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Batalla judicial por el balneario de los futbolistas

El dueño de un emblemático hotel de Lugo se querella contra Abanca porque dice que le engañó para arruinarle y quedarse con su monumental complejo por dos millones


Balneario de Guitiriz (Lugo).


Fue la casa de baños medicinales de las familias pudientes del norte de Galicia y últimamente, a sus más de cien años, intentaba rehacer su vida como hotel de concentración de equipos de fútbol, del Dépor al Vilarreal, pasando por el Zaragoza. El balneario de Guitiriz (Lugo), que funcionó como hospital militar durante la Guerra Civil, languidece hoy asfixiado por la deuda bancaria de su propietario, Andrés Conde Medín, que a sus 90 años asegura que es incapaz de gestionar un monumental complejo de 103 habitaciones, tres manantiales de aguas medicinales, un campo de golf, una mezquita construida durante la Guerra Civil para los soldados musulmanes del bando falangista y un jardín botánico.

Este empresario coruñés firmó entre 2010 y 2012 con Novacaixagalicia, la antigua caja de ahorros gallega, varias modificaciones en las condiciones de un préstamo que, según él, le han llevado a la ruina. Un juzgado de A Coruña acaba de admitir a trámite su querella por estafa y administración desleal contra Abanca, el banco en el que se convirtió la entidad tras ser adquirida por Banesco. Él sostiene que la caja se aprovechó de sus mermadas facultades mentales para imponerle unas cláusulas abusivas y quedarse con su abultado patrimonio. Abanca niega que las condiciones de los contratos fueran desmedidas para el momento álgido de la crisis en el que se suscribieron y subraya que se formalizaron ante un notario que, entre otras funciones, debe certificar el “juicio de capacidad” de las partes.

Los 44 trabajadores que quedan en el balneario de Guitiriz, que llegó a tener una plantilla de 70 personas, llevan yendo a trabajar desde navidades sin cobrar ni un euro. La empresa que explota el hotel les debe las pagas extra de junio y diciembre y las nóminas de enero y febrero y la falta de personal para atender el complejo, denuncian, les obliga a trabajar en condiciones muy precarias. Desde el pasado fin de semana realizan paros parciales en señal de protesta y, aunque la huelga impide que el hotel se cierre, las cancelaciones de reservas crecen día a día.
La querella y el incidente de nulidad presentado por la vía civil por Conde Medín han logrado frenar la subasta del balneario, lugar de veraneo del empresario cuando era niño y que se aventuró a comprar en 2003 con la esperanza de resucitarlo tras años cerrado a cal y canto. Su abogado, Guillermo Liaño, sostiene que en esa puja, a falta de otros compradores interesados, Abanca “estaría en disposición” de quedarse con el complejo por solo dos millones, un extremo que el banco niega tajantemente, asegurando que acudiría en las mismas condiciones que cualquier hipotético postor. Una pericial de 2014, elaborada por el administrador concursal después de que el hotel-spa entrase en un concurso de acreedores del que aún no ha salido, valoró el recinto en casi 25 millones.
Conde Medín, accionista mayoritario de la firma que explota el balneario (Balmimesa) y de la sociedad patrimonial Cifisa, suscribió las nuevas condiciones de su préstamo con Novacaixagalicia cuatro años después de que un médico de la Clínica Universitaria de Navarra le diagnosticase Alzheimer y trastorno bipolar. Este informe es una de las pruebas presentadas por su defensa en el juzgado de primera instancia e instrucción número 2 de Betanzos (A Coruña) que investiga el caso y que tomará declaración al empresario el próximo 31 de marzo.
El empresario sostiene que la caja “era plenamente consciente” de su “fragilidad mental y anímica”, que “le impedía conocer el alcance y la trascendencia de los contratos propuestos”. Pese a ello, afirma la querella, la entidad financiera le aconsejó en menos de dos años “cinco negocios jurídicos por millonarias cuantías”, con contratos “ininteligibles” y “de imposible cumplimiento”, que lo abocaban a la “pérdida de todo su patrimonio en favor de la querellada”.
Las modificaciones introducidas en los contratos del querellante entre 2010 y 2012 incluyen, según la denuncia, el “cobro de comisiones no justificadas”, la multiplicación de los intereses de demora o una cláusula suelo del 5,5%. Abanca explica que el cambio en las condiciones se produjo porque el empresario no cumplía con sus obligaciones de pago y defiende que no son en ningún caso excepcionales teniendo en cuenta el momento en el que se firmaron y el riesgo que suponían los impagos anteriores. Desde 2013, añade el banco, Conde Medín no ha abonado ni un euro, ya que en esa fecha su empresa entró en concurso.
El letrado del querellante calcula que el empresario coruñés ha recibido de Abanca 11,6 millones de euros en virtud de varios préstamos hipotecarios y ha pagado hasta ahora 10,2 millones. La deuda que Conde Medín arrastra con el banco todavía se eleva a 7,3 millones.
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