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Asesinado con siete años por su madre en plena batalla por su custodia

El pequeño murió estrangulado. “Tenía miedo de quedarse sin su hijo y sin techo”, relata una familiar


Cristales rotos del coche de la madre del niño asesinado en El Ejido (Almería).

Cristales rotos del coche de la madre del niño asesinado en El Ejido (Almería). FRANCISCO BONILLA
Cuando Ana escuchó llamar a la puerta, a las diez y media de la mañana del jueves, se extrañó. No esperaba a nadie en su casa de Las Norias de Daza, una pequeña localidad de 10.000 habitantes a las afueras de El Ejido. Al abrir, vio a Ana Mari, la hija de su pareja, quien le pedía ayuda para sacar del coche a su hijo, Sergio, de siete años. Cuando se acercó al vehículo, un Peugeot 206 color negro, vio al niño tumbado en los asientos de atrás: su cara estaba morada y tenía marcas rojas en el cuello. No se movía. Ana, alarmada, pidió a una vecina que llamara al 112, según relataba este jueves su hija. En ese momento, Ana Mari, tranquila, se fue de allí. Pocos minutos después, alertada por la actual pareja del padre del niño, la Guardia Civil acudió al lugar y se topó a la mujer a 50 metros de la casa. Dieron el alto al coche y, ante la pasividad de la mujer, desenfundaron sus armas y rompieron las ventanillas. No pudieron hacer más que certificar que el niño estaba muerto, como después corroboró el personal del 061. En el acto, detuvieron a Ana Mari como presunta autora de un homicidio.
La arrestada se encontraba este jueves por la tarde en dependencias policiales a la espera de prestar declaración ante los agentes y pasar después a disposición judicial. Los primeros indicios apuntan a que el niño ha muerto por estrangulamiento, según han informado fuentes de la investigación, que tratan de averiguar ahora si la mujer lo hizo en el coche o en su casa. También cuándo pudo hacerlo, a falta de los resultados de la autopsia. La investigación está en manos de los miembros del grupo de homicidios de la policía judicial de la Guardia Civil de Almería.
El abuelo del niño estaba este jueves en shock. Tuvo que ser atendido por los servicios de emergencias. Se encontraba aturdido en el salón de su casa, una humilde vivienda de dos plantas en una zona residencial. La planta baja, diáfana, era un ir y venir de familiares. Los teléfonos no paraban de sonar. “Ha sido horrible. Nadie se esperaba algo así”, contaba Ani, la hija de Ana, que había comido la víspera con la arrestada y su pequeño. Aunque residen en Huércal de Almería, municipio cercano a la capital almeriense, la detenida solía ir a pasar fines de semana a la casa de su padre en Las Norias de Daza. A veces junto a su hijo. De ahí que tuvieran una relación algo más estrecha con Ana y su familia.
Los demás vecinos de la calle consultados apenas conocían a la mujer ni a su hijo. “Nos ha sorprendido muchísimo”, subrayaron, destacando que la zona es “muy tranquila”. A primera hora de la tarde, de hecho, el lugar estaba desierto. Más tarde se veía a algunos niños jugar en un pequeño parque infantil y a migrantes que llegaban en bicicleta o bajaban de furgonetas tras su jornada laboral en los invernaderos que sustentan la economía local. Algunos no sabían lo que había ocurrido. En una esquina aún permanecían en el suelo los cristales rotos de las ventanillas del Peugeot 206. También las marcas de un frenazo en el asfalto.
La presunta asesina, Ana Mari, española, natural de Alcolea (Almería) y de 38 años, se separó hace tres años de su pareja, Sergio. Arrancó entonces una batalla judicial por la custodia del menor —que acudía a clase al CEIP La Jarilla, en Huércal de Almería— y constantes reproches por ambas partes. De hecho, el padre había sido denunciado por maltrato, pero las denuncias habían sido archivadas, según fuentes de la investigación. El último capítulo del enfrentamiento se escribía el viernes pasado, cuando tras una cita en los juzgados todo hacía indicar que el padre se iba a quedar con la custodia del pequeño. Él había alegado que su antigua pareja tenía problemas mentales. Según explicaron los familiares, ella estuvo ingresada este pasado verano durante 10 días en el área de Salud Mental de un hospital almeriense “tras un brote psicótico”.
La mujer tenía la custodia del niño de lunes a viernes y su exmarido los fines de semana. Pero la situación iba a cambiar. “Sergio había solicitado la custodia de su hijo y vivir en la casa donde ahora residía la madre, por lo que estaba preocupada de quedarse sin su hijo y sin techo”, explicaba Ana, que añadía que la detenida “se sentía muy sola, agobiada y sin ayuda”. “Estaba mal, eso se veía fácilmente. Pero jamás pudimos pensar que llegara a esto”, subrayaba mientras fumaba un cigarro tras otro.
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