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La gran farsa del banquero Herzog

Un empresario de Madrid se inventó una identidad para estafar a 14.000 inversores y blanquear su botín a través de un monasterio en Lisboa


El madrileño Michael Herzog hizo creer al mundo que era un titán de los negocios. Durante una década, este sexagenario se hizo pasar en Internet por un financiero de Tel Aviv al mando de una legión de un millar de brokers en 25 países. Simuló también a través de una web pilotar inversiones en las industrias aeronáutica y farmacéutica. E, incluso, presidir un banco en el paraíso fiscal de la isla del Índico de Anjouan, el International Finance. Todo era un montaje. Una gran farsa urdida por este hombre que hoy se encuentra en busca y captura.


El Juzgado número 5 de la Audiencia Nacional señala a Herzog como ideólogo de una estafa que salpica a 33 países. El empresario convenció a 14.000 pequeños ahorradores -que pagaron de media 1.200 euros- para que desembarcaran en un estrafalario negocio. Su compañía prometía una rentabilidad de hasta el 300 % anual con el alquiler de aparatos GPS a terceros. El beneficio nunca llegó porque el empresario no compró los GPS y se esfumó con los 22 millones recaudados.
Para captar a sus víctimas, el falso banquero recorrió una treintena de países. Se movía por los aeropuertos con un pasaporte diplomático de Guinea-Bissau. Un salvoconducto firmado por un ex alto cargo de este pequeño país africano arrestado después por vender documentación oficial. La Guardia Civil cree que Herzog pagó por su pasaporte 100.000 euros.
Entre viaje y viaje, España se convirtió en el centro de operaciones del supuesto financiero. El farsante tiró de picaresca para pasar desapercibido en Madrid. Renovó su último DNI con una dirección inexistente en el callejero y figuró como un trabajador autónomo sin beneficios entre 2013 y 2014 en las bases de Hacienda y la Seguridad Social, según los más de 20.000 documentos a los que ha tenido acceso EL PAÍS.
Herzog blanqueó su botín del timo de los GPS a través de una madeja de 42 compañías en España, Portugal y Reino Unido. Un millón de euros de estos fondos viajó a golpe de transferencia y sociedades pantalla al monasterio católico ortodoxo Mãe de Deus de Vila Franca de Xira (Lisboa) y a la cuenta de una de sus monjas, Maria Cristina Faria Carregado. El líder espiritual de este templo, el barbudo Manuel Lopes Ribeiro, Don João I de Portugal, también participó presuntamente en el lavado de un dinero que luego volvía al bolsillo de Herzog.
Don João I de Portugal
Don João I de Portugal EL PAÍS
No fue la única ayuda que recibió el impostor para borrar el rastro del botín. Herzog recurrió supuestamente al empresario del fútbol Omar Zeidán, célebre por intentar comprar el Sporting de Gijón en 2014, para blanquear 1,8 millones a través de un préstamo.

Encantador de serpientes

Quienes conocieron a Herzog en España, le definen como un hombre astuto, embaucador y obsesionado con permanecer en un segundo plano. También como un empresario que presumía de hilo directo con el Ministerio de Defensa de Israel o las adineradas fortunas de Emiratos Árabes. A caballo entre Madrid y Berlín, donde tenía una residencia, Herzog solía suspender sus reuniones en el último minuto con la excusa de viajes a África o Reino Unido para cerrar millonarios negocios. “A última hora te cancelaba una reunión. Siempre sospeché que mentía”, añade el presidente de una firma de servicios que le trató en 2013.
El empresario, sin propiedades a su nombre, se renovó el DNI con una dirección de Madrid inexistente
“Era un encantador de serpientes. Mi empresa le dio 300.000 euros a cuenta de una emisión de bonos en Londres. Tardamos dos años en detectar la estafa. Su puesta en escena era muy creíble. Recuperamos la inversión, pero tuvimos que amenazarle antes con una querella”, recuerda el directivo de una compañía valenciana con 800 trabajadores. El farsante trató de engañar también a una importante firma logística del País Vasco, según esta fuente.
Herzog no actuaba solo. La investigación señala como cómplices de sus manejos al empresario asturiano Benito Conde y al abogado Ángel Martín, presuntas piezas en el engranaje de la lavadora de fondos. EL PAÍS ha intentado sin éxito recabar su versión. La Guardia Civil detuvo a Conde y Martín en enero de 2016. Ambos figuran como imputados en la causa judicial de la estafa de los GPS y están en libertad a la espera de juicio tras abonar sendas fianzas de 50.000 euros.
Tampoco ha sido posible recabar el testimonio de los responsables del monasterio ortodoxo lisboeta Mãe de Deus. Sus religiosos, además de participar supuestamente en el blanqueo, instruyeron a Herzog en técnicas de persuasión para hacer creíble el montaje, según las pesquisas.
El impostor se movía por los aeropuertos con un pasaporte de Guinea-Bissau que compró por 100.000 euros
España -con 167 víctimas- es el quinto de los 33 países salpicados por el timo de los GPS tras Francia (5.363 afectados), Eslovenia (611), Suiza (396) y Bélgica (367). Las garras de Herzog también alcanzaron México, Colombia, Venezuela, Nueva Zelanda o EE UU.
“La figura de Herzog encarna a un pícaro de manual. Un hombre que fue capaz de engañar a miles de inversores con negocios inexistentes”, indica Manuel Carlos Merino Maestre, abogado de decenas de damnificados a través de la acusación popular que ejerce la Asociación Nacional de Afectados de Internet y Nuevas Tecnologías (Anfitec).
El magistrado de la Audiencia Nacional José de la Mata mantiene a una veintena de investigados en esta causa que indaga los presuntos delitos de estafa, blanqueo de capitales y pertenencia a organización criminal.
Uno de estos imputados es el exembajador portugués en Noruega Manuel Antonio Pacheco Jorge Barreiros. La Guardia Civil le arrestó en Madrid en enero de 2016 por su supuesta participación en el timo del GPS. Los registros en el despacho del diplomático revelaron que se presentaba en sus tarjetas de visita como embajador después de abandonar el cargo. Su papel era revestir a la farsa de una pátina institucional. “Mi cliente estaba al margen de todo. Su defensa no me preocupa”, explica el abogado del diplomático, el exjuez de la Audiencia Nacional Javier Gómez de Liaño.
Ajeno a los pleitos de sus compinches, Herzog, en paradero desconocido, sigue desafiando desde su web al statu quo.
investigacion@elpais.es

JOYAS, ORO Y RELOJES DE LUJO POR 550.000 EUROS

El último pufo que salpica a Michael Herzog -la estafa que investiga el Juzgado número 5 de la Audiencia Nacional por una venta inexistente de aparatos GPS que recaudó 22 millones- engrosó la fortuna del enigmático empresario.
Herzog desvió a sus cuentas bancarias, a las de su esposa y dos hijos más de 11 millones de euros recaudados con el timo. Parte de este dinero fue a parar a su firma International Finance Filial Group de Reino Unido, según la documentación a la que ha tenido acceso EL PAÍS.
Otros 550.000 euros se destinaron a adquirir en tiendas de lujo relojes, joyas y oro en Andorra, Suiza y Berlín. Los documentos revelan que el empresario también compró dos Mercedes por 150.000 euros y se gastó 800.000 en empresas de eventos y publicidad para organizar las presentaciones donde captaba a sus inversores.
Los investigadores creen que el ciudadano Saikh Saoud F. actuó como blanqueador de la trama en Emiratos Árabes, donde fueron a parar 300.000 euros. Una firma de Bosnia recibió 175.000 euros.
La justicia española alertó sobre los manejos de Herzog en 2013. El juzgado de instrucción número 4 de Madrid decretó ese año su detención por un delito de apropiación indebida. El elegante ejecutivo siguió operando.
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