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Las acusaciones de maltrato de un asesor de Trump ponen en apuros a la Casa Blanca

Las dos exesposas que denuncian a Rob Porter aseguran que comunicaron los abusos al FBI hace un año durante la investigación de antecedentes al secretario de personal

Rob Porter junto a Donald Trump, el pasado agosto
Rob Porter junto a Donald Trump, el pasado agosto  REUTERS
Rob Porter, uno de los asesores más visibles de Donald Trump, se ha convertido en el enésimo quebradero de cabeza de la Casa Blanca. Porter anunció el miércoles su dimisión como secretario de personal del presidente estadounidense después de que sus dos exesposas le acusaran públicamente de maltratos físicos y verbales contra ellas. Él los niega. La renuncia no iba a materializarse hasta encontrar un sustituto, pero este jueves la Casa Blanca rectificó y anunció que Porter ya había dejado de trabajar.
En menos de un día se había desatado una nueva crisis en el entorno de Trump. En este caso, la polémica gira alrededor de si la Casa Blanca pudo haber encubierto a un presunto maltratador y si el presidente y su entorno conocían las acusaciones cuando Porter fue designado al cargo hace un año. El motivo es que las dos exesposas aseguran que comunicaron en enero de 2017 al FBI los presuntos abusos de Porter cuando la agencia policial investigaba sus antecedentes para concederle una credencial de seguridad como alto cargo gubernamental. Se desconoce si el FBI transmitió esa información a la presidencia. Pero la Casa Blanca admitió este jueves que Porter tenía una credencial de seguridad temporal y que no había terminado la investigación del FBI a sus antecedentes.
El portavoz adjunto de la Casa Blanca, Raj Shah, también reconoció que el caso se podría haber gestionado mejor pero trató de contenerlo. Calificó de “serias e inquietantes” las denuncias de violencia machista. Y aseguró que Trump y su jefe de gabinete, John Kelly, no conocieron hasta el miércoles, cuando afloraron más detalles de las acusaciones, la “naturaleza completa” de estas.

Pero el escándalo cuestiona esa versión y deja tocado a Kelly, que defendió a Porter después de que el diario británico The Daily Mail destapara el escándalo al hablar con las dos exesposas, que detallaron los presuntos maltratos. En el primer artículo del rotativo, el martes, el jefe de gabinete dijo del responsable de personal: “Es un hombre de una integridad verdadera y no puedo decir suficientes cosas buenas sobre él”.
El miércoles, el diario publicó una imagen de una de las mujeres con un moratón en el ojo, que asegura se lo causó Porter. Él lo niega pero admite haber tomado la fotografía. Inicialmente, el general retirado de los Marines siguió respaldando al funcionario. Kelly no rectificó hasta que Porter anunció su dimisión. Entonces, emitió un comunicado en que se declaró “impactado” y dijo que “no hay lugar para la violencia doméstica”.
Porter, de 40 años, era una figura emergente en el círculo de Trump. Era el encargado de coordinar los documentos que llegan al escritorio presidencial. Aparecía detrás del republicano en muchas de las escenas en que el mandatario firmaba un decreto. Y recientemente, apadrinado por Kelly, había ganado protagonismo. Por ejemplo, ayudó a redactar el discurso del estado de la Unión que pronunció Trump en el Congreso la semana pasada. Y viajaba con el presidente.
El secretario de personal tenía, en apariencia, un expediente impoluto. Estudió en las universidades de Harvard y Oxford, trabajó para tres senadores republicanos y es hijo de Roger Porter, que fue asesor económico del presidente George H.W. Bush y ahora es profesor en Harvard. Porter era uno de los 22 asesores de mayor rango de la Casa Blanca, que cobran el sueldo más elevado (179.000 dólares anuales), según el diario USA Today.
Todo trabajador de la residencia necesita una credencial de seguridad, que en los cargos civiles concede una oficina especial de la presidencia tras una investigación de antecedentes hecha por el FBI. El objetivo es determinar si esa persona, una vez conozca secretos oficiales, puede ser objeto de chantaje.
Ese es un detalle relevante. Colbee Holderness, la primera esposa de Porter con el que estuvo cinco años casada, asegura que, en las dos entrevistas que tuvo con el FBI para el proceso de la credencial de seguridad, se le preguntó si su exmarido podía ser objeto de chantaje y ella respondió que sí porque, alegó, había personas que conocían sus abusos. “Pensé que al contar mi historia al FBI, no sería colocado en ese puesto [en la Casa Blanca]”, dijo a The Washington Post. Jennifer Willoughby, la segunda esposa de Porter del que se separó en 2010 tras un año casados, también dijo a ese diario que reveló al FBI los presuntos maltratos.
Para complicar más todo el caso, Porter mantiene, según varios medios, una relación sentimental con Hope Hicks, la directora de comunicación de la Casa Blanca. El martes, Hicks contribuyó a la redacción del comunicado de Kelly en que defendía la “integridad y el honor” del secretario de personal.
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