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El yihadista que vive en la puerta de al lado

Vecinos del barrio obrero de Barking relatan la transformación de Khuram Butt, uno de los detenidos



Hasta el sábado, era frecuente ver a Khuram Butt sentado en las escaleras del parque de al lado de su casa en Barking, en el este de Londres. Allí era donde pasaba muchas de sus tardes. Charlaba con los chavales del barrio, echaba con ellos algún partidillo de fútbol, leían revistas. Fue en esa zona verde, construida entre dos puentes y sembrada de unos cuantos columpios desvencijados, donde Erica Gaspari le vio hace más de un año hablando de religión con los adolescentes. Su hijo ya le había contado que Butt les comentaba cosas sobre el islam. “Trataba de adoctrinarles”, afirma la mujer, muy seria, en el parque donde un grupo de niños se turna en uno de los balancines rojos. A Gaspari, de 42 años, no le gustó y tras confrontar a Butt decidió acudir a la policía. Nunca volvió a tener noticias sobre su advertencia.

El domingo le reconoció en una de las fotografías de los terroristas que la noche anterior habían matado a siete personas en la zona del Puente de Londres. Efectivamente, era su vecino. Butt, británico de origen paquistaní de 27 años, vivía en un edificio de apartamentos blanco entre el parque y uno de los templos hindúes de este barrio de clase trabajadora, que ha experimentado una enorme transformación en los últimos tiempos. Barking (unos 8.000 habitantes) ha pasado de tener un 80% de población británica y blanca a más de un 60% de ciudadanos de otros orígenes; la mayoría del sureste asiático y África. Sin embargo, pese a su multiculturalismo, el barrio es también uno de los reductos más claros del Partido Nacionalista Británico, la extrema derecha, y del eurófobo y xenófobo UKIP.


Ahora, este suburbio del este de Londres, en el que se alternan bloques de pisos de protección social y casas de ladrillo rojo con varias iglesias y cuatro mezquitas, ha pasado también a ser el foco de la atención por haber albergado durante años a dos de los terroristas del atentado del 3 de junio. También Rachid Redouane, el segundo de los tres autores del ataque, con pasaporte marroquí y Libio, vivía en la zona, que tiene el índice de desempleo más alto de la ciudad y el segundo más alto de reclamaciones de viviendas sociales. Hasta allí se había mudado este pastelero de 30 años desde Irlanda, donde se había casado con su esposa, británica, de la que se separó al poco tiempo de nacer su hija, hace 18 meses.
En una de esas viviendas sociales, a solo unos pasos de una tienda de carne halal y un establecimiento de productos caribeños, vive con su esposa y cuatro hijos Hafeez, paquistaní de 35 años. El hombre, desempleado, cuenta que no conocía a Redouane, pero que sí había hablado más de una vez con Butt. Le describe como un tipo bastante educado, callado y apasionado por el fútbol. “Cuando nos cruzábamos le gustaba comentarme cosas de los partidos. Ambos somos del Arsenal”, explica. El británico de origen paquistaní, que tenía un fuerte acento de Londres, que solía vestir pantalones de cargo debajo de la túnica y que en los últimos tiempos se había dejado crecer la barba, pasaba la mayoría de sus tardes en un gimnasio del barrio, el Ummah Fitness, conocido en la zona por sus clases de kick-boxing. También había trabajado una temporada en un Kentucky Fried Chicken cercano. Después, había conseguido otro trabajo, esta vez como personal de atención al cliente en el metro de Londres. Le duró seis meses.


La Mezquita a la que acudía Butt.ampliar foto
La Mezquita a la que acudía Butt. LIONEL DERIMAIS


Danuta Avezko, una gitana polaca vecina de Butt, cuenta que la mayoría de la gente de la zona le conocía como Abs. Se había cambiado el nombre hacía un par de años por el de Abu Zeitum. O al menos así se presentaba a la gente, comenta otro de sus vecinos. “Solía darles golosinas a los chavales, casi siempre estaba por aquí. De vez en cuando iba a barbacoas organizadas por algún vecino. Es alucinante saber ahora que era un yihadista. No puedo creer que viviese aquí al lado”, se estremece Avezko junto a la casa donde vivía Butt. El trasiego dentro del edificio, en el que la policía todavía busca pruebas, no cesa.
Mientras, los vecinos observan de reojo y caminan presurosos; muchos con la cabeza gacha. “Es terrible lo que está pasando, es muy malo para un barrio que ya de por sí no nada en la abundancia. No queremos que nos señalen como un foco de terroristas”, lamenta Joe Benjamin, angoleño de 52 años que lleva más de dos décadas en Barking, donde ayer hubo otro arresto relacionado con la investigación sobre los atentados de Londres. “Ahora no puedo dejar de pensar en qué harían en esa casa, a nuestro lado… Es aterrador”, comenta el hombre, padre de seis hijos, que trabaja en una empresa de transportes del barrio. Como a Avezko, le indigna que las autoridades hubiesen tenido bajo el foco a Butt por sus vínculos con el islam radical —además de la denuncia de Gaspari y la de otro vecino, fue filmado en un documental sobre yihadistas británicos— pero le retirasen la vigilancia.
A apenas diez minutos a pie del bloque de pisos de Butt, conocido como Elisabeth Fry, está Jabir bin Zayd Islamic Center, la mezquita que empezó a frecuentar cuando llegó al barrio y de la que le expulsaron por confrontar al imán. Allí, Ahmed, que le conocía de vista, cuenta que Butt era conocido por sus visiones radicales del islam y por animar a los vecinos a no votar en las elecciones. “Yo creo que se cambió de mezquita”, cuenta mientras se quita los zapatos para subir a rezar. En la puerta del centro, construido en un edificio a pocos pasos del mercado del barrio, hay un cartel que cuenta que se le vetó la entrada. Los responsables del centro quieren dejar claro con el documento que Butt no era asiduo y que trabajan ahora con los investigadores para tratar de esclarecer el caso.
Tras la expulsión de la pequeña mezquita junto a su casa, Butt buscó respuestas en otro de los templos del este de Londres, del que también fue expulsado. “Es tristísimo pensar que hemos estado conviviendo con personas así, lo siento muchísimo por las víctimas y por sus familias”, se lamenta frente a la mezquita un vecino que ha acudido a rezar en la pausa del almuerzo. Se muestra preocupado por las consecuencias que va a tener el atentado para la población musulmana del barrio, que es como un pequeño pueblo en el que todos se conocen. “Si la gente empieza a temer a los vecinos, a quienes viven en la puerta de al lado esto se va a desmoronar”, se lamenta.
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