñez de Balboa: “El Gobierno no hace nada y pago mis impuestos”

La revuelta del 1% en la calle de Núñez de Balboa: “El Gobierno no hace nada y pago mis impuestos”

Un centenar de vecinos participan en una nueva protesta en la céntrica calle madrileña, con gran eco en redes sociales, ante una gran presencia mediática y policial


A las 20.30 de este jueves, un vecino del barrio de Salamanca se colocaba en el cruce de la calle de Núñez de Balboa con la de Ayala y activaba con virulencia el megáfono que portaba al grito de "libertad”. Nadie le siguió con su cántico porque estaba solo. La libertad también es eso. A su lado había decenas de periodistas retratando el momento sin guardar la distancia de dos metros recomendada. 

La imagen hablaba por sí sola porque este jueves los focos estaban puestos en estas calles de Madrid. El día anterior cientos de vecinos realizaron una cacerolada sin respetar los dos metros de seguridad. Para evitar la repetición de las aglomeraciones, la Delegación de Gobierno situó a varios furgones policiales en los alrededores de la zona.
“Gobierno dimisión”. “Libertad”. “Prensa comunista”. Media hora después, tras el breve aplauso sanitario, alrededor de 100 vecinos comenzaron a salir de los portales con cacerolas por la calle. También se acercaron de otras vías. Y de otros barrios. La mayoría subía y bajaba por las aceras, que miden tres metros. Con mascarillas, sin ellas, con banderas de España, con perros con banderas de España. Familias, jóvenes, mayores.
A paso lento y con gritos de “Gobierno dimisión”, circulaban María Jesús y Rafael, dos vecinos de 56 y 60 años, que han salido al paseo permitido hasta las 23.00 con su hijo Pelayo, de 16. “Yo soy española y la situación está muy mal”, explicaba. El matrimonio, con un tono de cabreo evidente, salió con una mascarilla que llevaba la bandera de España de tela bordada. “Pago mis impuestos y tenemos un Gobierno que no hace nada. Por eso camino y protesto. ¿Estos guantes? Los he pagado yo. ¿Esta mascarilla? La he pagado yo”. El marido interrumpe y suelta: “¡Hemos tenido que pagarnos hasta el test (del coronavirus)”. El test se lo hicieron en el Hospital privado del Rosario. “Me ha costado 80 euros”.
― ¿Resultado?
― Negativo, negativo.
La calle de Núñez de Balboa mide dos kilómetros. Se sitúa en el barrio de Salamanca, uno de los 21 distritos de la capital. Su nombre viene del marqués que lo erigió allá por el siglo XIX. Aquí viven más de 150.000 vecinos. En este punto en concreto reside el 1% más rico de España y el 3% más rico de la Comunidad de Madrid. La renta por hogar es de 50.376 euros. En la región, 33.000. En España, 28.417. Hay tanto dinero en este barrio que hasta se fabrica. Cinco calles más bajo, en el número 106 de la calle de Jorge Juan, se encuentra la Fábrica Nacional de Moneda y Timbre.
Asun, “el apellido no lo digo y la edad no se pregunta a una mujer”, es funcionaria. Se manifiesta desde el pasado lunes. “Parece que somos delincuentes con tanta policía. No hay libertad. Pon también que aquí vive Echenique y varios podemitas, ponlo, ¿eh?”. De repente aparece un runner —siempre hay un runner en todas las manifestaciones— y grita: “¡Libertad!”.
Todo comenzó la noche del domingo. Según varios vecinos, esta protesta colectiva surgió después de que un grupo decenas de jóvenes se concentrara frente a una vivienda del bloque número 56, que tenía la música a todo volumen. Minutos después, apareció un furgón policial que identificó y sancionó a 12 de ellos por incumplir el real decreto del estado de alarma. La fiesta improvisada coincidió con la cacerolada de las 21.00 contra el Gobierno, que se viene realizando desde mediados de abril. Algunos vecinos criticaron la presencia policial al grito de “libertad” o “gobierno dimisión”. Seguramente malinterpretando que era el Gobierno el que había mandado a estos furgones para impedir la cacerolada. Este jueves, sin embargo, la mayoría de paseantes coreó: “¡Viva la policía!”. “¡Viva la guardia civil!”. “¡Marlaska dimisión!”. Sonó hasta el himno nacional y El novio de la muerte.
Si el miércoles el distrito de Salamanca lideró las sanciones policiales de todo Madrid, este jueves apenas hubo concentraciones en grupo más allá de periodistas charlando con los vecinos. Había abuelas en las ventanas y en los balcones que observaban la cacerolada como si fuese un paso de Semana Santa. Hubo retratos, selfis y una reivindicación continúa de la libertad. De una esquina salía Laura Domínguez, de 39, que agarraba de la correa a su perro Barri. Barri tenía la bandera de España como si fuese un superperro. Domínguez, para presumir ante las cámaras, le dijo: “Barri, sit (sientaté en inglés)”.
― Español y habla en inglés.
― Es español (ríe).
Domínguez, con pitillo y mascarilla, explicaba: “Vengo aquí porque estoy hasta las narices. Están haciendo un país de vagos. Y ahora me lo quieren quitar todo”. En esta calle el PP logró casi el 50 % de los votos en las anteriores elecciones generales, seguido de Vox (23%), Ciudadanos (6,7%), PSOE (5,4%) y Más País y Unidas Podemos, con menos del 1%.
El barrio es un feudo conservador popular. El récord lo tuvo en 2007, cuando recibió el apoyo de siete cada diez vecinos. Por eso, la presidenta Ayuso alentó estas protestas en la Asamblea: "Esperen a que la gente salga a la calle, porque lo de Núñez de Balboa les va a parecer una broma”. O El alcalde Almeida, que dijo esta semana: "Mientras se mantengan las condiciones cada uno puede manifestar su opinión”. Y Vox: “¿Es posible alentar la manifestación manteniendo la distancia de seguridad? Pues es deseable”, dijo el portavoz en el Congreso, Iván Espinosa de los Monteros.
La mayoría de viviendas de Núñez de Balboa son de 105 metros cuadrados o más, según datos del Censo de Población y Vivienda de 2011, el último disponible. En España, una de cada tres personas viven en domicilios que tienen entre 75 y 90. Magdalena, una señora del barrio, “la edad no se lo digo a nadie”, ejerce como abogada. Salía a pasear con una cacerola que le había dejado una vecina. “Estamos en un sistema dictatorial y sé bien de lo que hablo. Se está aplicando un decreto de alarma que nos prohíbe la libertad”.
― Es por la salud de todos.
― Solo funciona en beneficio propio. Estamos oprimidos.
Hacia las 21.45 apenas quedaban cinco vecinos, un par de curiosos y una docena de periodistas. Por si acaso, un altavoz de un furgón policial repetía: “Atención. Les habla la Policía. Conforme a lo dispuesto en el Real Decreto 463/2020 deben mantenerse en movimiento en la vía pública y mantener una distancia de seguridad de dos metros”.
Baldomero aguantó. Era uno de los últimos. Este abogado de 34 años llevaba una hora dando vueltas con una enorme bandera de España. "Estoy haciendo mucho brazo, pero 30.000 muertos bien lo merecen”. Decía que paseaba con ella desde el primer día que estuvo permitido y que siempre va solo. “La gente que no cumple con el distanciamiento social, hace mal. Aquí puede pasar accidentalmente más que en otros sitios, pero bien lo merece para protestar”. Antes de que comenzara la cacerolada una señora colocó una sábana en el balcón: “La terrible gestión del Gobierno no es excusa para poneros en peligro. Por favor manifestaos desde casa”.


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