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Trump redobla la presión sobre China con nuevos aranceles sobre otros 200.000 millones

Washington publica una lista de más de 6.000 productos chinos sujetos a un gravamen del 10% a partir de septiembre. La guerra comercial entra en una nueva fase

Conferencia sobre negocios con China en  Washington el pasado mayo, donde participó el representante de EE UU para comercio, Robert Lighthizer.

Conferencia sobre negocios con China en Washington el pasado mayo, donde participó el representante de EE UU para comercio, Robert Lighthizer.  AP
La batalla comercial entre Estados Unidos y China ha entrado ya en una zona de cifras gruesas, que van más allá de la gesticulación —de por sí peligrosa para confianza inversora— y empiezan a apuntar a una guerra comercial a gran escala. Donald Trump ordenó este martes a la Oficina del Representante de Comercio Exterior que active el proceso para fijar nuevos aranceles del 10% sobre más de 6.000 productos chinos cuyo valor de exportación ronda los 200.000 millones de dólares al año. Es la respuesta a la represalia de Pekín el pasado viernes, que puso en marcha gravámenes a productos estadounidenses por 34.000 millones horas después de que Washington hubiera hecho por lo propio.
La escalada arancelaria entre las dos mayores potencias económicas del mundo se ha producido en la misma secuencia de esta semana. La Administración de Trump amenaza con aranceles y el régimen chino hace lo propio, con las mismas tarifas y el mismo volumen económico afectado. Tras negociaciones infructuosas, EE UU activa los aranceles y amenaza con más si China responde. Y China responde, así que EE UU poner en marcha la nueva ronda de tarifas aduaneras. Así ad infinítum o, más bien, hasta superar los 500.000 millones de dólares, que es la cantidad total de exportaciones que se verán afectadas por las tasas si se cumpliesen todas las amenazas que ya hay sobre la mesa. La cifra resulta vertiginosa: el intercambio de productos entre ambos países rozó los 600.000 millones de dólares en 2016 (con 115.600 exportados hacia China y 347.000 hacia EE UU).
La lista adicional de bienes a los que la Oficina del Representante de Comercio Exterior propone aplicar el arancel, hecha pública esta noche, ocupa 205 páginas, e incluye una gran variedad de productos (del carbón al tabaco, pasando por productos químicos o neumáticos). El embajador Robert Lighthizer argumenta en un comunicado que la reacción de Pekín “no tiene base legal ni justificación” y que el arancel del 10% que plantea para los nuevos productos es una “respuesta apropiada” a unas políticas industriales por parte de China "dañinas”. Washington apunta a los productos identificados que se benefician de la nueva política industrial para 2025, el gran plan económico de China.
Pekín considera que esta nueva lista es "totalmente inaceptable" y ha asegurado que responderá "con las contramedidas necesarias" si finalmente estos aranceles entran en vigor. "Con esta actitud, Estados Unidos daña a China, al mundo y a sí mismo", afirmó el Ministerio de Comercio en un comunicado, informa Xavier Fontdeglòria. El país asiático lo tendrá imposible para devolver un golpe de la misma intensidad simplemente porque sus importaciones desde Estados Unidos no alcanzan los 200.000 millones de dólares. Es probable, según los expertos, que Pekín abra la veda de las medidas no arancelarias: al tener un control considerable sobre la economía, las autoridades pueden fácilmente dificultar la actividad de las empresas estadounidenses en territorio chino o incluso impulsar un boicot encubierto al país, desde dejar de comprar sus productos hasta restringir el turismo chino a EE UU, entre otras medidas.
El listado se someterá a una fase consultas entre los días 20 y 23 de agosto con el fin de tomar una decisión el 25 del mismo mes. Con la última ronda de aranceles activas, la del pasado viernes, la fase de consultas redujo el impacto de 50.000 millones a 34.000, mientras que los 16.000 siguen en estudio. La aplicación de los aranceles anunciados esta noche va para largo y, mientras tanto, la Administración de Trump y el régimen de Xi Jinping puede tratar de acercar posturas. Hasta ahora, no lo han logrado: EE UU critican el enorme déficit comercial que registra respecto a China (de más cerca de 400.000 millones), acusa al régimen de competir de forma desleal y crear un marco regulatorio de asociación con inversores locales que favorece el robo de propiedad intelectual a los inversores estadounidenses.
“Durante muchos años, China recurrió a prácticas abusivas que van en detrimento de nuestra economía, nuestros trabajadores y nuestras empresas”, reitera Lighthizer en su comunicado, en el que califica la conducta china de “amenaza existencial”. “Durante más de un año hemos urgido pacientemente a China que ponga fin a estas prácticas injustas, que abra sus mercado y que se comprometa con una competencia real”, señala, “hemos sido muy claros y detallados respecto a los cambios que deberían tomar. Pero en lugar de resolver una preocupación legítima reprimieron nuestros productos”.
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