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La nueva vida de Enrique y Meghan en Canadá continúa entre interrogantes

Los duques de Sussex viven por ahora en Vancouver, se especula con sus futuros trabajos y los canadienses rechazan que les cueste dinero su estancia


Enrique de Inglaterra y Meghan Markle

Enrique de Inglaterra y Meghan Markle, en la Casa de Canadá en Londres, el 7 de enero.  GETTY IMAGES

Enrique de Inglaterra y Meghan Markle, junto con su hijo Archie, han dejado atrás títulos reales y financiación pública, aunque sus arcas seguirán bien nutridas. Son varias las hipótesis detrás de esta decisión: evitar a los tabloides, respirar aires de independencia y tomar distancia de los malos rollos de los Windsor. Según explicaron, quieren dividir su tiempo entre el Reino Unido y Norteamérica. Todo indica que Canadá será su hogar al otro lado del océano varios meses al año. De hecho, habitan ya una lujosa casa en North Saanich, una zona de la isla de Vancouver; la misma residencia en la que pasaron sus vacaciones navideñas.
Meghan Markle volvió al oeste canadiense el 10 de enero, donde había dejado a su hijo Archie al cuidado de una niñera. Solo pasó tres días en suelo británico tras las seis semanas previas al comunicado en el que anunciaron su renuncia. El hermano del príncipe Guillermo aterrizó en Canadá 11 días después. “No había otra opción”, afirmó tras la decisión. Se ha barajado que podrían afincarse en Toronto, ya que Markle pasó unos años en esta ciudad donde grababa la serie Suits. A su vez, Jessica Mulroney, una de sus mejores amigas, vive también en esta localidad y está casada con el animador televisivo Ben Mulroney, hijo de Brian Mulroney, que fue primer ministro de Canadá de 1984 a 1993. Pero según varios medios, Enrique y Meghan están interesados en adquirir una residencia en Kitsilano, un famoso barrio de Vancouver. Una propiedad valorada en unos 24,8 millones de euros.
La residencia de los duques de Sussex en North Saanich (Canadá).
La residencia de los duques de Sussex en North Saanich (Canadá).  AFP
Ambos conocen el país, es predominantemente de lengua inglesa, está vinculado a la corona británica y habitado por gente relajada. Buenas razones para elegirlo como destino. Sin embargo, el interés de la prensa mundial por Meghan y Enrique no decae. Pocos días después de su vuelta a suelo canadiense, Markle fue fotografiada mientras paseaba a sus perros, en compañía de su hijo, en unas imágenes captadas sin autorización, como señalaron los abogados de la pareja.
Miles Arsenault, dueño de la compañía de lanchas Deep Cove's Bay to Bay Charters, contó a Reuters que se negó a llevar a tres personas cuando supo que trabajaban para una cadena de televisión japonesa. “No quería ser recordado por transportar paparazzi”, declaró. AFP habló con algunos de los vecinos de los duques de Sussex. Una de ellas, Anne Girling, afirmó que se había topado con Meghan en un sendero y que se saludaron cordialmente. Girling criticó el asedio de los medios. “Déjenlos en paz”, manifestó. Laurie Kelly, otra residente en North Saanich, afirmó: “Este comportamiento no es canadiense. Se trata de dar espacio a las personas, de la libertad de vivir, de disfrutar de nuestro hermoso país”.
¿Qué actividades laborales desempeñarán Meghan y Enrique en Canadá? Al parecer, Markle firmó un contrato con Disney para ser la narradora de un nuevo proyecto. Asimismo, visitó el 11 de enero Justice for Girls, un organismo de Vancouver que ayuda a chicas en dificultades. Horas después, pasó por el centro de mujeres Downtown Eastside. Y este mismo miércoles la pareja realizó una publicación en su Instagram sobre Bell Let's Talk, una iniciativa sobre las enfermedades mentales que actúa en el país.
Algunos expertos han señalado que Enrique podría también encontrar hueco en una asociación caritativa, o de acuerdo a su formación militar y a su gusto por los deportes, cumplir con funciones de embajador en un cuerpo de seguridad o en algún equipo deportivo.
El 13 de enero, el primer ministro Justin Trudeau manifestó en una entrevista a Global News que los canadienses son “muy partidarios” de que la pareja resida en el país. Dos días después, el instituto Angus Reid publicó un sondeo donde el 50% de los consultados señaló que les daba lo mismo si Enrique de Inglaterra y Meghan Markle vivían o no en Canadá, el 39% dijo que estarían encantados y el 11% restante expresó malestar. El dato más significativo fue que el 73% de los canadienses encuestados manifestó estar en desacuerdo con que se destinen fondos del erario público para cubrir cualquiera de sus gastos.
El dinero para su seguridad en Canadá (1,1 millones de euros anuales, según algunos cálculos) es un tema que ha ido más allá de los tabloides. El 27 de enero, Bill Blair, ministro de Seguridad Pública, dijo en sesión parlamentaria que las autoridades del país hablan con Londres para ver cómo se procederá. En el debate, Yves-François Blanchet, líder del Bloque Quebequés —provincia donde la corona británica despierta menos simpatías— declaró: “No veo razón por la cual los impuestos de los quebequeses deberían usarse más para Meghan y Enrique que para financiar a Los Simpson”.
Quedan aún muchas dudas sobre la vida de Meghan Markle y Enrique de Inglaterra en tierras canadienses, pero no respecto a que encontrarán un ambiente cordial en una sociedad que privilegia la sencillez. Aunque, como el Reino Unido, tampoco esté blindada contra el acecho de las cámaras.

LAS INCÓGNITAS SOBRE SU ESTATUS MIGRATORIO

La esfera laboral para Meghan Markle y Enrique de Inglaterra depende también de su estatus migratorio en Canadá. Se ignora bajo qué condición ingresaron en el país. También se desconoce si Markle obtuvo la residencia permanente cuando vivió en Toronto o si solo contaba con permiso de trabajo. El Ministerio de Inmigración y Ciudadanía no comenta expedientes individuales, en virtud de sus políticas de confidencialidad. En caso de que hayan ingresado como visitantes, deben permanecer seis meses como máximo, sin derecho a trabajar. Pueden, por ende, hacer los trámites para la residencia permanente, pero como trabajadores calificados. Otra opción es aplicar en la categoría de personas con beneficios económicos, sociales o culturales significativos para Canadá. Sin embargo, esto pondría en una situación delicada al Gobierno, que se enfrentaría a críticas por trato de favor.
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