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Marruecos se asoma a la incertidumbre, tras cuatro meses sin Gobierno

Los islamistas del PJD, vencedores de las últimas elecciones, y los partidos más afines al rey no logran formar una coalición


El presidente de Marruecos y secretario general del Partido Justicia y Desarrollo (PJD), durante una conferencia de prensa celebra el 22 de octubre en Salé.rn

La vida discurre por Marruecos con aparente normalidad, como hace cuatro meses, cuando el islamista Partido Justicia y Desarrollo (PJD), y su secretario general, Abdelilá Benkiránganaron por segunda vez consecutiva unas elecciones legislativas. El rey le encargó formar su Ejecutivo, pero Benkirán no ha podido reunir aún la mayoría suficiente para formar ese Gobierno. La prensa más oficialista lo culpa directamente a él. Y la más crítica achaca este vacío a los impedimentos que desde Palacio supuestamente imponen a los islamistas.
Cada semana, el Ministerio del Interior suele anunciar la detención de algún grupo yihadista que preparaba un atentado. La seguridad parece garantizada y la política exterior, que depende plenamente del rey, también. Y cuando es preciso cerrar filas para votar algo vital para el país, como la carta de constitución de la Unión Africana, se consigue nombrar presidente del Parlamento y todos los diputados votan a favor de esa carta. Sin embargo, esa aparente normalidad cada vez presenta más fisuras. Por ejemplo: los 395 diputados del Parlamento que votaron al unísono a favor de integrarse en la Unión Africana, llevaban casi tres meses sin cobrar, a causa de que no se había formado Gobierno y no estaba elegido el presidente de la Cámara.
Hay empresarios, que prefieren mantenerse en el anonimato, que se quejan de la falta de interlocutores válidos para emprender negocios. Otros aseguran que todo sigue igual porque las licitaciones para los grandes proyectos suelen depender de Palacio. Hay proyectos que se retrasan, como la construcción del puerto de aguas profundas de Kenitra, pero no está claro si el retraso se debe a la falta de Ejecutivo o a la falta de financiación. En cualquier caso, los efectos de cuatro meses sin Gobierno electo no solo atañen al terreno económico.
El analista Mustafa El Shimi, cree que por primera vez en la historia de Marruecos se están viendo enfrentadas dos formas de legitimidad: “La monárquica, que es consensual, histórica y religiosa, frente a la legitimidad electoral conseguida por el PJD, que consiguió aumentar el número de votos que ya obtuvo en 2011”. El Shimi sostiene que la incertidumbre económica no data solo de los cuatro meses sin Gobierno electo sino desde que en julio de 2016 se aprobó el calendario electoral. “Ya desde entonces, los inversores no saben a qué atenerse. En octubre de 2016, el Gobierno saliente presentó un proyecto de ley de finanzas. Y desde entonces, ese proyecto está en el aire”.
“El mensaje implícito que se está dando al ciudadano es que no es el pueblo el que decide el Gobierno, sino el Palacio
TAOUFIK BOUACHERINE, DIRECTOR DEL PERIÓDICO AJBAR ALYAWM
El Shimi considera que Marruecos vive un momento de regresión cívica y política, donde “se está haciendo todo lo posible para que el partido que consiguió mayor aprobación electoral, no gobierne otros cinco años”.
Taoufik Bouacherine, director del periódico Ajbar Alyawm [Diario de Hoy], asegura que cuatro meses sin Gobierno electo no solo han causado ya un impacto negativo en lo económico, sino en el plano político. “El mensaje implícito que se está dando al ciudadano es que no es el pueblo el que decide el Gobierno, sino el Palacio. La gente fue a votar pensando que su voto serviría para algo y ahora ve que no sirvió de nada. El hecho de que haya que formar alianzas no debe ser un problema, porque desde que Marruecos obtuvo la independencia en 1956 siempre ha habido Gobiernos de alianza, el sistema electoral no permite las mayorías absolutas. Lo peor de todo es que el sistema político pierde legitimidad ante el pueblo. Marruecos es en una inmensa sala de espera, todo el mundo espera.”.
Hay gente como Toufiq Slimani, periodista marroquí del citado medio, para quien estar sin Gobierno electo en Marruecos no tiene un impacto directo sobre los ciudadanos. “Porque la última palabra en los asuntos decisivos en su vida cotidiana la tiene la monarquía. Ella es la que designa los ministerios de Interior, Exteriores, Asuntos Religiosos y Defensa. Por eso muchos jóvenes no fueron a votar en las últimas elecciones, y ahora sienten que tenían razón, el bloque al Gobierno les está dando la razón. El caso de Marruecos no tiene nada que ver con el de España, donde la existencia de un Gobierno provisional afecta mucho a sus relaciones exteriores”. Slimani considera que si el bloqueo continúa el pueblo marroquí desconfiará aún más del sistema y se terminarán destruyendo los partidos políticos, “que ya están bastante desgastados”.
Respecto a los perjuicios que puede acarrear esta situación, Fouad Abdelmoumni indicó a este diario a título personal y no como responsable de Transparencia Marruecos: “Hay un coste a pagar respecto a los ministros y parlamentarios que llevan meses sin la satisfacción de atender la misión por la que se les paga. Hay muchos costes también en cuanto a sus gabinetes, locales, vehículos y equipos de trabajo. También está el coste de la incapacidad de aprobar leyes, nombramientos, circulares, que cualquier Gobierno toma en respuesta a las necesidades de los ciudadanos y empresas. Pero el coste más pesado y grave, en mi opinión, es el descrédito de las instituciones, de las élites y de los partidos. Todo ello en beneficio del monopolio de la soberanía por la monarquía y sus próximos, al margen de toda legitimidad electoral ni posibilidad de control o de sanción”.
Para Abdelmoumni, el desafío político mayor que afronta Marruecos es el equilibrio que hay que establecer entre soberanía popular y soberanía real. Ese es el factor que subyace, según Abdelmoumni, detrás de estos cuatro meses de Gobierno provisional.

UNA SOCIEDAD DONDE LOS ABSTENCIONISTAS SON MAYORÍA

FRANCISCO PEREGIL
Chiba Ahmed, alto funcionario del ministerio de Finanzas y miembro fundador de la Red Marroquí de Defensa de los Bienes Públicos, sostiene “como ciudadano y activista asociativo”, que la crisis política de Marruecos debería conducir a la “reforma radical de la Constitución de 2011, que fue redactada deprisa, bajo la presión de la primavera árabe marroquí”. “A medio término”, añade Ahmed, no se puede gestionar un país a través de los ministros del Gobierno saliente o mediante el Gabinete Real, porque es preciso aprobar leyes y decretos que ni el Gobierno saliente ni el Palacio tienen competencias constitucionales para hacerlo”.
Ahmed insiste en un punto en el que coinciden todas las fuentes consultadas: la “pérdida de credibilidad” respecto a la política, en una sociedad donde “la tasa de participación efectiva”, en las elecciones “solo rondó el 20%”. Aunque la participación se situó en un 43% de los inscritos en la lista electoral, hay varios millones de marroquíes que ni siquiera quieren inscribirse en las listas, con lo cual, la participación real para diversos analistas apenas llegó al 23%.
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