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Funcionario austero de día, supernarco de noche

La Guardia Civil detiene a 57 personas en operación antidroga en el Estrecho

narcotrafico

Imagen facilitada por la Guardia Civil de la operación.
Funcionario austero de día, narco de una de las grandes bandas del hachís de noche. Esa era la dicotomía en la que vivía uno de los traficantes ha acabado detenido por la Guardia Civil en el Campo de Gibraltar. Su trabajo en un ayuntamiento y su utilitario corriente se convirtieron en la coartada perfecta para dirigir una organización que alijaba 60.000 kilos de hachís al año. El empleado público es solo una de las 57 personas detenidas en un operativo en el que los agentes han decomisado casi 10 toneladas de droga y han recuperado o incautado bienes por valor de 3,3 millones de euros.
Tal despliegue de personal y medios hacía a la banda funcionar como una gran cooperativa que era capaz de introducir droga por más de 62 kilómetros de costa: desde Tarifa (Cádiz), hasta Manilva (Málaga). “Es una de las más importantes organizaciones criminales dedicada al tráfico de drogas entre el Norte de África y Europa a través de las costas andaluzas”, ha afirmado hoy la Guardia Civil en un comunicado en el que ha informado de la denominada operación ‘Albarracín’.
Hasta cuatro meses de pesquisas, registros y detenciones han necesitado las comandancias de Cádiz, Algeciras y Málaga para dar por acabada a la banda. “Lo importante es que se ha desmontado todo, aunque ahora la investigación por blanqueo sigue”, aseguran fuentes cercanas a la investigación. Fue en agosto cuando los agentes se percataron de que en la zona del Estrecho estaba operando una organización de narcos “muy activa”. Tanto que la Guardia Civil ahora cree que eran capaces de introducir hasta 60.000 kilos de hachís al año. Para conseguir transportar tanta droga desde Marruecos, el macrogrupo se había organizado como una asociación de bandas que poseía hasta tres cabecillas, entre los que se encontraba el funcionario del que no ha trascendido en qué localidad trabajaba. Los tres líderes, constituidos en una suerte de cooperativa, compartían recursos y medios humanos para organizar alijos a lo largo de la costa en función de la oportunidad que encontraban, tal y como explica uno de los agentes.
Para ellos trabajaban los más de 50 detenidos. De hecho, de los 57 apresados, además de los cabecillas se encuentran personas descubiertas mientras culminaban los alijos en la playa, durante la custodia de la droga o de los vehículos sustraídos. Además, también han acabado investigados personal de los escalones de infraestructura y logística. El Juzgado Mixto número 1 de San Roque -que se está encargando de la investigación- ya decretado la entrada en prisión para más de la mitad de los detenidos. La banda había conseguido hacerse con una serie de pilotos experimentados para conducir las ‘gomas’ o ‘narcolanchas’ y, como tal, estaban “muy bien retribuidos y considerados”. En tierra, la organización contaba con una amplia red que iba desde las ‘collas’, grupos encargados de la descarga, a los ‘puntos’, escalones más bajos de la organización que informaban con sus móviles sobre la presencia de agentes o no. Pero ni en eso la ‘narcocooperativa’ escatimaba: los investigadores han recuperado hasta 30 teléfonos móviles, algunos con pegatinas en los que indicaba el lugar donde tenían que ubicarse los informantes.
La organización se encargaba de todo el movimiento de la droga, desde la recogida en el norte de África hasta su partida a otros puntos de España o Europa. Una vez que conseguían introducir la droga en España, la cargaban en todoterrenos y vehículos robados por otra división de la organización que los sustraía distintos puntos del país y de Marruecos. La Guardia Civil ha recuperado hasta 12 coches -todos adaptados con las lunas pintadas y sin asientos traseros- con los que movían la droga hasta las guarderías que la banda poseía para esconderlas. Y también en esos almacenes del hachís el grupo hacía gala de su despliegue. Los agentes han podido localizar hasta diez escondites de la droga en las localidades gaditanas y malagueñas de Manilva, Casares, San Enrique de Guadiaro, Tesorillo, Estepona y Tarifa. Según el municipio, la organización usaba distintas argucias para que pasaran desapercibidos. En San Roque y Manilva, empleaban obras en construcción. En Tarifa tenían fincas con contenedores de mercancías en las que ocultaban los fardos.
Los narcos movían la droga entre sus distintas guarderías: unas más cercanas a la costa para un primer movimiento y otras más alejadas y con mayor seguridad para el segundo paso, previo a su salida para distintas partes de Europa. En todos los casos, estaban custodiados por su propio personal, asalariados encargados de evitar el robo del hachís por parte de otras organizaciones. En toda esta red de propiedades, la Guardia Civil ha incautado 9.640 kilogramos de hachís que procedían de alijos ocurridos en las playas de Tarifa, San Roque y Manilva. Es la droga que se ha podido recuperar tras ocho registros domiciliarios, pero los agentes han conseguido hacerse con más bienes. Los investigadores han intervenido bienes inmuebles por un valor 2.809.576 euros y de bienes muebles por 293.818 euros. Además, han conseguido hacerse con numerosa documentación que ahora “será analizada por equipos especializados en investigación económica y blanqueo de capitales”, según ha explicado la institución. Por eso, la Guardia Civil ha solicitado al juzgado que los implicados propietarios de los bienes no puedan recuperarlos hasta que se determine su origen.
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