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Tradición y polémica en la entronización de Naruhito en Japón

Dignatarios de 174 países, entre ellos los Reyes de España, participarán este martes en el solemne acto oficial en el palacio imperial de Tokio


Los emperadores Naruhito y Masako.

Los emperadores Naruhito y Masako. AP

Todo está ya preparado con la minuciosidad que enorgullece a los japoneses, y con la pompa y circunstancia que merece una ocasión que solo ocurre una vez en una era. Este martes, el palacio imperial en Tokio será testigo de la solemne ceremonia de entronización del emperador Naruhito. Más de 2.000 personas están invitadas, entre ellas representantes de todas las casas reales del mundo, incluidos los reyes de España Felipe VI y Letizia. Los dignatarios de 174 países ya han ido llegando a lo largo de este lunes. La única incógnita de última hora es si la lluvia prevista obligará finalmente a mover parte del acto al interior del palacio.
La jornada se ha declarado fiesta nacional. Más de medio millón de condenados por delitos o faltas de poca importancia van a beneficiarse de una amnistía, la primera desde 1993, como gesto de benevolencia. La idea, ha dicho el ministerio de Justicia, es que la entronización sirva de “oportunidad para los ciudadanos japoneses para limpiar su espíritu y empezar de nuevo”. El 80% de los beneficiados cometieron infracciones de tráfico, incluidas algunas que dieron como resultado accidentes con víctimas mortales.
La ceremonia de entronización, en sí, será relativamente breve, de apenas una media hora, y comenzará a las 13.00 horas locales (06.00 en horario peninsular español). Combinará, como ocurriera con la del emperador emérito Akihito, elementos ancestrales con otros relativamente nuevos.
Naruhito, como hiciera su padre en 1990, llevará una túnica de color naranja oscuro, el Korozen-no-Goho, de un diseño que data del siglo IX y que el protocolo imperial reserva para las ocasiones más solemnes. A su entrada en el salón del Pino, el Matsu-no-Ma donde el 1 de mayo pasado fue nombrado emperador tras la abdicación de Akihito, subirá al trono Takamikura para proclamar su entronización. Junto a él estará su esposa, la emperatriz Masako, en el trono Michodai y vestida con un kimono formal. Los chambelanes le presentarán dos de los tres tesoros imperiales: la espada Kusanagi-no-Tsurugi y la joya Yasakani-no-Magatama. El tercero, el espejo Yata-no-Kagami, se guarda en el santuario de Ise.
Tras las palabras del emperador, de 59 años, el primer ministro, Shinzo Abe, encabezará a los invitados para dar la enhorabuena al soberano de la nueva era Reiwa (Bella Armonía) y lanzar tres saludos de ¡Banzai!, o larga vida.
Los Reyes de España a su llegada a Japón.
Los Reyes de España a su llegada a Japón.  EFE
En el exterior, si las condiciones meteorológicas lo permiten, marcarán la ocasión oficiales vestidos con túnicas y armas tradicionales: lanzas, espadas, escudos y aljabas para flechas. Junto a ellos, músicos que tocarán tambores y gongs tradicionales, en un patio decorado con lanzas y las coloridas banderas del crisantemo.
La ceremonia no ha estado exenta de críticas, que opinan que se trata de un ritual sintoísta y que, por tanto, no respeta la separación de poderes entre religión y Estado que prevé la Constitución japonesa. El protocolo imperial no obliga al seguimiento de una tradición específica; en este caso, se ha optado por seguir el ejemplo de las que entronizaron a Akihito y al padre de este, Hirohito. Ambas se basaron en el Tokyokurei, una directiva de 1909 sobre las formalidades de la ceremonia derogada tras la II Guerra Mundial.
Hasta entonces, la ceremonia había contenido elementos budistas y chinos -incluida la propia vestimenta del emperador-, que se eliminaron durante la era Meiji para promover la consolidación de una identidad nacional.
Las críticas sobre la ceremonia también consideran que el rito viola el principio de soberanía popular, por cuanto el emperador se situará físicamente en un lugar más alto que el del primer ministro.
Los fastos representarán un desembolso de cerca de 16.000 millones de yenes (unos 132 millones de euros), de los que casi una cuarta parte se destinarán a seguridad y un tercio a cubrir las necesidades de los dignatarios invitados, según ha publicado el periódico Japan Times.
Entre ellos figurarán, además de los reyes de España, los soberanos de Holanda Guillermo y Máxima -buenos amigos personales de los emperadores-, el rey Carlos Gustavo de Suecia o el heredero de la corona británica, el príncipe Carlos de Inglaterra. Las casas reales de Asia y Oceanía enviarán al rey de Bután Jigme Khesar Wangchuck, el rey Norodom Sihamuni de Camboya o el rey Tupou VI de Tonga.
Otros jefes de Estado incluirán al presidente filipino, Rodrigo Duterte; el brasileño, Jair Bolsonaro, o el alemán Frank-Walter Steinmeyer. Estados Unidos enviará a su secretaria de Transporte, Elaine Chao; China, a su vicepresidente, Wang Qishan.
Tras la ceremonia, los miembros de las casas reales participarán en un banquete en el palacio imperial. El primer ministro Abe hará de anfitrión en el banquete para otros dignatarios. El desfile en coche descubierto previsto inicialmente por el centro de Tokio se ha aplazado hasta el 10 de noviembre en señal de respeto por las víctimas del tifón Hagibis, que hace diez días dejó a su paso por Japón al menos 79 muertos y una decena de desaparecidos.
Los festejos no acabarán el martes. Además del desfile aplazado, también está prevista en noviembre otra ceremonia, la ofrenda del primer arroz (daijosai). La pareja imperial también acudirá a varios templos por todo el país para notificar oficialmente su ascensión al trono.
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