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Un padre gay brasileño le escribe esta carta sobre tolerancia a su hijo recién adoptado

"Vas a ver que el mundo no es un lugar tan bonito como debería serlo, pero debes perdonar", dice en el texto


Un padre gay brasileño escribe esta carta sobre la tolerancia a su hijo recién adoptado

La primera vez que Deberth Araújo, un arquitecto brasileño de Rio Grande do Norte, habló con quien acabaría siendo su novio y luego prometido, Guilherme Gatto, ya comentó sobre sus ganas de tener hijos. “Guilherme adora a los niños, hace trabajos voluntarios con ellos, es el héroe de sus sobrinos y siempre quiso ser padre”, explica hoy Deberth a Verne. Aquella conversación se convirtió con el tiempo en un proyecto. “En cuanto nuestra relación se fue fortaleciendo, nos fuimos preparando financiera y emocionalmente para construir una familia”, rememora Guilherme. Y hace unas semanas el proyecto se hizo realidad. La pareja tiene ya en casa un bebé adoptado, William. Con un añadido: Deberth y Guilherme son ahora los padres del mismo sexo más famosos de Brasil.
La popularidad les vino de golpe a partir del 20 de octubre, cuando Deberth publicó en su perfil de Facebook una carta abierta al niño, en la que le explicaba los peligros que le deparaba el mundo y cuánto podía contar en su familia para refugiarse de ellos. El texto comenzó a compartirse rápidamente, hasta 22.000 veces, por los círculos del Brasil más liberal, un grupo cada vez más reducido en un país con inclinaciones más y más conservadoras.
En cuanto supe que vivías entre el orfanato y el hospital, solo, sin familia, tan pequeño y ya con 11 hospitalizaciones por neumonía y varias alergias a tus espaldas, sentí una mezcla de vocación y miedo. Por un lado, algo me decía que tenía que ser tu 'héroe' y salvarte; por otro, miedo de estar ante la mayor responsabilidad de mi vida. Pero la primera vez que te abracé (en la foto) vi que quien sería rescatado sería yo. Éramos nosotros los que estábamos siendo escogidos. Es inexplicable.
Fueron tres meses de custodia provisional, noches de dormir poco y mal, preocupaciones, medicinas. Pero tu mejora y el fin de las hospitalizaciones nos mostraron que el amor cura y hoy celebramos la custodia definitiva. Has sido nuestra mejor decisión. Pero eres tú quien nos escoge cada noche, cuando simplemente duermes o te agarras de nuestra mano o cuando nos despiertas para que te cantemos.
Y tenemos que corresponderte y protegerte, porque un día la vida se abrirá, salvaje, y vas a ver que el mundo no es un lugar tan bonito como debería serlo. Quizá haya más personas que te señalen con el dedo que personas que te den la mano, pero haremos todo lo posible para que no veas ese lado de la vida hasta que tengas edad de comprenderlo y de ver que las personas, a veces, anteponen sus convicciones a cualquier principio porque son limitadas. Debes perdonarlas, pero nunca debes sentirte menos por lo que una sociedad llena de contradicciones diga que es aceptable. Por encima de todo, respétate tal cual eres, pues, de hecho, la peor violencia es la que cometemos contra nosotros mismos.
¿Sabes, Will? Has llegado en el mismo año en el que perdí a mi padre, tu abuelo, y ya me imagino cuánto le hubiera gustado haberte malcriado. Ahora entiendo aquel amor infinito, que una vez me dijo que podía ser lo que quisiese, que no tuviese miedo, y que me abrazó cuando pensé que iba a ser rechazado. Hago esta declaración pública para que aprendas que decir la verdad en voz alta nos hace libres, y que ser quienes somos es nuestro mayor acto de coraje. Yo olvidé de eso por una temporada, pero tú me has rescatado, me has salvado en todos los sentidos posibles y enseñado lo que es ser padre.
Jamás olvides que la familia, de sangre o la que escojas, es la que te quiere sin condiciones. La familia no es solo quien te tolera, quien te comprende o quien te acoge: también es quien está ahí cuando te falte el suelo. La familia no es solo quien te acepta, es quien te abraza y te dice 'te quiero'.
Nunca permitas que la mezquindad humana que te señala y te condena te diga cómo tienes que ser. Siempre te querremos por lo que eres, y si el mundo se empeña en hacerte daño, nuestro abrazo será siempre un lugar seguro en el que nunca te sentirás solo. No podemos escoger cómo comienza esta historia , pero podemos trazarla a partir de ahí. Construye un mundo en el que lo que cuenten sea el amor y el carácter y que las diferencias no separen a las personas. Es el valor que más te quiero pasar. ¡Te quiero, HIJO MÍO!
La clave del texto no es la historia de la adopción, como tal vez cabría esperar, sino cuando la pareja explica qué es, para ellos, como homosexuales con un hijo adoptado, la paternidad: básicamente lo mismo que para un heterosexual con un hijo biológico.
Que esa descripción sea tan universal explica parte del éxito del texto, el cual la pareja no se veía venir. “La intención era celebrar la llegada de William y avisar a nuestros amigos, pero acabó tomando dimensiones inimaginables hasta el punto que nos planteamos si deberíamos exponer tanto a nuestro hijo. Son tiempos muy intolerantes y no queríamos exponerlo a opiniones llenas de odio injustificable”, explica Deberth.“Pero no podemos ignorar el hecho de que nuestra historia ha hecho que muchas personas reflexionen sobre el tema. Miles de parejas, hetero y homoafectivos, vinieron a pedirnos consejos sobre adopción y no podíamos ignorarlos”.
La parte más llamativa del texto es, precisamente, que no es una llamada a las armas contra los intolerantes, sino que lo es al entendimiento. “Es parte de nuestra filosofía. Creemos que la vida nos devuelve lo que repartimos. Nuestros errores causan dolor y el dolor nos enseña. Es lo que mueve la evolución humana. No sirve de nada señalar el error de los demás y no aprender de él”, alerta Deberth.
En estos días de abierta confrontación ideológica y en un mundo donde los derechos ganados ayer por las minorías están en duda hoy y las agresiones homófobas vuelven a las calles, este punto de vista puede sonar rompedor. Pero obedece a una lógica premeditada. “Cuando te vuelves padre, el miedo se hace constante. Si pudiésemos, evitaríamos que a nuestro hijo le alcanzase cualquier mal. Pero, aun viendo los retrocesos [de la sociedad por todo el mundo], creemos que la humanidad está en un proceso general de evolución. Tenemos la esperanza de que vamos hacia un mundo más humano. No sabemos qué sociedad vamos a dejarle a nuestro hijo, pero haremos lo posible para ser, a su lado, partes activas de ese proceso de evolución”, explica Guilherme. “Si hacemos nuestra parte, individualmente, estaremos contribuyendo a un mundo mejor para toda nuestra sociedad”.
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