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El Sistema Solar puede volver a tener nueve planetas

Varios estudios y nuevos descubrimientos sugieren que es necesario un planeta diez veces mayor que la Tierra para explicar las órbitas de los objetos más allá de Plutón




Impresión artística del Planeta Nueve con el sistema solar al fondo a la derecha. TOM RUEN


Hasta hace poco, Plutón estaba en la frontera del Sistema Solar. En las escuelas de todo el mundo se estudiaba al pequeño planeta como el noveno de la familia y más allá parecía existir solo el vacío interestelar. Las cosas se complicaron en los noventa con el hallazgo de una gran cantidad de pequeños objetos helados en una región más allá de Plutón que se bautizó como cinturón de Kuiper. El estudio de esta zona mostró también que el que durante más de 70 años había sido el noveno planeta tenía más que ver con la población del nuevo suburbio. En 2006, en una polémica decisión de la Unión Astronómica Internacional, Plutón fue degradado y el Sistema Solar pasó a tener ocho planetas, pero es posible que la situación cambie pronto. En las últimas semanas, varios artículos científicos y algunos descubrimientos astronómicos sugieren que estamos a punto de conocer al nuevo planeta 9.
La sospecha de que existe un mundo desconocido más allá de Plutón tiene un vínculo estrecho con el estudio de ese cinturón que provocó la degradación del planeta enano. En 2016, Konstantin Batygin y Michael Brown, del Instituto Caltech de California, publicaron un artículo en el que, a partir del análisis de los movimientos de estos objetos, predecían la existencia y ciertas características del Planeta 9. Tendría 10 veces la masa de la Tierra, necesitaría 15.000 años para dar una vuelta al Sol y en su momento de mayor acercamiento a nuestro planeta estaría 200 veces más lejos que nosotros de nuestra estrella. Esa órbita tan alejada explicaría por qué aún no lo hemos visto.

Con anterioridad se propuso la existencia del planeta Vulcano y de la estrella Nexus que nunca se encontraron

El pasado 10 de febrero, Batygin, Brown y dos colegas más publicaron una revisión de todos los datos que sustentan la existencia del nuevo planeta y concluyeron que es difícil explicar el movimiento de las rocas heladas del cinturón de Kuiper sin la existencia de un planeta de gran tamaño que provoque sus extraños movimientos. Brown, conocido por ser uno de los principales responsables de relegar a Plutón a planeta enano, cree que, con la tecnología disponible, se debería detectar el nuevo planeta en los próximos diez años o al menos conocer mejor su órbita probable.
Otro de los frentes en la búsqueda del nuevo planeta del Sistema Solar, que sería el primero descubierto desde el siglo XIX y solo el tercero desde la Antigüedad, es la búsqueda de nuevos objetos en el cinturón de Kuiper que pueden ampliar la información indirecta sobre el mundo desconocido. Esa pesquisa está liderada hasta el momento por un trío de astrónomos estadounidenses. Scott Sheppard, de la Institución Carnegie, David Tholen, de la Universidad de Hawái, y Chad Trujillo, de la Universidad del Norte de Arizona han descubierto el 80% de los nuevos mundos en esta lejana región a más de 9.000 millones de kilómetros de distancia del Sol.
En diciembre, este trío descubrió Farout (que se puede traducir como Lejano), un cuerpo tres veces más alejado del Sol que Plutón, y en enero batieron su propio récord añadiendo al catálogo Farfarout (que traduciremos como Aún más lejano). Unos meses antes, en octubre, habían identificado a El Duende, un planeta enano de apenas 300 kilómetros de diámetro, tan excéntrico que tarda 40.000 años en completar una vuelta al Sol. Su excentricidad, según afirmaban Shepard y sus colegas, podría explicarse por la presencia del Planeta 9.
Si finalmente se localiza a partir de sus efectos gravitacionales, se uniría a Neptuno. En la década de 1840 aún eran siete los planetas conocidos del Sistema Solar. El último descubierto había sido Urano, en 1781, y pese al tiempo transcurrido, los astrónomos no habían sido capaces de explicar las irregularidades de su órbita. Esto cambió cuando el matemático Urbain Le Verrier analizó sus movimientos y dedujo que debía haber algún otro planeta perturbando a Urano. Poco después de que Le Verrier hiciese público su estudio, astrónomos en Alemania utilizaron sus cálculos para localizar Neptuno exactamente en el lugar donde el francés predijo que estaría.
La proeza de Le Verrier empujó a otros astrónomos a tratar de hacer conjeturas similares, pero este tipo de búsquedas han tenido fracasos sonados. En el siglo XIX, una anomalía en la órbita de Mercurio se trató de explicar con un planeta llamado Vulcano, y en los ochenta, se propuso la existencia de una estrella enana marrón atrapada por el Sol a 1,5 años luz de distancia. Ni el planeta ni la estrella se han encontrado jamás. A medio camino entre el éxito y el fracaso quedó el esfuerzo de Percival Lowell, que construyó un observatorio en Arizona (EE UU) para buscar planetas más allá de Neptuno. Los cálculos en los que basaba sus pesquisas eran erróneos, pero desde uno de sus telescopios se observó por primera vez, en 1930, Plutón. No era exactamente lo que buscaban, pero mantuvo su categoría de planeta 9 durante más de siete décadas.
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