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Muere Liliane Bettencourt, heredera de L’Oréal a los 94 años

La que fuera mujer más rica del mundo ha muerto tras una década de enfermedad y escándalos judiciales


Liliane Bettencourt

La vida de Liliane Bettencourt, heredera del imperio cosmético L’Oréal, se ha apagado a los 94 años. La que fuera la mujer más rica del mundo ha muerto “en paz”, ha asegurado este jueves su familia al anunciar su deceso. Una paz, sin embargo, que le fue evasiva en los últimos años de su vida, marcados por una deteriorada salud que se convirtió en el centro de un feroz enfrentamiento entre familiares y amigos que se disputaban su fabulosa fortuna. La batalla judicial acabó aireando públicamente las intimidades de la mujer que ocupaba la 14º posición en el ránking de los milmillonarios y que seguía siendo la principal accionista de L’Oréal, con una fortuna que según la revista Forbesascendía a los 39.500 millones de dólares (unos 33.000 millones de euros).
"Liliane Bettencourt murió esta noche en su domicilio. Hubiera cumplido 95 años el 21 de octubre. Mi madre se fue en paz", dice su hija, Françoise Bettencourt-Meyers, en un comunicado.

La que llegó a ser la mujer más rica del mundo nació en París en 1922. A los cinco años perdió a su madre, una pianista, de una enfermedad súbita. Desde entonces, fue su padre, el químico Eugène Schueller, el que se encargó de su educación. A los 14 años, Liliane empezó a trabajar como becaria en la compañía que había fundado su padre, L’Oréal. A la muerte de este, en 1957, heredó la empresa y, aunque se negó a dirigirla, siempre tuvo una voz fuerte en sus decisiones, hasta su retirada en 2012.
Liliane Bettencourt y su hija, Francoise Bettencourt-Meyers, en marzo de 2011.
Liliane Bettencourt y su hija, Francoise Bettencourt-Meyers, en marzo de 2011. REUTERS
Para entonces, la demencia y alzhéimer que sufría Bettencourt desde hacía años ya estaban tan avanzados que también se vio obligada a retirarse de la vida pública y fue puesta, en contra de su voluntad, bajo tutela familiar. Una enfermedad, además, de la que se habrían aprovechado algunos de sus amigos y los encargados, supuestamente, de proteger sus intereses para lograr regalos y millonarias donaciones. En este grupo estarían incluidos su abogado y su administrador.
Precisamente su hija, de la que llevaba años distanciada, era una de las protagonistas de esta batalla judicial que duró una década. Françoise Bettencourt-Meyers recriminaba al amigo íntimo de su madre, el fotógrafo François-Marie Banier, de haberse enriquecido de forma abusiva con más de 1.000 millones de euros. Unas acusaciones que les costaron años de escándalos y tribunales en los que incluso se vio involucrado Nicolas Sarkozy. El expresidente francés fue imputado en septiembre de 2013 por un delito de abuso de debilidad de Lilliane Bettencourt para obtener financiación, del que fue exonerado.
Liliane Bettencourt, en noviembre de 1988 en un desfile en París.
Liliane Bettencourt, en noviembre de 1988 en un desfile en París.  AFP
Quizá conocedores del empeoramiento del estado de salud de la multimillonaria heredera, el pasado mes de mayo su hija y Banier llegaron a un acuerdo tras años de litigios en los que el fotógrafo llegó a ser condenado en 2015 por un tribunal de Burdeos a tres años de cárcel (aunque solo fueron firmes dos años y cinco meses) y una multa de 350.000 euros, más el pago de una indemnización de 158 millones de euros a Françoise Bettencourt-Meyers. En el juicio salieron a la luz grabaciones clandestinas que realizó Bettencourt-Meyers a su madre y a su círculo más cercano para demostrar que estos movían a su antojo la fortuna de esta. El fotógrafo apeló y le rebajaron la condena, y contraatacó con una demanda acusando a Bettencourt-Meyers de presionar y sobornar a testigos para que declararan en su contra. El acuerdo alcanzado, que se conoció hace solo unas semanas, pondría fin a esa guerra de tribunales. Con él, Barnier renunciaba a su acusación y Bettencourt-Meyers se daba por satisfecha con la decisión de rebajarle la condena.
La hija ha aprovechado el comunicado para confirmar, "en este doloroso momento", la "fidelidad" familiar a L'Oréal y expresar su absoluta "confianza" al actual presidente de la compañía, Jean-Paul Agon, así como a los equipos de la empresa "en el mundo entero". Por su parte, Agon ha expresado en un comunicado "su inmensa tristeza" ante la noticia. "Todos admirábamos profundamente a Liliane Bettencourt quien veló siempre por L'Oréal, la empresa y sus colaboradores, y que estaba muy comprometida con su éxito y su desarrollo", agregó. El holding familiar, Thétys, presidido por Françoise Bettencourt Meyers aunque Liliane Bettencourt conservaba el usufructo, es el accionista mayoritario de L'Oréal con el 33,05% de las acciones al 31 de diciembre de 2016.
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