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El Valencia conquista la primera Liga de su historia tras rendir al Madrid

Los de Pedro Martínez se coronan en el cuarto partido de la final tras un duelo ciclotímico en el que llegaron a ganar por 23 puntos pero sufrieron en el tramo final (87-76)


Los jugadores del Valencia celebran el título de Liga.

La Liga se quedó en La Fonteta. El Valencia se proclamó campeón por primera vez en su historia derrotando a un Madrid irreconocible en la primera mitad, pero orgulloso en la segunda. Tantearon los de Laso una remontada inverosímil tras verse con 23 puntos de desventaja, pero el esfuerzo de la persecución febril pesó más que el mal de altura de los locales. Era la 15ª final taronja en sus 30 años de vida y su segunda pelea por la Liga después de explorar la frontera de la leyenda hace casi tres lustros. El póster del recordado Pamesa de 2003, con Nacho Rodilla, Dejan Tomasevic, Fabricio Oberto, Bernard Hopkins, Federico Kammerichs, Alejandro Montecchia, José Antonio Paraíso, Víctor Luengo, Leo Mainoldi, Pedro Robles y Paco Olmos (que cayó 3-0 ante el Barça), encontró un memorable relevo en La Fonteta con otra plantilla mítica liderada por San Emeterio, Sikma, Thomas, Sato, Diot, Oriola, Sastre, Vives y Bojan Dubljevic. Después de la Copa de 1998 y las Eurocup de 2003, 2010 y 2014, los valencianistas conquistaron el quinto trofeo de su enciclopedia, el tesoro liguero. Se convirtieron los de Pedro Martínez en el séptimo campeón diferente en 60 años de Liga tras Madrid, Barça, Joventut, Baskonia, Unicaja y Manresa; y en el primero que rompe el duopolio de los grandes desde 2010.


VALENCIA, 87 - REAL MADRID, 76


Valencia Basket: Diot (11), San Emeterio (7), Sastre (19), Sikma (8), Dubljevic (1) —cinco titular—; Sato (10), Thomas (12), Vives (3), Rafa Martínez (9) y Oriola (7).
Real Madrid: Llull (23), Rudy Fernández (8), Taylor (7), Reyes (6), Ayón (10) —cinco titular—; Nocioni (6), Doncic (2), Randolph (1), Carroll (11) y Maciulis (2).
Parciales: 19-20, 29-11, 19-25 y 20-20.
Árbitros: García González, Conde y Peruga. Sin eliminados.
Cuarto partido de la final de la Liga ACB disputado en el pabellón de la Fuente de San Luis ante 8.500 espectadores.

Vencieron los naranjas por bravura, deseo y juego (1-3). Alcanzaron la cima tras exorcizar todos sus fantasmas en un desenlace que desmintió la distancia abismal del tramo inicial. El cuarto partido de la final viajó del zarandeo a los fantasmas. Del 60-37 del minuto 23 al 75-69 a falta de cuatro minutos. Diot, Sastre, San Emeterio, Sikma y Dubljevic, fue el quinteto elegido por Pedro Martínez para hacer historia; Llull, Rudy, Taylor, Felipe y Ayón formaron en el Madrid para salvar el matchpoint. Dos ambiciones y dos miedos opuestos que se saldaron con una puesta en escena vibrante y ciclotímica. Los de Laso fallaron en sus tres primeros viajes al aro pero Taylor, con un triple y un robo de balón, comenzó a poner en valor la aplicación defensiva de su equipo. El Valencia confundió en varias ocasiones la intensidad con las prisas, pero nueve puntos de Sastre en siete minutos y el dominio del rebote permitieron a los taronja hacerse con los mandos tras el intercambio de golpes (17-14, m. 7). Pidió tiempo muerto Laso y el cuarto concluyó con un parcial de 2-6 para los madridistas. Apenas un arrebato rumbo al precipicio.
Arrancaron peor los blancos que en el tercer partido pero parecieron evidenciar un mayor espíritu gremial y un interés mancomunado por estirar la concentración de punta a punta del partido. Puro espejismo de nuevo. El compromiso se desvaneció en un santiamén. El Valencia prosiguió, inmutable, con su plan. Vives recogió el testigo de Diot para lubricar el ataque local, mientras Oriola y Thomas sumaban bravura en la pintura. Cada jugador naranja que aparecía en el partido elevaba su techo competitivo; cada pieza madridista luchaba a la vez contra el rival y contra los dilemas personales y colectivos. El segundo cuarto comenzó con un 9-1 de parcial y Laso tuvo que devolver inmediatamente a los suyos a la silla de pensar. De poco valió porque los triples de Rafa Martínez, Sato y Thomas encendieron definitivamente la caldera de La Fonteta y comenzaron a derretir al Madrid (41-23, m. 16).
La tunda alcanzó los 20 puntos de ventaja (43-23) hasta que Ayón, con una sufrida canasta, y Llull, con un triple con rosca, cortaron la hemorragia. Para entonces, el parcial del cuarto había sido de 24-3 en siete minutos. De nuevo desfigurado en cuerpo y alma, el Madrid comenzó a tambalearse sobre el parqué. El Valencia, con un solo punto de Dubljevic en la primera mitad, tenía repertorio de sobra para retratar a un grupo atribulado. Al tiempo que los taronja se citaban con la gloria, el Madrid apeló en la víspera al orgullo. “Si jugamos bien tendremos más posibilidades de ganar”, decía Pedro Martínez. "La única forma de ganar es con carácter, cojones y dureza", clamaba Felipe Reyes. El duelo entre la pizarra y la testosterona se dirimió a base de baloncesto y lo ganó el mejor, por coraje y argumentos. Llegó muy tarde el Madrid. La estadística de rebotes, la que mejor retrata el deseo y la dureza, reflejaba un 24-10 en los primeros 20 minutos; 52-26 al final.
El Madrid no perdía tres partidos consecutivos en un playoff liguero desde las semifinales de 2011 ante Bilbao (1-3), en la clausura del Messinato con Molin en el banquillo. Esta temporada, el conjunto de Laso había encadenado tres tropiezos seguidos a finales de febrero, ante Gran Canaria, Galatasaray y Tenerife, en una de las semanas de calendario claustrofóbico tras el sprint por la Copa. Pero solo el Fenerbahçe, en la eliminatoria de cuartos de la Euroliga de 2016, se había apuntado tres asaltos cara a cara con los blancos. El Valencia devolvió al líder de la temporada regular en España y en Europa a los peores momentos de su andadura reciente. El curso pasado, los madridistas vivieron ante el Barça la misma secuencia de resultados pero en sentido inverso y sentenciaron el 1-3 en el cuarto partido de la final. Un año después, el hambre de leyenda del equipo de Pedro Martínez se comió a un grupo al que la Liga se le hizo poco tras descabalgar en territorio continental.
Nada parecieron arreglar los de Laso tras su paso por la caseta. La reanudación mantuvo todas las constantes de la final y el Valencia alcanzó una máxima de 23 puntos (60-37). Pero el miedo a la gloria estuvo a punto de propiciar un cataclismo. Una desesperada defensa en zona del Madrid propició un parcial de 7-19 que barnizó a La Fonteta de escalofríos. Con el recuerdo en el ambiente del desenlace de la Eurocup, cuando el Valencia cayó ante Unicaja incapaz de imponer su condición de anfitrión y desperdiciando 13 puntos de ventaja en el último cuarto, los de Pedro Martínez dieron vida a un rival que venía del más allá. Se colocaron los de Laso a seis puntos a falta de cuatro minutos (75-69, tras un triple de Carroll), pero el esfuerzo de una persecución febril penalizó al Madrid. Solo tras el bocinazo definitivo el Valencia y su hinchada perdieron el miedo a lo desconocido y se entregaran a una celebración inédita en la ciudad. Su primera Liga. Una de esas victorias que pueden cambiar la dimensión de un club. El premio a una temporada histórica, en la que llegaron al último asalto en las tres competiciones en las que participaron. El Madrid llegó muy tarde. La gloria era del Valencia.

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