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El joven heredero del reino del narco

El mayor de Los Castaña pone el control de la principal banda de hachís en manos de su hijo, mientras la incertidumbre se apodera del negocio




El cantante Clase A (izquierda) junto a Francisco Tejón, 'El castaña' en un fotograma de un videoclip de reguetón. En vídeo, el videoclip de Clase A.
Francisco Isco Tejón se entregó a los agentes en octubre, acorralado, aunque con el tiempo y el descaro de haber protagonizado un videoclip de reguetón. Antes que él, en junio, un despliegue de cien policías consiguió detener en La Línea de la Concepción (Cádiz) a su hermano, Antonio Tejón, mientras visitaba a su amante. En apenas cuatro meses acabaron entre rejas Los Castaña, reyes del hachís de La Línea y los narcos más buscados de España. Pero antes de capitular, Isco lo dejó todo bien atado. Su hijo Darren, de apenas 20 años, heredó el negocio familiar. El joven no lo está teniendo nada fácil. Con la policía y otras bandas pisando los talones, corren tiempos inciertos en el reino del narco.
En el submundo del hachís se vive deprisa. Francisco y Antonio, de 39 y 34 años, ya están retirados. Pasan ahora los días incomunicados en prisiones de Córdoba y Granada, respectivamente. En estos años les ha dado tiempo a controlar las pequeñas organizaciones del narcotráfico del Campo de Gibraltar, llegar a lo más alto y amasar una fortuna ilegal de unos 30 millones de euros. También de introducir en su banda a Darren Tejón que, pese a su corta edad, ya tiene dos causas abiertas con la justicia por narcotráfico. Ni en los juzgados ni en la policía tienen dudas de que los frutos de lo conseguido por su padre y tío son para él. “Con ellos terminó una etapa y con su heredero se abre otra”, reconoce una fuente judicial.


Eclipsado por la arrolladora fama de los anteriores capos, famosos por comprar voluntades a base de generosidad, de Darren poco se sabe aún. La primera vez que saltó a la luz pública fue en 2017, cuando acabó detenido en Tetuán (Marruecos) junto a su tío Antonio y su pareja, María. Después de aquello y de otra causa más, Darren quedó en libertad con cargos. Sin embargo, en la fiscalía de Cádiz tienen claro que ha seguido participando activamente en la banda: “Estamos siguiendo sus movimientos”. Isco y Antonio han intentado allanar al máximo la transición en la banda. “Antes de entregarse, Francisco ha dejado todo pagado y mucho dinero en efectivo para que esté todo atado”, apunta el mismo agente.
Es más que previsible que el joven Castaña acabe entrando en prisión, pero eso no frustra su ascenso. “Si ocurre, no estará incomunicado por no tener tantos delitos a sus espaldas como su tío y su padre, y podrá seguir desde la cárcel, como tantas veces hacen”, reconoce un guardia civil de La Línea. Su mayor reto es otro. Debe ser capaz de seguir aglutinando a las aproximadamente 30 pequeñas microbandas del hachís y controlar un negocio amenazado por la presión policial y la presencia de organizaciones foráneas.
“Estamos en un momento de incertidumbre. Antonio e Isco lo dejaron todo organizado, pero estas organizaciones no son estancas, hay quien trabaja para varias”, reconoce un mando policial del Campo de Gibraltar. En esa amalgama de cuñados y amigos cercanos, Darren tendrá que mantener a sus lugartenientes atados en corto para evitar que, por su cuenta, creen nuevos negocios o pactos que le desbanquen. Tampoco puede perder de vista a otras bandas que, hasta ahora, han mantenido un perfil bajo. “Que domine una única banda es difícil, que sean varios grupos, es probable”, reconocen desde el ámbito judicial.

Lucha entre bandas

Entre ellas, los agentes siguen de cerca a una organización de rancio abolengo, fuerte en El Zabal, una barriada de construcciones ilegales en La Línea de la Concepción en las que el narco campa a sus anchas. “Los padres se hicieron millonarios con el tabaco y siguieron con el hachís. Ahora están tres hijos. Siempre han sido discretos, pero ojo con ellos”, reconoce un agente de la ciudad. Pero para controlar el negocio del hachís como llegaron a hacerlo Los Castaña hace falta mucho más, a juicio del mando policial: “No es cuestión de lo que ellos quieran, sino de la confianza que sean capaces de generar”.
Y por si fuera poco, Darren aún tiene más quebraderos de cabeza. El prometido refuerzo en las fuerzas de seguridad ha llegado —al menos, en parte— y eso se ha notado en la actividad de los alijos en La Línea. “La actividad se ha reducido por la presión”, apunta el policía. Eso ha provocado dos reacciones. Que organizaciones de otros puntos del Campo de Gibraltar, como Los Pantoja, en Algeciras, intenten tomar ventaja, y que tengan que buscar nuevos puntos de alijo en la desembocadura del Guadalquivir, Huelva o Málaga.
“Es el efecto tsunami”, como lo define esta fuente judicial. Entre el cerco policial y el posible arribismo de bandas locales o foráneas, ese es el trono que hereda Darren Tejón. El tiempo dirá si el joven, pero experimentado Castaña, es digno heredero del reinado del narcotráfico.
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