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La desaceleración de Isabel II

A sus 92 años, la reina de Inglaterra mide cada vez más sus apariciones públicas y cede el paso a su heredero y sus nietos, los más populares de la familia real británica

La reina Isabel II recibe a Donald y Melania Trump en el castillo de Windsor, el viernes 13 de julio de 2018.

La reina Isabel II recibe a Donald y Melania Trump en el castillo de Windsor, el viernes 13 de julio de 2018.  AFP



A primeros de año, la reina Isabel II habló del peligro de ponerse la corona británica debido a las piedras preciosas que la decoran y la convierten en una pieza muy pesada. "No puedes mirar hacia abajo para leer el discurso, tienes que levantarlo. Si lo haces, se te rompería el cuello", contó la reina sobre esta pieza que suele lucir en la apertura formal del Parlamento británico, donde debe leer el programa del Gobierno. Fue en una inusual entrevista para un programa sobre las joyas de la corona de la BBC. Pero ser reina no solo requiere una cierta habilidad para soportar esta valiosa pieza. Ser la monarca más longeva supone un esfuerzo que a Isabel II empieza a pasarle factura a sus 92 años. En las últimas semanas los británicos han visto alarmados como su incombustible reina se ausentaba de dos actos. Primero fue un servicio religioso al que no acudió al "sentirse indispuesta", según informó un portavoz de casa real, y el segundo, el bautizo de Luis, el tercer hijo de los duques de Cambridge para cuya incomparecencia no hubo explicación alguna.
Al día siguiente de la ceremonia, la reina reaparecía en un homenaje a la RAF en su centenario, acompañada de toda la familia real y el viernes invitaba a tomar el té a Donald y Melania Trump en el palacio de Windsor. Este proceder indica, según la prensa británica, que la soberana está midiendo sus fuerzas y rebajando la intensidad de su agenda. Isabel II no tiene la menor intención de abdicar pese a que su hijo Carlos lleva muchos años esperando, tantos que, como él mismo ha bromeado, ya está en edad de jubilación, 69 años.
El recorte sufrido en la agenda de la soberana, junto a la jubilación oficial de Felipe de Edimburgo, suscitó el año pasado verano nuevas especulaciones sobre sus supuestos planes de cederle el papel al heredero una vez cumplidos los 95 años, invocando la Ley de Regencia. Fuentes de palacio se aprestaron a desmentir tal hipótesis, recordando que para Isabel II "lo primero es la obligación para con su país", por lo que se dispone a mantener ese compromiso mientras la salud se lo permita. Otra cuestión es que por razones de edad y a causa de una cierta pérdida de las energías la monarca comparta algunas de sus tareas reales con su hijo mayor y, de forma creciente, con su nieto Guillermo desde que este abandonara su trabajo como piloto de ambulancias de rescate y ahora, además, con Enrique y Meghan, los duques de Sussex que lideran el ránking de popularidad tras su boda.


Carlos de Inglaterra, Camila de Cornualles, Isabel II, los duques de Sussex y los duques de Cambridge contemplan un desfile aéreo desde el palacio de Buckingham por el centenario de la Real Fuerza Aérea (RAF).ampliar foto
Carlos de Inglaterra, Camila de Cornualles, Isabel II, los duques de Sussex y los duques de Cambridge contemplan un desfile aéreo desde el palacio de Buckingham por el centenario de la Real Fuerza Aérea (RAF).  EFE


"Todavía estoy viva", ha bromeado la reina en alguna ocasión. Sin embargo, sus fuerzas ya no son las de antes. Por ello ha comenzado a entregar, sobre todo, la tarea de representar a la corona en el extranjero, misión que ahora recae en Carlos de Inglaterra. En abril, Isabel II pidió también a la Commonwealth que designara al príncipe de Gales como su sucesor al frente de la organización, ya que el puesto no es hereditario.
En las navidades de 2016 hubo un primer gesto de cambio La reina renunció al patronato honorífico de 25 organizaciones británicas para disminuir su carga de trabajo. Aunque Isabel II —la más longeva que ha tenido nunca Reino Unido— sigue ostentando la titularidad de otras 600 instituciones, este movimiento tiene un claro significado: el hecho de que ya no se espera que pueda llevar a cabo todos los compromisos sociales que ha tenido durante décadas. La casa real británica explicó en un comunicado que muchas organizaciones que ya contaban con miembros de la familia real como presidentes o vicepresidentes, "lo que asegura una suave transición".
Pero en estos tiempos de desaceleración, Isabel II también está dando signos de cambio, de modernidad. En solo unos meses, por ejemplo, ha asistido a su primer desfile de moda (junto a Anna Wintour) y ha permitido a su nieto Enrique casarse con una actriz, divorciada y afroamericana con la que además se lleva de maravilla, tanto que se ha ido de viaje con ella, algo que no ha hecho con Kate Middleton, la esposa de Guillermo.
Isabel II desea pasar todo el tiempo posible alejada de Buckingham, un palacio que aborrece. Quiere vivir en Windsor y disfrutar de sus residencias campestres en las que ya descansa su marido Felipe, con el que ha compartido más de 70 años de matrimonio.

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