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Cae una red que introducía ciudadanos asiáticos en patera por Cádiz

La Policía ha detenido a los once bangladesíes que lideraban la organización en Barcelona. Cobraban hasta 20.000 euros por persona


Alertados por la llegada de ciudadanos asiáticos en pateras a las costas de Cádiz procedentes de Marruecos, la Policía Nacional ha desarticulado una red que introducías —previo pago de hasta 20.000 euros— ciudadanos procedentes de Bangladesh, Sri Lanka, Pakistán e India. La organización, formada por bangladesíes, facilitó la entrada de al menos 350 personas. Los once principales integrantes de la red en España han sido detenidos en Barcelona, donde estaban asentados.

Varios migrantes, entre ellos algunos asiáticos, en el puerto de Málaga, el pasado 22 de octubre.

Varios migrantes, entre ellos algunos asiáticos, en el puerto de Málaga, el pasado 22 de octubre. NACHO SÁNCHEZ
La investigación tuvo su inicio tras la sorpresa de encontrar en varias pateras, llegadas a las costas gaditanas, inmigrantes irregulares de origen asiático. Tras las primeras averiguaciones, los agentes constataron que se trataba de varias organizaciones criminales que coordinaban esfuerzos para el traslado de los extranjeros de manera ilegal hasta el territorio español. El entramado delictivo había establecido una red por cada uno de los países de origen de los inmigrantes, así como en los Estados de tránsito y destino.
La red se caracterizaba por el reparto de papeles, según los investigadores. Unos se encargaban de la captación en origen de los migrantes, otros gestionaban los traslados y el alojamiento en los países de tránsito, otros materializaban la travesía marítima, lo que incluye relaciones con las autoridades locales, elección de aspectos tales como la hora, lugar y fecha de salida. La red principal, afincada en España, era la que coordinaba todos los aspectos operativos desde el inicio hasta el final del viaje. Los ciudadanos extranjeros objeto de tráfico llegaron a cruzar tres continentes.
Las distintas redes estaban formadas por ciudadanos de diversos países asiáticos que contaban con una infraestructura para la captación y el traslado de inmigrantes en sus diferentes países de procedencia. Los extranjeros eran alojados en ciudades de tránsito como Argel, Orán o Maghnia en Argelia; y Rabat, Casablanca, Oujda o Tetuán en Marruecos.
Lo primero que hacía la organización era obtener “de forma fraudulenta” visados para Argelia, normalmente, en la representación consular en India. Tras volar al país norteafricano eran alojados en ciudades fronterizas con Marruecos hasta ser guiados a pie —en horarios nocturnos— y con la connivencia de miembros de las autoridades de control fronterizo de ambos países, para el cruce de frontera hacia Marruecos. Una vez en este punto, los inmigrantes eran dirigidos por integrantes de la red y alojados en inmuebles propiedad de la red en Oujda —junto a la frontera argelina— Rabat o Casablanca.

De 14.000 a 20.000 euros

A continuación los inmigrantes eran trasladados a Tánger o Nador, donde quedaban en manos de la organización marroquí, que era la encargada de realizar su traslado por mar hasta las costas españolas.
Los agentes comprobaron la elevada cantidad que los inmigrantes pagaban a esta organización, entre 14.000 y 20.000 euros, así como el tipo de embarcaciones usadas, semirrígidas y con motores de gran potencia.
Los traficantes mantenían a los inmigrantes alojados durante meses en viviendas de diferentes ciudades marroquíes, en condiciones de hacinamiento, donde se les proporcionaba manutención y se les ocultaba hasta el momento de llevar a cabo la travesía.
Desde la ciudad de Barcelona, donde se encontraban los principales traficantes de la red asentada en España, se impartían las órdenes y comunicaciones a los captadores y a los intermediarios para coordinar las diferentes fases del viaje.
También se encargaban de todos los trayectos y alojamientos de los inmigrantes, desde los países asiáticos de origen hasta Argelia en avión, el paso de frontera a pie hasta Marruecos y a través del Estrecho de Gibraltar o Mar de Alborán hasta las costas españolas.
Además, facilitaban la recepción de los traficados y les proveían de documentos de viaje e identidad, así como de certificados para facilitar su regularización administrativa en nuestro país. La red contaba con un falsificador en Barcelona, que poseía diversos sellos de organismos oficiales de Bangladesh con los que “expedía” certificados de antecedentes penales y “renovaba” pasaportes.
Gracias a la investigación fueron identificados algunos de los participantes de las redes asentadas en Marruecos y Argelia y algunos de los captadores en Bangladesh. Finalmente, la operación policial culminó con la detención de 11 personas. Los agentes también realizaron tres entradas y registros y cinco inspecciones comerciales en Barcelona.
Los miembros de la Unidad Central de Redes de Inmigración Ilegal y Falsedades Documentales (UCRIF) de la Policía Nacional intervinieron en la operación un total de 18.000 euros, sellos de organismos oficiales de Bangladesh, documentación falsificada, 32 pasaportes, más de 200 certificados falsos así como dispositivos de almacenamiento masivo de información.

UN FENÓMENO CON CASI UN AÑO DE ANTIGÜEDAD

El fenómeno de la presencia de ciudadanos asiáticos en las pateras que cruzan el estrecho comenzó a detectarse a finales de 2018. Entre los 60.000 inmigrantes que alcanzaron las costas españolas ese año de repunte de la inmigración hacia España —En lo que va de año 6.623 personas han llegado en patera— llamaba la atención de las autoridades y de las ONG que los atendían, la presencia de personas con rasgos distintos, de caras más afiladas y tez más clara. En las entrevistas posteriores aseguraron que venían de países como Sri Lanka o Myanmar.
No son casos muy numerosos. Frontex y ACNUR calculan que pudieron llegar un millar a lo largo de 2018 por tierra y mar: “Más que en los nueve años anteriores”. Sin embargo, se trata de un tipo de inmigración enormemente costosa, tanto por el larguísimo recorrido (más de 10.000 kilómetros), como por el coste: llegan a pagar hasta 20.000 euros por estas arriesgadas y penosas travesías que implican entregarse a distintas mafias para cruzar varios continentes ante la imposibilidad de conseguir un visado.
Las ONG que los asisten a su llegada a España aseguran que los inmigrantes asiáticos prefieren continuar su viaje lo antes posible, generalmente hacia Reino Unido. Pero descartan que la llegada de estos ciudadanos a las costas españolas tenga que ver con el cierre de rutas como la de Libia.
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