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‘Trailer parks’, el paraíso de los jubilados

Veinte millones de estadounidenses viven en campamentos de casas prefabricadas, muchos de ellos son ancianos que perdieron su hogar en la crisis inmobilliaria


Una anciana en su casa prefabricada en la urbanización Val Vista de Arizona.

Una suave brisa acaricia el rostro de Jim Whitworth cuando el alba comienza a teñir el cielo y las palmeras susurran, como pequeñas olas de mar, al compás de una enorme bandera americana que ondea en la entrada de la urbanización del parque Val Vista. Jim, de 82 años, como cada martes, se apresura para jugar golf junto a dos de sus vecinos.
— Absolutamente.
Los habitantes esta comunidad de 127 casas prefabricadas se saludan con afecto y simpatía. Forman un 'tráiler park' (literalmente parque de caravanas), un campamento de viviendas rectangulares –parecidas a grandes contenedores de transporte– de 70 a 100 metros cuadrados que son una opción asequible para muchos estadounidenses, especialmente aquellos que perdieron sus hogares por la crisis financiera de 2008.
Los trailer parks son parte intrínseca de la cultura americana desde los años treinta cuando a causa de la Gran Depresión la gente empezó a vivir por necesidad en las caravanas diseñadas para viajar y pasar las vacaciones. En la actualidad más de 20 millones de personas –el 6% de la población – viven en los 44.000 recintos que hay repartidos por todo el país, con mayor presencia en los cálidos estados de Florida, Texas, Arizona y Nuevo México.
Por unos 700 euros al mes, el alquiler de Val Vista incluye los gastos y campo de golf o la piscina.
Por unos 700 euros al mes, el alquiler de Val Vista incluye los gastos y campo de golf o la piscina. ÁNGEL GARCÍA

Solo para mayores de 55

Val Vista exige a sus habitantes tener más de 55 años para entrar a vivir en la urbanización, una regla muy común en los parques que acogen exclusivamente a veteranos. Según el Manufactured Housing Institute, el 23% de los cabezas de familia de este tipo de hogares están jubilados.  
En EE. UU se les conoce como snowbirds y sunbirds, los  pájaros de nieve y los de sol, jubilados que residen con un pie en el norte y otro en el sur de Norteamérica –también se incluyen canadienses-. Los pájaros de nieve escapan del frío del norte hacia el sur en invierno. Y los pájaros de sol huyen de las altas temperaturas del sur hacia el norte en verano. En su mayoría son baby boomers, aunque también hay predecesores a esta generación de nacidos tras la Segunda Guerra Mundial. Muchos de ellos fueron hippies en los sesenta: asistieron al festival de Woodstock, protestaron contra la guerra de Vietnam, practicaron el sexo libre y fumaron muchos porros. Hoy una anciana señala la casa de una vecina que fuma marihuana –en Arizona está permitido su uso medicinal- para paliar los dolores de artritis.
Jim, el octogenario, ha llegado al campo de golf. El césped huele a hierba recién cortada, son evidentes los litros de agua vertidos para mantener su intenso verdor en pleno desierto. El anciano, que fue informático en San Francisco en una empresa pionera en tecnología de audio, comenzó a viajar en caravana de California a Phoenix hace 20 años, cuando se jubiló. Al fallecer su primera esposa por demencia de cuerpos de Lewy, Jim tomó las riendas de la asociación de la enfermedad en EE. UU y comenzó a trabajar con grupos en Arizona. En unas clases de square dance, un baile de cuatro parejas muy popular en EE. UU, conoció a su segunda esposa, Helen, una sicóloga que había pasado 40 años en Alaska y que en tiempos de estrechez financiera llegó a vivir con sus tres hijos en una caravana en la tundra del norte. Tras el flechazo y unos breves meses de noviazgo, decidieron irse a vivir juntos. Con una interrogante: ¿A dónde? “Él no quería vivir en mi casa, así que decidimos comprar una casa prefabricada para tener un pie en invierno en Mesa y pasar los veranos en la carretera, a lomos de una caravana”, dice Helen.
En los llamados parques de caravanas, las casas ya no son tan móviles.
En los llamados parques de caravanas, las casas ya no son tan móviles. ÁNGEL GARCÍA

Parcelas alquiladas

En la urbanización Val Vista, como en la mayoría de los trailer parks de EE. UU, los residentes no son dueños de la tierra, aunque sí de la vivienda. Los Whitworth compraron su casa en 2014 y pagaron 30.000 dólares por ella (25.400 euros). Cada mes alquilan la parcela donde se encuentra por 825 dólares (700 euros) que incluyen los gastos del agua, recolección de basura y el estacionamiento de su caravana. El precio comprende además las bondades de pertenecer a esta comunidad y disfrutar de la cancha de golf, la piscina, las clases de gimnasia, los juegos de cartas, bingo, cenas y bailes. 
Otro ahorro para el bolsillo de estos ancianos es la asistencia dental, que no siempre está cubierta en los seguros médicos, menos en el programa estatal Medicare. Muchos residentes viajan hasta México, a una hora y media, para visitar al dentista –la mayoría de los especialistas se han formado en EE. UU. También es muy común que se desplacen para comprar medicinas que pueden encontrar a mitad de precio. El turismo médico es cada vez más frecuente en las ciudades fronterizas de Nogales, Yuma o Agua Prieta, donde abundan las farmacias y las clínicas dentales que se publicitan en inglés.
No todo son ventajas, sin embargo. Al no ser dueños de la parcela en las que se asientan sus hogares, los residentes de los trailer parks están expuestos a las continúas subidas de alquiler por parte de los propietarios y atados a sus llamados "hogares móviles" que ya no lo son tanto. No es fácil cambiar de campamento ante una subida injusta: mover una casa prefabricada puede costar desde 3.000 dólares (2.500 euros) a diez veces ese importe. Además, estos hogares no son las construcciones más sólidas: el  huracán Irma arrasó con varias urbanizaciones de caravanas en Florida.
Pese a los fuertes monzones del desierto en verano, el parque Val Vista ha resistido desde que se inauguró en 1973, aunque algunos de sus residentes –por precariedad económica– han realizado pocos arreglos. Helen recuerda que hace un par de años un vecino preparaba una barbacoa en su patio y murió porque las llamas prendieron el techo que estaba en muy mal estado. Las defunciones forman parte de la liturgia comunitaria. La avanzada edad de sus moradores hace que al menos una vez al mes despidan a un vecino. “Aquí estamos atentos para ver quien abre las persianas por las mañanas. Si alguien no lo hace, vamos a tocar su puerta y preguntar si todo está bien”, sentencia Jim, mientras mastica un sándwich de huevo durante su merienda.

CASAS BARATAS, NEGOCIO MILLONARIO

Tarde de bingo en el recinto residencial Val Vista.
Tarde de bingo en el recinto residencial Val Vista. ÁNGEL GARCÍA
Los más ricos se están fijando en los humildes trailer parks. Warren Buffett, la segunda fortuna del mundo, 75.600 millones de dólares, posee el mayor fabricante de casas móviles de Estados Unidos, Clayton Homes, y los dos mayores prestamistas para adquirir este tipo de viviendas: 21st Mortgage Corporation y la hipotecaria Vanderbilt.
Sin embargo es Sam Zell el mayor propietario de parques de remolques a través de su empresa Equity LifeStyle Properties (ELS): 140.000 campamentos. El empresario, conocido como el ‘casero’, invierte tanto en Estados Unidos como en mercados emergentes.
Es tal éxito de este negocio que pequeños inversores con poca o ninguna experiencia intentan seguir los pasos de los grandes. Para ellos Frank Rolfe, co propietario de más de 250 campamentos en EE. UU, ha creado la Mobile Home University que ofrece seminarios sobre cómo invertir en trailer parks. En su web se explica la clave del negocio: "Con más del 20% de estadounidenses tratando de vivir con 20.000 dólares o menos al año, la demanda de hogares móviles nunca ha sido tan alta -y los grandes beneficiarios son los dueños de los parques donde viven".
Algunas comunidades de residentes han optado sin embargo por hacerse propietarios de sus parcelas y dueños de sus destinos comprando los parques de forma cooperativa. Hay incluso ongs, como Resident Owned Communities USA de New Hampshire, que ofrecen hipotecas para hacerlo (las parcelas oscilan entre 20,000 y 40,000 dólares, 17.000 a 34.000 euros). Algunos campamentos de jubilados (que tenían casas tradicionales que pueden vender o ahorros de toda una vida) se han independizado así de sus terratenientes. Las ventajas son obvias: dejan de estar a expensas de las subidas del alquiler, crean comunidades de propietarios muy comprometidas con el campamento y, en el momento que están ligadas a la parcela que ocupan, sus casas prefabricadas dejan de cotizar como "vehículos" (perdiendo valor con el tiempo como pasa con los coches)  para cotizar como "viviendas", pudiendo revalorizarse en el futuro.
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