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Laura Luelmo murió de un golpe entre dos y tres días después de desaparecer

La policía detiene a un vecino de 50 años que vivía enfrente de la profesora. Bernardo Montoya, quien cumplió condena por asesinato, había salido de prisión en octubre




Los agentes inspeccionan la zona, en Huelva, donde ha aparecido el cadáver de Laura Luelmo en busca de pruebas. En vídeo, la Policía inspecciona minuciosamente la vivienda del detenido por la muerte de Laura Luelmo. ALEJANDRO RUESGA | ATLAS
Laura Luelmo murió a los 26 años de un golpe en la cabeza en algún momento entre el viernes y el sábado pasados, según los resultados preliminares de la autopsia, pero desde la tarde del miércoles anterior, el día 12, nadie supo nada de esta joven maestra zamorana que se había trasladado a Huelva para dar clases de dibujo en un instituto de Nerva. Su familia presentó la denuncia el 13. ¿Qué pasó con Laura Luelmo desde que desapareció hasta su fallecimiento? La Guardia Civil detuvo este martes como principal sospechoso de la muerte a Bernardo Montoya, de 50 años, quien cumplió en su día una condena por el asesinato de una anciana. El hombre vive en la localidad de El Campillo enfrente de la casa donde la joven se había instalado, a unos nueve kilómetros de su trabajo.


Los resultados preliminares de la autopsia, conocidos la noche de este martes, muestran un margen de dos o tres días en los que la joven estuvo desaparecida y viva. A falta de confirmación oficial definitiva, puede que la profesora estuviese retenida —una hipótesis que parece menos probable— o que pasase un lapso entre la agresión y la muerte. Queda también por confirmar si, como se sospecha, fue agredida sexualmente.
El cuerpo de Luelmo fue hallado el lunes con signos visibles de violencia oculto entre unos matorrales, boca abajo y semidesnudo. El hecho de que sus ropas fuesen encontradas desperdigadas —“el pantalón por un lado, las bragas por otro”, según fuentes de la investigación— a escasos metros del cadáver lleva a los investigadores a decantarse por que fue allí mismo donde la mató su agresor, empleando “una violencia extrema” hasta que sometió a su víctima tras forcejear.
El cadáver fue localizado entre matorrales en un terraplén a la altura del kilómetro 166 de la N-435, muy cerca de un sendero transitado. También presentaba marcas en el cuello, según las mismas fuentes, que deducen, tanto por el estado del cuerpo como por las lesiones que tenía, que la mujer “se resistió bastante”.
La autopsia determinará si hay restos del ADN del agresor en el cadáver. Los investigadores confían en que las huellas genéticas y otros restos e indicios recogidos en la zona resulten pruebas suficientes para culpar al detenido, ya que no ha pasado demasiado tiempo ni ha llovido, lo que facilita la recogida de pistas.


QUEDADAS PARA CORRER Y SU ÚLTIMO DIBUJO


Hashtags'. Varias etiquetas han agrupado en Twitter las respuestas a la muerte violenta de Laura Luelmo. Entre ellas, #TodosSomosLaura y #Niunamasniunamenos (2.000 tuits cada una).
Ilustrado por Laura. La mujer subió un dibujo suyo el día 8 de marzo. Vestía el símbolo feminista con una capa. La noche de este martes había sido retuiteado más de 9.000 veces y cosechado 14.000 me gusta.
Protesta en WhatsApp. Muchos usuarios han cambiado su avatar por el dibujo de dos artistas peruanas que firman como EmmayLola: dos niñas deseando que en 2019 “cada niña y mujer que sale de su casa vuelva sana y salva”.
Encuentros de corredores.Muchas mujeres han subido fotos con #corrersinmiedo (casi 2.000 tuits). Se han convocado quedadas de runners en Bilbao, Logrollo y Valencia.

El sospechoso cuenta con un amplio historial delictivo. En octubre, salió de prisión tras cumplir una condena de dos años y 10 meses por robo con violencia. Antes había cumplido otra pena de 17 años y siete meses por el asesinato en 1995 de una octogenaria en Cortegana, el municipio onubense distante unos 50 kilómetros de El Campillo donde Montoya residía entonces. Mató a la mujer para que no le acusara de un robo. Durante un permiso penitenciario en 2008, asaltó a una peluquera de El Campillo con una navaja, por lo que fue sentenciado a otro año y seis meses.
Desde el primer momento, Montoya encabezaba la lista de sospechosos de la Guardia Civil. Fuentes de la investigación aseguran que han seguido sus pasos y esperado para detenerle una vez hallado el cadáver, convertido ya en la prueba principal de cargo. El que el arrestado dejase el pueblo poco después de comenzar la búsqueda de Luelmo y le dijese a un vecino que “tenía problemas con su coche”, un Alfa Romeo negro, y quería volver a Cortegana, alertó a los investigadores. Este martes fue detenido en las proximidades de ese último municipio. Iba conduciendo y, cuando vio a los guardias civiles, bajó del vehículo e intentó huir campo a través, señalan dichas fuentes.
Montoya había despertado gran suspicacia en El Campillo tras atacar a la peluquera. A Luelmo tampoco le había gustado aquel vecino ni cómo la miraba, según contó a su novio, indican fuentes de la investigación. El ahora detenido pasaba largos ratos a la puerta de su casa, según los vecinos, atento a los movimientos de la profesora, que apenas vivió allí cuatro días. Fuentes penitenciarias confirmaron a Efe que Montoya acudió a la prisión de Huelva para mantener un vis a vis con su novia, una reclusa a la que había conocido durante su periodo de internamiento.
Algunos vecinos habían mantenido breves contactos con él en el bar o por la calle. El detenido permaneció todo el martes en dependencias del cuartel del instituto armado de Valverde del Camino, cuyo juzgado de Instrucción número 1 se ha hecho cargo del caso. La Guardia Civil ya había tomado declaración a Montoya y a otros vecinos tras desaparecer la joven. El equipo que cerró el caso de Diana Quer, asesinada en Galicia, se ha hecho cargo de las investigaciones.
El lugar en el que un voluntario halló el cadáver el lunes a mediodía también se ha convertido en clave para las pesquisas. La rápida identificación del cuerpo fue posible por un tatuaje en el torso.
La última señal del móvil de la víctima, aún no localizado, apuntaba en dirección contraria al lugar donde se halló el cuerpo. Ello puede deberse a “una simple saturación de las antenas repetidoras de la zona, que reflejan las señales”, según fuentes próximas a la investigación. Con todo, los agentes siguen tratando de localizarlo.
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