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Llega el primer fármaco que evita el fracaso renal agudo

El Hospital Gregorio Marañón descubre cómo frenar, en animales, el daño que causan medicamentos útiles pero tóxicos



El fracaso renal agudo es un problema sanitario de primera magnitud. Se calcula que entre el 3,5% y el 7% de las personas que ingresan en un hospital de primer nivel como el Gregorio Marañón de Madrid lo sufren, ha dicho esta mañana Alberto Tejedor, director del Laboratorio de Fisiopatología Renal de ese centro sanitario. Una de sus primeras causas es el daño causado al riñón por medicamentos citotóxicos (que afectan a las células) como los inmunosupresoresquimioterapias, algunos antibióticos, contrastes de pruebas de imagen o antivirales lo que tiene, entre otras consecuencias, un aumento del gasto, del tiempo de hospitalización e incluso la muerte del afectado. Hasta ahora, lo único que se podía hacer era hidratar mucho al paciente o retirarle la medicación, ha dicho Tejedor.  Pero una molécula patentada por este hospital puede cambiar la situación, ya que frena ese daño en los riñones,

La cilastatina, se había usado hace décadas como parte de un tratamiento antibiótico en personas que habían recibido un trasplante

El fármaco, la cilastatina, se había usado hace décadas como parte de un tratamiento antibiótico en personas que habían recibido un trasplante, ha dicho Alberto Lázaro, director científico del laboratorio, pero han sido los estudios los que este grupo de investigación los que han determinado su acción y su eficacia, con reducciones de más del 80% del daño renal ante un amplio abanico de medicamentos que producen este efecto, ha añadido.
Este amplio espectro se debe a que la molécula no interviene en la primera fase del daño renal, cuando el medicamento en cuestión (el cisplatino, la ciclosporina o la gentamicina, por poner ejemplos de quimioterapia, inmunosupresores o antibióticos respectivamente) produce un primer daño en las células renales durante el filtrado de la sangre. Pero esta primera lesión tiene un proceso de difusión que es el que desencadena el fracaso del órgano: la célula afectada por el medicamento al ser destruida emite una señal de muerte (una proteína) a las de alrededor para que se suiciden. De esta manera, se forma una especie de cordón sanitario que evita la progresión de un posible agente externo, ha explicado Tejedro, pero tiene como consecuencia que la lesión renal se extiende. Es como cuando se quema de manera controlada una parte de monte para crear un cortafuegos ante el riesgo de que un incendio desbocado pase esa barrera y sea aún más dañino.


Lo que los investigadores han descubierto es que el nuevo fármaco actúa bloqueando la acción de las señales de la muerte. La creación de esta especie de zona de contención puede ser útil, por ejemplo, si las células renales son atacadas por un agente infeccioso, pero no en este caso. Con ello, se evita que haya una cadena de células muriendo y se controla el daño. Como no se trata de un mecanismo específico para cada fármaco tóxico, funciona para una gran variedad de fármacos que causan fallo renal. Con su uso, se podría -si los ensayos lo confirman- usar más tiempo o a mayores dosis esos medicamentos, o utilizar otros más fuertes y que hasta ahora no se aplicaban porque el daño renal lo desaconsejaba. También se está estudiando si puede usarse el medicamento en fallos renales por otras causas.
Hasta ahora, los investigadores han probado el producto en cultivos celulares y en animales. Ahora toca hacerlo en humanos. Para ello el laboratorio ha licenciado la molécula con Spherium Biomed, del grupo español Ferrer. Ellos son los encargados de diseñar los ensayos en personas, que se espera que empiecen el año que viene.

Hasta ahora, los investigadores han probado el producto en cultivos celulares y en animales. Ahora toca hacerlo en humanos

La sospecha de la utilidad del producto vino de un metanálisis de cinco ensayos en los que se había empleado un antibiótico que contenía cilastatina para estabilizarlo para tratar a personas transplantadas, solo que entonces no se había estudiado el daño renal asociado porque lo que preocupaba eran el rechazo y los problemas inmunitarios asociados, ha dicho Tejedor. Este hecho es una ventaja a la hora de los ensayos actuales. Por ejemplo, ya se sabe que se trata de una molécula específica del proceso renal e inocua, lo que facilitará la primera parte de los ensayos clínicos, la fase I, que es cuando se mide la seguridad. Por eso Tejedor espera que, si todo va bien, el uso clínico pueda estar disponible en un plazo que podrías ser de un año y medio. En los ensayos antiguos que se han revisado se vieron tasas de protección del fracaso renal de más de un 80%. Tiene otra ventaja: se trata de una molécula relativamente sencilla, por lo que su precio no será muy alto, apuntó el médico.
Aparte de patentar el producto y licenciarlo, los investigadores han publicado varios artículos sobre este mecanismo en revistas como Kidney International y Nephrology, dialysis, transplantation.

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