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“Siempre dijo que sería una víctima más”

Andrea Carballo denunció a su presunto verdugo pero la orden de alejamiento fue insuficiente

Familiares asisten al funeral de Andrea Carballo, asesinada por su expareja.

Andrea Carballo tenía tres hermanos, el menor de ellos de cinco años, vivía en Vila-real (Castellón), donde estudió peluquería. Su plan más inmediato era “arreglar su habitación”, recuerda con una sonrisa amarga Raquel, amiga de la fallecida el sábado pasado, después de que, presuntamente, su expareja estrellara el coche en el que viajaban ambos contra una gasolinera en Benicàssim. El pasado 13 de diciembre, Carballo denunció a Víctor Llorens por un intento de atropello. El Juzgado de Violencia sobre la Mujer de Vila-real dictó una orden de alejamiento. Nada más. La policía valoró el caso como de riesgo medio y se le asignó vigilancia policial “ocasional y aleatoria”.
“Se reía por todo, era súper dulce”, recuerdan sus amigas. Acababa de cumplir 20 años y la noche del 23 de diciembre iba a celebrarlo junto a Marta, Anca, Raquel y el resto de amigos de la penya que había formado cinco años atrás. “Se había comprado ropa”, recuerda Marta. Había retomado el contacto con su círculo de amigos el pasado mes de noviembre, cuando rompió su relación de dos años con Llorens, de 29, al que conoció en una discoteca en Castellón. “La tenía acaparada, no la dejaba ser ella, pero dejó la relación y volvió a vivir, a ser feliz. Se sentía fuerte”, apostillan sus amigas. Gratiella, compañera de trabajo, muestra la última conversación que mantuvo con Andrea ese día. “No te olvides de coger el gorro de Papá Noel”, le escribió por WhatsApp a las 6.04, poco antes de salir de casa, en Vila-real, para recogerla en la esquina donde quedaban para ir juntas al trabajo. A las 6.27 le contestó: “Voy”. Pero nunca llegó. “Llamé a su madre, había coches de policía en su calle. Me preguntaron si había oído gritar a alguien, y entonces supe que buscábamos a la misma persona. Que era ella. Me había dicho que sentía miedo”.
Minutos antes, Llorens la forzó a entrar en su coche mientras ella esperaba a Gratiella para ir al almacén de naranjas donde trabajaban. Testigos presenciales afirman que el joven la agarró del pelo y la metió en el vehículo. La joven gritó pidiendo ayuda. El hombre condujo hasta Benicàssim, a unos 20 kilómetros de Vila-real. La tarde anterior, sobre las ocho, algunos amigos alertaron a Andrea de que habían visto a Víctor por la zona y ella avisó a la policía.
Familiares y amigos lo tienen claro. No fue un accidente. Es un caso de violencia machista y como tal se investiga ahora. “La tenía amenazada con todo, hasta con matar a su familia”, dice su hermana a las puertas del tanatorio de Vila-real donde ayer por la mañana velaban el cuerpo de la joven. “Justicia, queremos justicia”, reclamaban al unísono la madre y la hermana de la mujer. “Andrea era consciente del riesgo”, asegura su hermana: “Ella siempre dijo que sería una [víctima] más”. “No se ha hecho nada”, añade, rota, la madre, arropada por una familiar, que la ayuda a mantenerse en pie. La policía había valorado su caso como de riesgo medio”. 

Más de un año aislada

La pareja convivió durante un año y medio, hasta que en noviembre pasado la joven rompió la relación sentimental y regresó a casa de su familia. “Le pegó y le tiró un cubo de agua sucia encima en el bar donde trabajaba entonces. Ahí ella dijo: ‘se acabó”. Durante todo ese tiempo, Andrea vivió aislada de su círculo amistoso y silenció los presuntos malos tratos.
Sus amigas aseguran que Víctor repitió con Andrea el mismo comportamiento que tuvo con su antigua pareja. “La perseguía, la amenazaba y la insultaba, igual que a Andrea”. De él dicen que era un joven “impulsivo y solitario”, al que su propio círculo había dejado, afirman, por el maltrato a su exnovia cinco años atrás. A pesar de la ruptura, seguía incluyendo a Andrea en sus redes sociales. “Esta semana tenemos un baile pendiente”, publicaba hace escasos días, junto a una foto de las manos entrelazadas de ambos.

MEDIDAS DE PROTECCIÓN: VIGILANCIA OCASIONAL Y ALEATORIA

Desde que se fijara la orden de alejamiento que impedía a Víctor Llorens acercarse a Andrea Carballo a menos de 200 metros, la joven contaba con la protección ocasional de una agente de Policía Local. Para los casos de riesgo medio como el decretado para la posible última víctima de violencia machista, el protocolo de seguridad del Ministerio del Interior establece como medidas obligatorias la vigilancia ocasional y aleatoria de un agente al domicilio y lugar de trabajo de la víctima (o al colegio en el caso de que haya hijos) y el acompañamiento en actuaciones judiciales. Entre las complementarias figura la comprobación periódica del cumplimiento de las medidas por parte del agresor que, en este caso, se saltó.
La familia de la joven fallecida tilda las medidas de insuficientes. Aseguran que el sistema falló, porque la mañana de los hechos Andrea estaba sola. “Supuestamente tenía protección policial, pero no se ha hecho nada”, lamentan la madre y la hermana de Andrea.
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