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Españoles bajo la influencia de Osho

Los seguidores en España del polémico gurú indio le defienden frente a la exitosa serie ‘Wild Wild Country’, que cuestiona el pasado del maestro


Participantes en un seminario de meditación de la Fundación Osho, el sábado en Guadarrama (Madrid).


Participantes en un seminario de meditación de la Fundación Osho, el sábado en Guadarrama (Madrid).VÍCTOR SAINZ

El mundo de los discípulos de Osho en España no es salvaje, es más bien anodino. Los seguidores del místico indio no van armados con fusiles de asalto, en sus ashram (lugar de meditación) no hay laboratorios para envenenar a rivales ni planean hacerse con el poder de su ciudad: su vida es mucho más aburrida que la que retrata la serie documental de Netflix Wild Wild Country, uno de los éxitos televisivos del año. Sus seis capítulos dan fe de los años convulsos y fuera de la ley de la comunidad de Osho, años en los que hubo por lo menos un centenar de fieles españoles implicados en la mítica comuna de Oregón.


La Fundación Osho Internacional tiene su sede en Zurich y es propietaria de la marca Osho, de sus productos y del Osho Meditation Resort en Pune (India), cuna del movimiento comunitario que creó el gurú indio, también conocido como Bhagwan Shree Rajneesh, en 1974. Osho Internacional recomienda en España 16 centros para quien quiera acercarse a sus enseñanzas. La mayoría está dirigida por sannyasins, seguidores del maestro que han pasado por una ceremonia en la que se bautizan con un nuevo nombre. “Yo tenía una compañera sannyasin que se cambió tres veces de nombre. Al final no sabías cómo se llamaba. Son un poco infantiles estos rituales”, comenta José Antonio Espeso, director de la escuela Masunaga de Coslada (Madrid), especializada en shiatsu —una terapia tradicional japonesa— y recomendada por Osho Internacional.
Osho (Bhopal, India, 1931- Pune, 1990) transformó para la sociedad capitalista la cultura espiritual que el mundo hippy importó de India a partir de la décadas de los sesenta. Osho vestía con telas caras, lucía joyas, tenía más de 90 rolls royce y aviones privados; sus meditaciones eran más ágiles y menos aburridas; sus palabras eran directas y comprensibles. En la cúspide de su fama, en 1981, Osho y su mano derecha, Sheela, adquirieron 26.000 hectáreas de campo en el Estado de Oregón (Estados Unidos) para levantar la ciudad de Rajnishpuram, incluido un aeropuerto y fuerzas de seguridad armadas hasta los dientes. La irrupción de miles de seguidores de Osho desembocó en un conflicto con los granjeros locales, con las autoridades estadounidenses y finalmente entre Osho y Sheela. Hubo planes de asesinato, envenenamientos, intentos de manipular elecciones, espionaje, explosiones, redes de inmigración ilegal, juicios y extradiciones.
Luis Martín-Santos —Charna en su nombre sannyasin— recordaba el pasado mayo en la Cadena Ser cuando, a principios de los ochenta, veía pasear por las Ramblas de Barcelona a peregrinos con las túnicas granates características de Osho. Martín-Santos estuvo en la comuna de Oregón entre 1983 y 1985 y hoy es el agente literario que gestiona los derechos editoriales de Osho en España. Más de 190 de sus libros han sido traducidos al castellano. Martín-Santos asegura estar “encantado” con la publicidad que genera Wild Wild Country pero lamenta el papel protagonista de Sheela: “Confirma que la prensa y el público idealizan figuras que de forma probada o han cometido delitos o personifican una cierta patología”. Martín-Santos afirma que en España puede haber miles de sannyasins, apunta que solo “unas docenas” de españoles estuvieron en los primeros tiempos de Osho en India y que un centenar pudo visitar la comuna de Oregón.

Nada malo

La respuesta de los sannyasins Wild Wild Country, y que difunden en sus redes sociales, es la que publicó Osho Times, el diario digital de la fundación Osho: su líder no hizo nada malo, fue víctima de los engaños de su exsecretaria Sheela y de un complot del gobierno de Estados Unidos, que lo veía como una amenaza para sus valores conservadores. La última edición de Osho Times consultada para este reportaje abría con este titular: “Si por lo menos Dj Avicii hubiera conocido la meditación dinámica de Osho”. El músico sueco Avicii se suicidó el pasado mayo.
Ana María Ramírez es odontóloga en Tarragona y es sannyasin. Su hermano lo dejó todo a mediados de los setenta, compró una furgoneta y con su pareja cruzó Europa y Asia Central hasta India. Volvió de Pune transformado y de paso transformó a su hermana, que por entonces tenía 16 años. Ramírez dirige hoy un centro de información de Osho y valora que Wild Wild Country no ha generado más interés por Osho entre la ciudadanía: “Solo entre periodistas”.
Ramírez dice que el documental sirve para entender cómo el poder corrompió a Sheela, pero no para entender a Osho, a quien exime de toda responsabilidad. El centro de información de Osho en Barcelona lo lleva María Crespo, Chiyono en nombre sannyasin. Crespo es terapeuta de pseudociencias como la naturopatía y las constelaciones familiares. Con poco más de 20 años se hizo sannyasininfluida por una decena de amigos que habían peregrinado a Pune y a Oregón. Crespo cree que Wild Wild Country “no tiene sentido en el contexto actual” porque hoy en día, asegura, hay muchos movimientos como el de la comuna en Oregón.
Crespo admite que Osho fue “un personaje controvertido”, y destaca que se ha exagerado el componente de libre albedrío sexual de sus actividades. Crespo quiso estar al margen de los hechos truculentos de Oregón y por eso no asistió a la conferencia que Sheela dio el pasado 11 de mayo en el Centro de Cultura Contemporánea de Barcelona (CCCB).
Francis Sendín regenta una tienda de alimentación ecológica en Palma de Mallorca, es sannyasin y ejerce como informador de Osho. Está convencido que el documental es una estratagema de Sheela “para limpiar su imagen”, y que en este plan entra la conferencia en el CCCB. “Seguramente no lo hace por dinero, de Rajnishpuram dicen que se llevó 70 millones de dólares [unos 60 millones de euros]”, afirma Sendín. Sheela reside en Suiza, donde dirige una residencia de la tercera edad. En el CCCB explicó que tiene una fundación de beneficencia en las Islas Mauricio. Sheela también resumió en Barcelona la finalidad de la comuna de Oregón: “Vendíamos el cielo a cambio de dinero”.

“HAY GENTE MUY FANÁTICA”

El sannyasin Jairo Kalpa dirige en Alicante un instituto de meditación recomendado por la Fundación Osho Internacional. Este fin de semana, impartía en Guadarrama una conferencia sobre “las luces y las sombras de Osho” y avisaba de las componentes de secta: “Hay gente muy fanática que no puede vivir sin un gurú”. También afirma que Osho “cometió muchos errores”, en especial con la introducción del sexo libre como reclamo, hoy extendido, según Kalpa, en falsos maestros de tantra. Cree que se tergiversan las enseñanzas de Osho y muchos de sus nuevos libros son refritos donde se eliminan fragmentos políticamente incorrectos, como su homofobia.
José Antonio Espeso es profesor de las técnicas de meditación de Osho, pero no se hizo sannyasin: “Los componentes sectarios se producen en cualquier organización, pero aquí hay que andar fino para no convertirte en sirviente”.



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