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“Responsabilizamos a Monsanto por los nueve años que llevamos luchando contra el cáncer”

Una matrimonio septuagenario gana una millonaria demanda contra el fabricante, que afronta 13.000 acusaciones por no advertir del posible peligro de su herbicida Roundup


Alva y Alberta Pilliod, ambos diagnosticados con linfoma no Hodgkin (LNH).

Alva y Alberta Pilliod, ambos diagnosticados con linfoma no Hodgkin (LNH). REUTERS
El matrimonio Pilliod, residentes de Livermore, al este de San Francisco, utilizó Roundup durante 35 años para trabajar las tierras de su casa y otras propiedades. En 2011, a Alva Pilliod, de 77 años, le diagnosticaron linfoma no Hodgkin (LNH) en sus huesos, que se extendió a su pelvis y columna vertebral, y a Alberta, de 75, le detectaron un cáncer cerebral en 2015. Ambos están en remisión, pero tomando medicamentos para la quimioterapia. “Llevamos más de nueve años luchando contra el cáncer y no podemos hacer ninguna de las cosas que solíamos hacer. Realmente, responsabilizamos a Monsanto por eso”, sostuvo Alberta en una rueda de prensa este jueves tras conocerse que Bayer, dueña de Monsanto, les deberá pagar 2.055 millones de dólares de indeminzación. El objetivo de la mujer ahora es, además de que se haga justicia, el que la empresa coloque una advertencia en la etiqueta del Roundup.
Alva y Alberta demandaron al gigante farmacéutico porque contrajeron un linfoma después de usar durante décadas el herbicida Roundup, cuyo ingrediente clave es el glifosato. “La publicidad me hizo sentir que era un producto muy seguro”, tanto “como el agua azucarada”, explicó Alberta ante los jueces. El veredicto del jurado del norte de California acusó a la agroquímica de actuar con negligencia y no advertir de los peligros de su producto, que acumula más de 13.400 demandas por el mismo motivo. Esta es la tercera batalla judicial que pierde la empresa alemana, pero, aferrada a estudios científicos independientes, apelará cada uno de ellos.
La indemnización que deberá pagar Bayer incluye, además de los 2.000 millones de dólares en daños punitivos —1.000 para cada víctima—, otros 55 millones en daños compensatorios. Es posible que la cifra disminuya una vez que la compañía apele la decisión del juez. La compañía alemana comunicó su decepción ante el veredicto y adelantó que el litigio “llevará algún tiempo antes de que concluya”, ya que las apelaciones están pendientes y que “continuará evaluando y refinando sus estrategias legales a medida que avanza en la siguiente fase”.
Bayer, al igual que hacía Monsanto, defiende que los reguladores europeos y estadounidenses no han comprobado que el glifosato pueda provocar cáncer. El glifosato es el herbicida más utilizado en el mundo agrícola desde que fue lanzado al mercado a mediados de los años 70. Desde entonces, y hasta 2014, más de 8,6 millones de toneladas del producto han sido utilizados en campos de todo el mundo, según datos de la organización ecologista Greenpeace. La controversia sobre la seguridad del glifosato aumentó exponencialmente en 2015 cuando el Centro Internacional de Investigaciones sobre el Cáncer —IARC, por sus siglas en inglés, un órgano intergubernamental que forma parte de la Organización Mundial de la Salud (OMS)— incorporó a esta sustancia en la lista 2A, que recoge los principios activos que se consideran “probables cancerígenos” para el ser humano.
“Esta fue una decisión de gran calado, pero no ha sido secundada por las agencias correspondientes en Europa y Estados Unidos”, explica Miquel Porta, del Instituto Hospital del Mar de Investigaciones Médicas (IMIM). “Estos desacuerdos han acabado por ser fundamentales para que crezcan los recelos por el uso del glifosato. Mi opinión es que las desavenencias se deben a que no todos los organismos han tenido acceso a los mismos estudios o a todos ellos”, añade Porta, en referencia a las evidencias aportadas por las propias empresas.
Michael J. Miller, uno de los dos abogados de la pareja demandante, cree precisamente que lo que marcó la diferencia en este caso es que el jurado les permitió presentar documentos que han puesto de manifiesto que Monsanto había presentado como evidencias supuestos estudios científicos que en realidad eran fraudulentos. “A diferencia de lo que pasó en los dos casos anteriores, pudimos entregar toda la evidencia acumulada. Esto marcará un precedente para las miles de demandas que acumula la compañía”, destacó.
El primer caso que perdió Monsanto contra un demandante enfermo de cáncer fue el de Dewayne Johnson. Johnson desarrolló un LNH incurable que, según él, apareció tras utilizar Roundup en los terrenos escolares de la ciudad de Benicia, California. El jurado condenó a Bayer a pagarle 282 millones de dólares, pero que en noviembre de 2018 lo redujo a 78 millones. De todas formas, la multinacional apeló, por lo que el caso continúa en trámite.

Dos años para ver el dinero

Johnson ha explicado que muchos creen que es rico, pero que está prácticamente en la bancarrota, ya que la burocracia le impide acceder a la indemnización que le corresponde. El temor es que lo mismo ocurra con la pareja Pilliod, ambos mayores, sin grandes esperanzas de vida producto del cáncer. “Es verdad que van a tardar en ver el dinero, pero después de las apelaciones podrán obtenerlo, en algo así como dos años”, explicó Miller.
Fuentes cercanas a la compañía alemana han explicado que Bayer no tiene previsto cambiar su estrategia al menos hasta que las apelaciones de uno de los casos que ha perdido hayan sido resueltas, según publica The Wall Street Journal. Miller cree que no es una buena estrategia, ya que la primera resolución será la relacionada con el caso Johnson, que se conocerá a finales de noviembre. “Mientras tanto, van a seguir recibiendo veredictos que los perjudican y perdiendo casos”, augura el abogado.
El próximo juicio está programado para agosto en la corte estatal de Missouri. Será la primera vez que un jurado fuera de California deba entregar su veredicto respecto a un caso relacionado con el Roundup. El juicio se realizará en St. Louis, donde se encuentran las antiguas oficinas centrales de Monsanto, que la compañía que Bayer compró el año pasado. Desde entonces, las acciones del gigante alemán han caído un 40%.
La reputación de Monsanto también se ha visto golpeada por las revelaciones hechas en Francia de que la compañía investigó ilegalmente a unos 200 políticos, periodistas y científicos franceses para conocer sus posturas con respecto a los organismos genéticamente modificados y el glifosato. Bayer, que adquirió Monsanto en 2016 por casi 50.000 millones de euros, presentó disculpas por lo ocurrido el domingo.
La Unión Europea revisará en 2022 la autorización concedida a Monsanto para seguir comercializando el glifosato, cuyo uso se ha topado con una creciente contestación en todo el mundo durante los últimos años. Un tribunal de Colombia, por ejemplo, prohibió en 2015 su dispersión desde aviones para erradicar cultivos ilegales, aunque posteriormente esta orden fue anulada. Otras limitaciones parciales de su uso también han sido dictadas en países como Brasil, Argentina y El Salvador.
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