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La detención de Charlín confirma el regreso de los viejos capos gallegos

El clan de Los Charlines ha resistido desde los años 80 pese a las dos décadas que su patriarca pasó en prisión


Manuel Charlin

El histórico capo gallego Manuel Charlín Gama, de 85 años, en un bar de Vilanova de Arousa en 2013.

Las planeadoras habían prácticamente desaparecido de la escena cotidiana en la Rías Baixas de Galicia. Ni se escuchaba de noche el rugido de sus motores ni se dejaban ver en medio de alguna escaramuza entre bandas rivales o en alguna persecución policial. Pero todo era un espejismo. Lo único que había cambiado era el escenario de las actividades de los viejos clanes gallegos del narcotráfico.cambiado de escenario. La detención este miércoles del más veterano de los jefes del negocio ilegal, Manuel Charlín Gama, de 85 años, así lo corrobora.
 El narcotráfico tal y como es conocido desde que surgió en Galicia a principios de los años ochenta ha regresado de la mano de históricos grupos como el Los Charlines que han vuelto a caer intentando revalidar su estatus en este negocio. El arresto por quinta vez de su patriarca Manuel Charlin -en libertad condicional desde 2010- se ha producido en una operación en la que también ha sido detenido otro histórico, Jacinto Santos Viñas, ambos relacionados con un alijo de 2,5 toneladas de cocaína interceptado el pasado lunes en pleno Atlántico, a 400 millas de las islas Azores. Antes, el pasado febrero, ya había caído también José Ramón Prado Bugallo, Sito Miñanco, por su vinculación con dos cargamentos que sumaban cuatro toneladas de cocaína.
 Los viejos jefes del negocio ilegal en las Rías Baixas han regresado con la misma logística con la que comenzaron: sin intermediarios, comprando la mercancía directamente a los proveedores, asumiendo el traslado de la droga desde Sudamérica y el desembarco con planeadoras propias o alquiladas. “Un regreso que les ha coronado una vez más como los número uno del transporte marítimo de cocaína”, afirma un responsable policial.
  Manuel Charlín es el patriarca del mayor clan familiar que surgió en Galicia en la década de los setenta y el que ha logrado sobrevivir a 20 años de cárcel  de su jefe y al embargo de su enorme patrimonio. Su avanzada edad no ha sido un obstáculo para que el abuelo del narcotráfico haya intentado una vez más desafiar a la Policía.
Su larga actividad en los negocios ilegales, junto a su hermano José Luis, elevó a esta saga al más alto nivel del crimen organizado con experimentada infraestructura en el tráfico de cocaína y hachís, aunque parte de su fortuna tiene su origen en el contrabando de tabaco y la distribución de pequeñas partidas de heroína. Los Charlines crearon la escuela de la que salieron otros históricos. Trabajar para el clan era como hacer un máster en el negocio ya que tenían los mejores contactos en Colombia y Marruecos, y no necesitaban intermediarios. Su flota de barcos fue la primera que comenzó a surcar el Atlántico con el Halcón II y el Rand a la cabeza, los buques insignia, y contó con el grupo de transportistas más experimentado de aquel entonces.
A finales de los ochenta, los dos cabecillas del clan ya habían incorporado a sus hijos en el negocio del narco hasta que la cárcel los separó. José Luis fue detenido en Portugal antes de que Manuel cayera en la redada de la Operación Nécora, de la que salió impune. Comenzaba una nueva etapa para el clan, con decenas de empresas y un patrimonio que superaba los 30 millones de euros. Mientras tanto, dos de sus barcos, el Rand y el Del Sur, continuaron haciendo sus travesías desde Panamá, a través de Cartagena de Indias, donde cargaban la cocaína, hasta Galicia, donde las planeadoras descargaban impunemente la droga.
En pleno proceso de la Operación Nécora, el clan afrontó su primer revés judicial cuando el transportista de la organización, Manuel Baúlo, y uno de sus hijos delataron a sus jefes ante el juez Baltasar Garzón. Unas confesiones que le costaron la vida de Baúlo en 1994, cuando fue tiroteado por unos sicarios colombianos en su casa de Cambados (Pontevedra) durante un permiso carcelario. Aunque se libraron de la acusación de ser los autores intelectuales del asesinato de Baúlo, las declaraciones de este como testigo de cargo sirvieron para que Charlín y su hija Josefa fueran condenados por un transporte de 600 kilos de cocaína.
Desde entonces, Charlín, junto a sus seis hijos y parte de sus nietos, asumió los mayores varapalos judiciales con el decomiso de casi todos sus bienes. Solo consiguió salvar parte de sus empresas que fueron embargadas y que pretendió recuperar luego pujando en las subastas. Una presunta estafa que todavía está pendiente de resolución en los tribunales, después de que 2010 se destaparan otros 15 millones de euros que el clan tenía en cuentas bancarias en Suiza y en cocederos de marisco en China. Ese golpe a sus finanzas probablemente pesó en la decisión de prolongar la incombustible carrera de Los Charlines en el narcotráfico.
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