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Con la P: concurso cancelado por ley

La sentencia que esta semana puso fin a ‘Pasapalabra’ marca un hito en la historia de la televisión y abre un proceso lleno de incógnitas para sustituir el programa


Christian Gálvez, en el plató de 'Pasapalabra'.

Christian Gálvez, en el plató de 'Pasapalabra'.
“Nos vemos en el próximo programa”. El concurso más visto de las últimas dos décadas en la televisión española se despidió sin dramatismo ni ceremonia; sin sentimiento, casi. Aquellos últimos minutos que se vieron en Telecinco el martes a las 21.10, horas peninsular, nunca se pensaron como el final definitivo, solo el de una edición más, la 3.292. Pero aquel martes todo cambió. La sentencia judicial que Mediaset llevaba años recurriendo se había puesto en firme, por el Tribunal Supremo esta vez. Telecinco estaba condenada “a cesar inmediatamente (…) la emisión (…) del programa”. Esas siete palabras, que no han dejado de repetirse en toda la semana, pusieron fin a 19 años en antena, a nueve de batalla judicial, y a una institución en millones salones de toda España. Casi nadie lo sospechaba al despertarse por la mañana, pero aquel martes fue el fin a Pasapalabra.
La industria de la televisión nunca había visto nada igual. Pasapalabra, posiblemente el concurso con los espectadores más fieles de España, acababa de firmar el mejor septiembre de su larga historia, con un 18,8% de cuota de pantalla. Sentaba de media a unos dos millones de espectadores diarios; muchos de ellos se quedaban a ver el informativo que venía después, y contribuían a que fuese el más visto de la televisión. Pasapalabra solía ser el espacio más visto de su franja horaria y tener el minuto con más audiencia de cada día, generalmente coincidiendo con la prueba final de cada programa, El Rosco. Que un programa blanco, cultural y de éxito fuese amputado de una parrilla resultaba inédito. Que lo ordenase el Supremo de un día para otro, histórico.
En la sede de Mediaset en Fuencarral (Madrid), la sentencia se esperaba desde hacía tiempo. Se sabía que caería esta temporada. O en septiembre o en octubre o en noviembre. La clave era minimizar el impacto que tuviese en la parrilla la retirada de Pasapalabra. Los trabajos estaban en marcha en verano; pruebas de concursos nuevos, más o menos parecidos al original. Ahora esa retirada era real y debía hacerse “inmediatamente”.
Además, esta noticia podía afear el relato de los éxitos de la compañía. Mediaset se encuentra en mitad de una ambiciosa fusión de todas sus filiales, principalmente la española y la italiana, en un holding llamado Mediaforeurope que tendrá sede en Holanda. Telecinco acaba de cerrar uno de sus mejores septiembres, con un 15% de cuota de pantalla de media. Su gran rival, Atresmedia, tiene un 11,3%: hacía 12 años que no tenían una ventaja así. Van a la cabeza en inversión publicitaria.
Comenzó lo que fuentes de la cadena describen como "una semana frenética", desde el departamento jurídico hasta los platós. ¿Qué pasaba, por ejemplo, con el dinero que hubieran ganado los concursantes en programas no emitidos? (Nada. La cadena solo paga por los premios que emite). ¿Cuánto tardaría la sentencia en ejecutarse? (Un día: el concurso se podía emitir esa misma tarde de martes) ¿Y, sobre todo, qué ocurriría después con Pasapalabra, un programa que lleva en España más tiempo que el euro?
El conflicto había empezado poco después de que Mediaset comprase el formato, una versión de The Alphabet Game, el concurso de la productora británica ITV Global Entertainment. Entre 2000 y 2006 se emitió en Antena 3, donde se le fueron modificando las pruebas y se le añadió el famoso Rosco al final. En 2006 pasó a manos de Mediaset. En 2009, tocaba renovar el contrato. Los británicos habían visto el potencial de su producto en España y querían otras condiciones. Además del dinero de los derechos, querían ser productora y llevarse un 10% de los beneficios. Si no, irían a la competencia. Mediaset claudicó.
Aquel el trato siempre dejó mal sabor de boca y el objetivo desde entonces fue romperlo. Había un pretexto: el programa apenas se parecía ya a The Alphabet Game. Tras nueve años en España, era un batiburrillo de ideas de la productora original española, BocaBoca, del Passaparola italiano y demás. Mediaset registró El Rosco, introdujo más cambios (que también registró), declaró el contrato nulo y, a finales de 2010, demandó a ITV. Aun con la sentencia en su contra, todo podía ir bien. Tendrían la fórmula de un Pasapalabra nuevo en sus manos.
Contrarreloj
Todo esto exigía lo que la sentencia negaba: tiempo de reacción. Tiempo de tener un sustituto listo. Y de negociar, irónicamente, con ITV, que está interesada en mantener el concurso en España (también están negociando con RTVE) e incluso abrir una filial en Madrid. No sería una negociación barata, ya que los británicos están en posición de imponer todas las condiciones. Pero significaría dejar las cosas como están. Impacto cero. En las oficinas se empezó a trabajar “contrarreloj”, en palabras de fuentes. Se decidió emitir el programa aquella tarde. No se dio la orden de dejar de grabar más episodios. Y la cuenta de Mediaset en Twitter lanzó un mensaje meridiano: "Salvo que se llegase previamente a un acuerdo con ITV, hoy será el último día de emisión de Pasapalabra”.
El miércoles había un plan b en marcha. Sálvame se podía prolongar una hora más para cubrir el hueco del concurso. Era una opción rápida y barata. A la vez, se continuaron grabando más episodios del concurso. Se estiró la cuerda al máximo. Solo a las 19.48, hora peninsular, casi literalmente en el último minuto, Mediaset admitió que retiraba Pasapalabra de su parrilla.
Que las cosas queden así resulta difícilmente creíble. Un programa querido es un programa rentable. Hay otras opciones para Telecinco y otras cadenas para ITV. Nadie quiere que ese “próximo programa” que dijo Christian Gálvez el martes quede muy lejos.

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