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España se hastía y se abstiene

El colapso político provoca un estado de pasividad ciudadana y traslada la indignación al peligro de una deserción en las urnas


Mariano Rajoy y Pedro Sánchez en la reunión del pasado mes de agosto.


El colapso de la política española amenaza con provocar una desconexión con la sociedad, hasta el extremo de que la convocatoria de unas elecciones anticipadas arrojaría la participación más baja de la historia contemporánea en unas legislativas. Metroscopia apunta un desplante del 37% del electorado y otros estudios demoscópicos acusan un porcentaje bastante más alto entre los jóvenes e iniciados.

Es la expresión del desengaño. No ya hacia el dogmatismo de las formaciones convencionales (PP, PSOE) en su incapacidad de entenderse, sino en el desencanto que han proporcionado los partidos nuevos. Especialmente Podemos, cuyas ambiciones de representar la indignación en la inercia del 15M se han resentido de un retroceso —un millón de votos menos el 26-J— que se atiene al escepticismo coral del electorado.

"La pasividad de los ciudadanos", explica el profesor Francisco Javier Elzo en su despacho de la Universidad de Deusto, "proviene del hartazgo, del hastío, de la desilusión. Se había creado una gran expectativa con la aparición de las nuevas formaciones, pero han terminado adaptándose a la vieja política. Ciudadanos es un partido de gente bien cuyos votantes no se movilizan, y los votantes de Podemos, mucho más propensos a hacerlo, no tienen claro cuál es la naturaleza política de Pablo Iglesias y asisten estupefactos a las rencillas particulares, a la indefinición y a la velocidad con que se ha ido convirtiendo en un líder tan convencional y ambiguo como los otros".

La participación de los españoles en diciembre de 2015 fue prácticamente idéntica a la del 26 de junio —casi el 70%—, como fueron muy similares los resultados de las fuerzas en concurso. Desde semejantes presupuestos, el sociólogo José Juan Toharia (Metroscopia) considera que la sociedad no incurre tanto en una crisis de pasividad como en un ejercicio de "paciencia encolerizada". Encolerizada porque ha cundido un descrédito general hacia la cerrazón y bloqueo de clase política. Paciencia porque los estudios demoscópicos apuntalan la plena confianza en un sistema pluripartidista. Casi un 70% de los españoles "celebra" la desaparición del bibartidismo.


"Y no parecen aceptarlo el PP ni el PSOE, cuyo pulso tanto obedece a los conflictos personales como a la perseverancia en un sistema político que ya ha caducado. Las urnas les están invitando a percatarse de la novedad. Y no por repetir las elecciones va a poder exhumarse el sistema de antaño. El problema es que la falta de diálogo, de consenso, de entendimiento, engendra en la opinión pública un recelo hacia la clase política que socava su credibilidad en beneficio de una abstención histórica".

Impresiona la resignación de la sociedad española en comparación con las movilizaciones que proliferaron en el embrión del 15-M. La indignación tanto comprendía manifestaciones contra los desahucios y contra los banqueros como suscitaba campañas de sábanas blancas en los balcones. Era la manera de reflejar la oposición a los recortes sanitarios, tan enfática como las movilizaciones estudiantiles que convirtieron al exministro Wert en el gran demonio iconoclasta.

España es uno de los países europeos cuyos ciudadanos más se manifiestan, según Luis Bouza, profesor de Ciencia Política de la Universidad de Salamanca. Casi siempre desde el empuje más o menos sincronizado de los movimientos sociales. Y Podemos formaba parte de ellos antes de adquirir la mutación institucional ¿Cómo se explica entonces la mansedumbre de la situación contemporánea? La evidencia del desengaño y el argumento de la estupefacción paralizante -tres elecciones generales en el plazo de un año recrean un sarcasmo- se añade a la sensación de que la interinidad ha abierto una especie de tregua imprevisible en la sociedad.

La indignación se dispersa en las redes sociales, aunque una manera de canalizarse bastante más concreta puede consistir precisamente en el distanciamiento. El castigo no sería la protesta. El castigo sería una deserción mayúscula en las urnas, más aún si las elecciones, contempladas como un engorro prenavideño, se interpretan como un ejercicio de negligencia de la clase política. Los representados tendrían que resolver en unas terceras elecciones el problema que no han remediado los representantes.

"La impresión", apunta el profesor Elzo, "es que la política y la sociedad forman dos mundos distintos y no relacionados entre sí. Peor aún, cada vez más alejado el uno del otro. Es una mala noticia para la salud de nuestro hábitat, sobre todo porque tarde o temprano nos daremos cuenta de que la interinidad afecta a nuestros bolsillos y a nuestra vida cotidiana. El día en que nos preguntemos cuándo vamos a cobrar nuestra pensión, empezaremos a recapacitar sobre la relevancia de esta crisis política".

España, convienen los sociólogos, ha demostrado suficiente madurez como para amortiguar el desconcierto que han fomentado los partidos políticos, pero resultaría al mismo tiempo frívolo o temerario subestimar el peligro del escepticismo y de la desconfianza. No ya como el caldo de cultivo en la aparición de fenómenos antisistema, también por el riesgo que conlleva una crisis del modelo parlamentario y por el distanciamiento de los votantes más jóvenes. Cuatro de cada diez con derecho a voto -si no más- harán de la abstención el partido más votado.

Y EL HIMNO DE LA INDIGNACIÓN ES DE... LOS MORANCOS
La incertidumbre y la interinidad de la política española han anestesiado a la opinión pública más que soliviantarla. Es verdad que las redes sociales trasladan un debate militante y hasta incendiario, pero sus propios límites -el anonimato, la endogamia, el hooliganismo- demuestran que que no ha cristalizado una movilización. Twitter o Facebook forman parte de la sociedad pero no la representan.

Tampoco la representan Los Morancos, aunque la pareja de cómicos sevillanos ha logrado traspasar el umbral del fenómeno viral con una versión pegadiza de la ya pegadiza "Bicicleta" de Carlos Vives y Shakira. Las visitas en Youtube sobrepasan los seis millones y el estribillo demuestra que no hace falta demasiada sofisticación para incurrir en el despecho demagógico."Y es que esta gente no se entera/¡que eso no es así!/Que unas elecciones ¡cuestan tanto!/Y después lo arreglan con decir 'recorta de aquí', 'recorta de allí".
Fuente_El País
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