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El ministro de Exteriores británico busca en Libia aliados contra el terrorismo

Johnson se reúne con el caudillo Hafter y con el debilitado primer ministro Serraj


El ministro de Asuntos Exteriores británico, Boris Johnson, se entrevistó la tarde del jueves con el general libio Jalifa Hafter en Bengazi, la principal ciudad en la región oriental libia, controlada casi en su totalidad por las tropas del militar. La entrevista entre ambos mandatarios es una nueva muestra de reconocimiento occidental al poder del caudillo libio, acérrimo adversario del Gobierno de Acuerdo Nacional (GNA por sus siglas en inglés) patrocinado por la ONU, después de sus victorias militares de los últimos meses. El día anterior, Johnson se reunió en Trípoli con Fayez Serraj, el primer ministro del Gobierno de unidad nacional, y visitó también la ciudad de Misrata, base de algunas de las milicias más poderosas del país. Esta es la segunda visita de Johnson a Libia este año.

Imagen de la reunión entre Boris Johnson y Fayez Serraj, el primer ministro del Gobierno de Libia patrocinado por la ONU

“Libia está en la línea del frente en muchos desafíos que si son ignorados pueden crearnos problemas en el Reino Unido, en concreto, la inmigración ilegal y la amenaza del terrorismo. Por eso es tan importante que trabajemos con el Gobierno libio y nuestros socios para traer la estabilidad a Libia”, declaró Johnson a la salida de su reunión con Serraj, que lidera un Gobierno cada vez más debilitado, tanto desde el punto de vista militar como político, pues no goza de una elevada popularidad al no haber sido capaz de mejorar las condiciones de vida de la población libia.
Aliado con diversas tribus y con el apoyo de una parte del Ejército del exdictador Gadafi, el general Hafter lanzó una cruzada contra diversas milicias de tendencia islamista en 2014. Con la finalidad de poner fin al desgobierno en el que se había sumido Libia tras la guerra civil de 2011, la ONU lideró un proceso de diálogo político entre las diversas facciones del país que dio lugar a la firma del llamado acuerdo de Sjirat y a la constitución de un Gobierno de unidad, el GNA, a finales de 2015. Sin embargo, Hafter, que cuenta con el respaldo de Egipto y Emiratos Árabes, se desmarcó del proceso al no otorgarle un papel político preponderante, lo que provocó la división del país en dos Gobiernos paralelos, cada uno apoyado por una coalición de milicias.
El pasado mes de julio, el presidente francés Emmanuel Macron consiguió que Hafter y Serraj, líderes de los dos Gobiernos rivales, acordaran en París un alto al fuego y la celebración elecciones el año próximo como primer paso para resolver el conflicto libio. “El mariscal Hafter tiene un rol a desempeñar en el proceso político. Le insto a adherirse a los compromisos a los que llegó durante su reciente reunión en París”, declaró Johnson en un comunicado público después de su entrevista con el caudillo del este de Libia. El acuerdo de París fue acogido con frialdad por diversos actores políticos libios, que criticaron el no haber sido previamente consultados. Además, el propio Hafter relativizó su importancia en los días posteriores a su firma, poniendo en duda su viabilidad.
“Actualmente, encontrarse con Hafter se ha convertido en una obligación por parte de los europeos que se ocupan de Libia, pero Johnson la ha llevado a un nivel superior, siendo el primer ministro de Asuntos Exteriores en reunirse con Hafter”, sostiene Mattia Toaldo, investigador del think tank ECFR especializado en Libia. “El general ha recibido numerosos reconocimientos internacionales este verano desde la cumbre de París. No está claro que haya aceptado las reglas del acuerdo de la ONU ... En definitiva, hasta ahora, Hafter ha recibido mucho , pero no está claro que ha concedido verdaderamente”, añade en referencia al hecho de que el hombre fuerte del Este libio aún no haya suscrito el acuerdo de Sjirat, que todos los actores implicados en el conflicto libio ya admiten que debe ser enmendado.
El día anterior, Johnson se entrevistó con el representante de la ONU en Libia, Ghassan Salame y con el primer ministro Serraj, con quienes abordó el futuro político del país y la crisis migratoria de la UE. Libia es actualmente el punto de partida de la mayoría de embarcaciones repletas de migrantes que intentan cruzar el Mediterráneo. El ministro de Exteriores británico anunció la concesión de unos 10 millones de euros al Gobierno de Serraj destinados a combatir el terrorismo y el tráfico de personas. En concreto, los fondos servirán para capacitar los guardacostas libios, ayudar a establecer un control electrónico de la frontera sur de Libia y el desminado de Sirte, feudo del Estado Islámico en Libia hasta su expulsión el pasado verano.
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