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Decenas de manifestantes detenidos en Rusia, entre ellos el opositor Navalni

Las protestas clamaban contra la corrupción y pedían la dimisión del primer ministro Medvédev



Decenas de miles de ciudadanos salieron el domingo a la calle en Moscú, San Petersburgo, y otras localidades de la amplia geografía rusa, incluidas Novosibirsk, en Siberia, y Vladivostok, en la costa del Pacífico, en respuesta a una convocatoria de protesta contra la corrupción organizada por Alexéi Navalni. Este político, que aspira a competir por la presidencia de Rusia en 2018, fue detenido en la capital, junto con centenares de personas.
Las manifestaciones fueron prohibidas por las autoridades, a pesar de lo cual se celebraron con la participación de numerosos jóvenes, según informaban redes sociales y medios de comunicación rusos desde provincias. A juzgar por estas informaciones y por la manifestación de Moscú, la participación de chicos y chicas en edad escolar fue el rasgo dominante en los “paseos” (tal como fueron rebautizados los actos para esquivar las prohibiciones) que, en su conjunto, formaron la manifestación de protesta de más envergadura de los últimos años en Rusia. En la capital, los manifestantes eran aún más jóvenes que el pasado febrero, en la última marcha dedicada al político de oposición Borís Nemtsov, que fue asesinado junto al Kremlin a fines de febrero de 2015. En cierto modo, las protestas recordaban a las que tuvieron lugar en 2011 y 2012 para protestar contra las irregularidades en las elecciones parlamentarias y presidenciales, respectivamente.
De cara a las presidenciales de 2018, Navalni se presenta a sí mismo como el principal competidor de Vladímir Putin, en el poder real desde 2000. Sobre la posibilidad de Navalni de participar en los comicios reina hoy cierta confusión, porque el político cumple-- en libertad provisional-- una condena por estafa y la legislación rusa prohíbe acudir a las urnas a quienes cumplen condena en la cárcel. En opinión de observadores, existe una ambiguedad deliberada para dar opción al Kremlin a decidir oportunamente (cuando haya calculado la envergadura de la amenaza que supone Navalni) si le deja participar o no contra el candidato oficial, previsiblemente Putin.
El 2 de marzo Navalni difundió en Youtube una investigación dedicada al jefe de Gobierno Dmitri Medvédev. El domingo más de 11,7 millones de personas habían accedido ya a este documento incriminador que acusa al primer ministro de ser el beneficiario de un imperio formado por lujosas mansiones y centenares de hectáreas en diversas zonas de Rusia (las afueras de Moscú, las regiones de Kursk e Ivánovo, las montañas del Cáucaso y las costas del Mar Negro) así como en la Toscana, en Italia. A esto se sumaría, según Navalni, explotaciones agropecuarias, viñedos, y bodegas, además de dos lujosos yates. Un mínimo de 70.000 millones de rublos (cerca de 1.130 millones de euros) en dinero y propiedad habría ido a parar a la red de fondos benéficos, controlada por personas de confianza, sobre la que se sustenta el esquema del que supuestamente se beneficia el primer ministro, quien durante cuatro años (de 2008-2011) sustituyó a Putin en la presidencia.
Las autoridades rusas han calificado de propaganda electoral la última investigación difundida por Navalni (cuyos datos implican la colaboración de fuentes en la misma administración) y han ignorado las graves acusaciones vertidas, al igual que hicieron con anteriores denuncias de Navalni que afectan a altos funcionarios, como el fiscal general Yuri Chaika.
La juventud de los participantes en las manifestaciones del domingo y la extensión geográfica de la convocatoria indica que la politización y el descontento ha llegado ya a las provincias rusas, aunque está por ver aún cuál será en adelante la evolución política y la actitud del régimen, que, para salvar su imagen, podría en última instancia prescindir de Medvédev.
En total, los organizadores de la protesta del domingo pidieron permiso para celebrar manifestaciones en 100 localidades y fueron autorizados en 24 de ellas, según el diario Moskovski Komsomolets. En ciudades como Novosibirk, Perm, Kazán y Nizhni Taguil, los jueces legalizaron las marchas, que habían sido prohibidas por las autoridades locales, informa el citado diario. El poder de convocatoria de los actos varió entre algunos centenares de personas, en Barnaul, en el Altái, hasta varios miles (Vladivostok, Novosibirsk, Samara, Yekaterinburg, Jabárovsk, Irkutsk y San Petersburg, entre otros sitios). En Moscú hubo centenares de detenidos y un policía sufrió una conmoción cerebral, en San Petersburgo y Vladivostok, respectivamente, fueron arrestadas decenas de personas.Además de Navalni, que iba a pasar la noche en comisaría, fueron detenidos también los empleados del Fondo de la Lucha contra la Corrupción (FLC), la organización que el político preside. El centro de negocios donde se encuentra la sede del FLC fue desalojado con el pretexto de que había una amenaza de bomba, según empleados de otras empresas alojadas en él, que esperaban en la calle para continuar con su labor.
En la capital rusa, se realizó un impresionante despliegue de fuerzas de seguridad, que vigilaban además desde helicópteros. Las detenciones tuvieron en muchos casos carácter arbitrario y a las comisarías fueron a parar turistas y simplemente personas que se encontraban casualmente en el lugar de la protesta. Encerrado en un furgón policial enrejado, el corresponsal del canal Dozhd continuaba trabajando y entrevistando a los estudiantes que, como él, habían sido detenidos y se encontraban en el vehículo.Los manifestantes llevaban patos de plástico, en alusión a las aves que pudieron verse en uno de los estanques de las mansiones atribuidas a Medvédev. También había quien portaba un letrero en el que podía leerse: “quiero una casa como la de los patos”. En Moscú, no hubo pancartas, pero en ocasiones los paseantes-manifestantes corearon alusiones a Dmitri Medvédev, (marcando las distancias con una expresión hecha y el diminutivo “Dimón”, en lugar de “Dmitri”) y al presidente del Estado (“Putin ladrón”). Los cuerpos de seguridad fueron abucheados a los gritos de “vergüenza”, “vergüenza”, cuando practicaban detenciones.
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