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Lucha de hermanos por el poder tras el asesinato de su madre

El juicio por la muerte de la viuda de un expresidente de la CAM desvela el duro enfrentamiento entre sus hijos



La escena del crimen del asesinato de la viuda del expresidente de la CAM. En vídeo, declaraciones del acusado en la segunda sesión de la vista oral. EFE / EFE
Los primeros cinco días del que posiblemente será el proceso judicial del año en Alicante, el caso Sala, han servido para certificar dos hechos probados. El primero: que un jurado popular dictaminará si Miguel López, único encausado, fue el autor material de los dos disparos en la cabeza y a bocajarro que acabaron con la vida de su suegra, María del Carmen Martínez, en el lavadero del concesionario de coches que dirigía. El segundo: que ante la opinión pública, ha quedado en evidencia el desmembramiento por dinero y poder de una de las familias señeras de la clase alta de la ciudad. Los Sala, descendientes directos del empresario y expresidente de Caja Mediterráneo (CAM) Vicente Sala, marido de la víctima, son ahora dos guerrillas enfrentadas con los trapos sucios aireados ante los medios de comunicación.
Según las declaraciones vertidas en el juicio a lo largo de estas cinco jornadas, de un total de 18 previstas, todo comenzó con la muerte del patriarca en 2011. Hasta ese momento, la vida de los Sala es un cuadro de Norman Rockwell, pura felicidad y armonía. Todos viven en una finca situada cerca de la Santa Faz, en una zona poblada de casas solariegas construidas por la clase pudiente para escapar del ajetreo urbano. A la vivienda de Vicente y Mari Carmen se van sumando las de cada uno de los hijos: Vicente Jesús, Mar, Tania y Fanny. El resultado es un complejo residencial unifamiliar en el que cualquier excusa es válida para juntarse y comer juntos.
Sin embargo, al fallecer el patriarca, la unidad familiar se descompone. Como en una película de David Lynch, bajo la luz comienzan a aparecer sombras. El testamento de Vicente reparte equitativamente el patrimonio y las empresas, pero otorga la acción de oro de la firma más rentable del holding familiar, Samar Internacional, a Mari Carmen, quien adquiere así un control absoluto del negocio. La empresa se dedica a la compraventa de materiales plásticos y su consejero delegado es Vicente Jesús. Las tres “niñas”, como las llama su tía Toñi, hermana de la asesinada y testigo en el juicio, no están conformes con esta decisión. Pronto pedirán asesoramiento legal a unos abogados, “manipuladas por maridos que no han sido los adecuados”, según Toñi. Entre ellos, el acusado, Miguel López, casado con Fanny. “Un gran manipulador”, lo define ante el tribunal.
Las hijas de los Sala comienzan a reclamar más poder en el organigrama familiar, una situación que se enquista a partir de 2014. La finca comienza a parcelarse como una franja de territorio en disputa. A un lado, Mari Carmen, Toñi y Vicente Jesús. Al otro, Mar, Tania y Fanny, quienes reconocen que la situación familiar deja de ser “normal”. Comienzan a levantar vallas entre los edificios. Las hijas rechazan volver a comer con su madre e incluso le niegan el acceso a sus viviendas. La relación con los nietos se deteriora sin remedio. Y en el verano de 2016, todo estalla. En una junta de accionistas celebrada en julio, en la que la acción de oro no tiene validez, las hermanas destituyen a Vicente Jesús de su cargo de privilegio en Samar. Pretenden que permanezca tan solo como director general, según manifiestan ante el jurado Mar y Tania. Fanny ha ejercido su derecho a no declarar en la causa que se sigue contra su marido. El hijo de Mari Carmen revela la tensión de aquella reunión, denuncia el espionaje de sus hermanas de conversaciones privadas y detalla que estas hicieron venir a sus hijos para ejercer presión en la junta y apartarle de su puesto. Mar y Tania reconocen todos estos movimientos. Y los atribuyen al “asesoramiento de los abogados”.
Miguel Lopez
Miguel López, acusado por el asesinato de María del Carmen Martínez, a su llegada a la Audiencia. EFE
A partir de ese momento, Mari Carmen comienza a maniobrar para que la acción de oro vuelva a ser resolutiva y devolver al mando de Samar Internacional a su hijo, en contra de sus hijas, según declara Vicente Jesús. También sopesa, “en varias ocasiones” cerrar el concesionario Novocar, que dirige Miguel López. El motivo, que frente a los 200 millones en ventas de la firma de plásticos, Novocar va acumulando hasta cuatro millones en pérdidas. Además, la compraventa de vehículos lastra a la empresa estrella, que es la que avala a López ante los bancos. Mari Carmen convoca otra junta para enero de 2017 en la que tratará de restituir la situación que dejó su marido escrita en el testamento.
Hasta ahí, el argumento que esgrimen tanto el fiscal como el abogado de la acusación particular, que representa a Vicente Jesús, en el juicio que procesa a Miguel López. Quieren hacer ver las causas que pudieron conducir a los hechos del 9 de diciembre de 2016, justo un mes antes de que se desarrollaran los planes de Mari Carmen. Ese día, la matriarca de los Sala acude a Novocar para recoger su coche, a instancias del acusado. Él mismo los recibe, cuenta la tía Toñi, a pesar de nunca lo hacía y ni siquiera se hablaban. La hermana de la víctima se vuelve a casa “por no estar con él”, ya que le considera “muy desagradable”. La versión del acusado no se conoce, ya que declina declarar ante el jurado por no encontrarse “anímicamente” en condiciones. Su estado actual es “psicológicamente frágil”, alega su abogado.
En torno a las 18.30 horas, Mari Carmen accede al lavadero del concesionario. Está oscuro y apenas hay empleados, ya que es viernes de puente, el de la Inmaculada. Allí recibe dos tiros en la cabeza. Un empleado la encuentra de pie, agonizante. Finalmente, muere. En el interior del vehículo solo quedan dos casquillos de bala y el bolso, en el que los investigadores encuentran su monedero y su dinero. No hay pruebas que sitúen a López apretando el gatillo. No ha aparecido el arma. No hay huellas delatoras. Las hermanas de su mujer lo exculpan del crimen. La defensa incide en la presencia de dos individuos de origen magrebí aquel día en Novocar, en actitud sospechosa. Los ve un testigo, Jesús Tavira, propietario de un desguace con el que López lleva 20 años colaborando. Son dos secundarios del drama de ricos que, tres años después del crimen, llega a sus capítulos finales con un juicio de gran audiencia que aún no está visto para sentencia.
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